52 muertos en Monterrey. Un reportaje de Sanjuana Martínez

No dejen de leer en La Jornada la colaboración especial de la periodista Sanjuana Martínez sobre el salvaje atentado en Monterrey:

“Ya no puedo, mi reina; no puedo respirar”

“Los dejaron morir allí”, dice Patricia Sáenz llorando. Está sentada en la acera, a escasos metros del casino Royale de Monterrey. Ella pudo salvarse; su esposo, Eduardo Martínez Cavazos, quién sabe. Ambos jugaban en las maquinitas cuando escucharon los gritos: “Ahora si cabrones, ya se los llevó la chingada a todos”. Tiros y estampida: “Empezamos a correr. Íbamos agarrados de la mano, pero se me soltó –dice sin poder contener el llanto–; luego pude comunicarme con él por teléfono y me dijo: ‘Ya no puedo, mi reina; ya no puedo respirar’”.

Un hombre a su lado la interrumpe: “Echaron gasolina y luego empezaron a disparar para que prendiera”. Otra mujer grita desesperada: “Mi mamá, mi mamá está dentro”. Se acerca a los policías y les pide una lista de muertos y heridos. Silencio como respuesta.

Han pasado tres horas desde que un comando armado atacó el casino alrededor de las tres y media de la tarde. Los helicópteros sobrevuelan el lugar, el olor a quemado inunda la zona de Fleteros y San Jerónimo. Las columnas de humo aparecen desde lo lejos. Todo quedó acordonado: desde calzada San Pedro hasta Gonzalitos. Hay decenas de patrullas, vehículos del Ejército, camionetas de policía, ambulancias, camiones de bomberos…

“Yo les gritaba: sáquenlos. Mi esposo se está asfixiando y me dice que le falta aire”, añade Patricia. Su hermana asegura que los policías estaban afuera sin hacer nada, que no actuaron a tiempo, que la tragedia pudo haberse evitado, que no servía la salida de emergencia. Patricia se repone y continúa: “A mí me sacaron por la azotea. Había mucha gente, más de 200 personas. Fue una estampida. Todo mundo corriendo para atrás. No nos dejaron salir por delante. Los pistoleros se repartieron. De repente escuchamos gritos desde el segundo piso ‘acá también hay’, por eso nos subieron al otro edificio. Unos aplastábamos a otros. Nos quedamos sin zapatos. Había gente ensangrentada”.

“Nos salvamos de milagro”

Víctor, de 30 años, estaba jugando cuando los encapuchados entraron: “Estuvo muy feo. Los vi cuando entraron con armas largas, eran muchos, todos encapuchados. No sé si traían uniforme. El susto no me permitió seguir mirando. Se empezaron a escuchar explosiones, luego balazos. Corrimos y nos subimos por la azotea y nos ayudaron a pasar al estacionamiento de Caracol. Y salimos por este lado. Había como 300 personas”.

En el casino los bomberos han controlado el incendio. Hicieron un boquete por la pared y aún están sacando cadáveres y heridos. Primero eran 12, luego 20, después dijeron 28 y finalmente confirmaron: 40 muertos. “Hay escombros y cadáveres abajo, como 25 o 30. Sacamos a una viva”, dice un policía que se acerca para dar información.

El ambiente en el área es de angustia. Hay llantos de mujeres, una se desmaya. Un hombre de 60 años, quien prefiere no dar su nombre, dice sin dejar de fumar: “No hay palabras para describir lo que sucedió. Es una canallada. Mucha gente inocente”. Y remata: “Jamás volveré a un casino”

Les recomiendo también el reportaje de Salvador Camarena publicado en El País.

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