La narrativa inconclusa de David Foster Wallace

El Malpensante publica un lúcido y documentado ensayo crítico de Marcel Ventura sobre la narrativa de David Foster Wallace (quien se suicidó en septiembre de 2008), particularmente acerca de su novela póstuma The Pale King, una novela, al parecer, decididamente inconclusa, “…la peor opción para iniciarse en la narrativa de Foster Wallace, pero […] un documento valiosísimo para entender el nivel al que había llegado en sus últimos años”.

Así comienza Marcel Ventura:

Es un escritor de 46 años, ganador de una beca McArthur, conocido por los forenses como David Wallace y por el resto del mundo como David Foster Wallace. Está acostado en una camilla dentro de una ambulancia sin sirena; luce shorts grises, camiseta azul, medias amarillas, zapatos deportivos blancos algo curtidos por el uso. Su hígado marca 33.16 grados; tiene una marca en la parte frontal del cuello. En vida fue autor de las 1.079 páginas de la novela La broma infinita, celebrada por Time, Harper’s, The New York Times, Salon, The New Yorker, Newsweek, premiada con 150.000 dólares por la Fundación Lannan, traducida al alemán, al italiano, al español; biografía ficticia de la familia Incandenza, satírica, histérica, tal vez excesiva como toda su narrativa. En la morge descubren que Foster Wallace pesaba escasos 73 kilogramos para los 183 centímetros de altura que a las 21:28 estaban suspendidos en el jardín trasero de su casa en la 4201 Oak Hollow Road, Claremont, California, el hogar que compartía con sus perros, Warner y Bella, y desde 2004 con su esposa Karen Green, la mujer que había salido a hacer compras y a las 21:32 levantaba el teléfono: 9, 1, 1.

El expediente 06413 de Los Angeles County Coroner asegura que ese hombre caucásico, sin embalsamar y refrigerado nació el 21 de febrero de 1962 en Ithaca, Nueva York, que fue declarado muerto a las 21:43 del 12 de septiembre de 2008, que antes de ese día ya llevaba dos intentos de suicidio –porque incluso en la literatura a la tercera puede ir la vencida–, que durante los últimos meses se había sometido a doce terapias electroconvulsivas; que Nardol1, Klonopin y Restoril fueron parte de una larga lista de antidepresivos incapaces de evitar este momento, que la marca en la garganta tiene un centímetro de profundidad, que se subió a una silla con 41 centímetros de altura, que se ató las manos con cinta de embalaje, que pateó levemente la silla, esa silla, y se regaló una muerte neuronal isquémica2. David Foster Wallace nunca fue amigo de los finales y era de esperar que su propia vida no terminara con un párrafo exhaustivo, ni siquiera con una nota a pie de página.

Su obra puede verse como un gran experimento alrededor de la inconclusión y no deja de ser curioso que esa muerte haya estado hecha de la misma materia. Sin embargo, su novela más reciente plantea una pregunta ambigua; al fin y al cabo, ¿qué significa estar o ser inconcluso? The Pale King fue publicada en el mercado estadounidense el pasado 15 de abril y desde entonces varios críticos han analizado la naturaleza del manuscrito. Se repite la duda de si el libro, fragmentario siempre, puede considerarse una novela y no falta el eterno reclamo de respeto hacia los muertos: si no quiso publicar en vida, por algo será. Ambas premisas son frágiles.

Foster Wallace no creía en la linealidad como un modo verosímil de explicar el mundo y la vida. “Tienes un problema si piensas que es así”, dijo públicamente en varias ocasiones; por eso es común que algunos lectores acusen cierta incontinencia en el estadounidense, firme defensor de las digresiones como dinamizador narrativo. No en vano, siendo amante del cine, insistió en la destreza de David Lynch para hacer con retazos inconexos un retrato de la psicología individual. Metódico y obsesivo, es curioso que su esposa haya encontrado un sobre con la pregunta “For L. B. advance?” en el escritorio donde trabajaba, clara alusión a Little Brown, editorial con la que publicó el grueso de su obra. Adentro, 250 páginas sin orden preestablecido, pero sí el nombre de la novela repitiéndose una y otra vez. Había personajes, anotaciones exhaustivas y fragmentos ya publicados en revistas, de modo que Foster Wallace estaba en alguna medida encaminado hacia eso que publicaron en abril

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