Narrar el duelo

Revista Ñ publica una entrevista con Francisco Goldman a propósito de su novela Say Her Name (Di su nombre), que relata un hecho verdaderamente doloroso, ocurrido el 24 de julio de 2007: la muerte de su esposa Aura Estrada, el “amor de su vida”.

En el otoño de Nueva York del año 2002 el escritor Francisco Goldman –estadounidense, hijo de madre guatemalteca– conoció al amor de su vida. Goldman tenía 47 años y ya era un autor establecido, con dos buenas novelas en su haber: La larga noche de los pollos blancos (1992) y El marinero raso (1997). Su amor, Aura Estrada, de 25 años, era una talentosa mexicana a punto de comenzar un doctorado en literatura hispánica en la Universidad de Columbia con una beca completa. El 24 de julio de 2007, el matrimonio estaba de vacaciones en la playa de Mazunte en México. Ese día, Aura murió cuando una ola le rompió la columna vertebral. La madre de Aura, quien la crió sola (y que nombró a su hija por el personaje de la novela corta, Aura, de Carlos Fuentes) culpó a Goldman por el accidente. El, por su parte, entró en un luto más parecido a un delirio. Construyó, por ejemplo, un altar en su departamento con el vestido de casamiento de Aura como pieza central. Aura, además, estaba haciendo sus primeros pasos como autora. Y era buena. Una colección de sus cuentos póstumos, Mis días en Shanghai, se consigue ahora en Buenos Aires.

El último libro de Goldman, una “novela” titulada Say Her Name (Di su nombre) describe la vida y muerte de Aura. Ha decidido no autorizar los derechos de la traducción al castellano para no lastimar más a la madre de Aura. Goldman estuvo de viaje en Buenos Aires investigando para una crónica del New Yorker. Nos juntamos con él para charlar. La conversación ocurrió de noche en la amplia habitación de su apart-hotel cerca del zoológico y fue en inglés. Goldman tomaba tequila en un vaso grande para agua.

-¿Escribir el libro lo ayudó con su duelo?
-No. El libro fue escrito sin ningún objetivo, salvo que tenía que hacer algo, o si no iba a morirme. ¿Qué iba a hacer? Lo único que sé hacer es escribir. Este libro está escrito en un estado de locura. Fue un dolor de locura. Me diagnosticaron síndrome de estrés postraumático. Tuve episodios psicóticos menores. Y, obviamente, todo estuvo complicado por lo que sucedió con la familia de Aura. Supongo que hubiera sido un duelo muy diferente. Supongo que hubiera sido menos traumático. El libro fue realmente escrito dentro de un estado de locura y por eso tiene la vida que tiene, francamente. También fue un intento de traerla de vuelta, de mantenerla conmigo… el deseo de hacerla vivir sobre estas páginas.

-Se comenta mucho sobre la imagen de su vestido de casamiento.
-Era mi musa. Yo tuve esta idea loca de que si podía llenar ese vestido con palabras, que si encontraba la combinación justa de palabras –era casi cabalístico– que cuando yo volvía a casa ella estaría en ese vestido. Viva. Y obviamente, la cosa más misteriosa del asunto es que no sólo era escupir palabras, pero estaba obsesionado con la forma.

-El libro está cuidadosamente narrado. ¿Cómo logró esto dentro de la locura?
-Dentro de mis huesos, en mis genes, en mi médula: creo en el arte. Sentí que tenía que hacer algo bello para Aura. Y ella era muy exigente. Ella tenía ideas muy rigurosas de qué era aceptable dentro de una narración. Tuve que escribir algo que no fuera sólo yo y mis memorias, si no que fuera algo más creativo. Y que fuera una fusión entre lo que yo pudiera hacer como escritor y también intentando traer la imaginación y la estética de Aura al libro. Entonces pensé el libro como una comunicación con ella. Quise hacer algo que no fuera embarazoso y esperaba que no tracionara nuestras ideas sobre cómo veíamos la escritura.

-¿Se ha imaginado a ella leyendo el libro?
-Todo el libro fue un diálogo con ella. Mientras escribía estuve intentando explicarle qué hice. ¿Soy responsable? [de su muerte] Y preguntándole: ¿Qué hago con tu madre?

-¿Le ayudó resolver esa pregunta?
-No tiene resolución. Pero creo que el gran logro del libro, en cuanto a este tema, fue encontrar la compasión que encontré por su madre. Necesitaba eso. Para mí. Yo no siento enojo con su madre. Cada persona lleva el dolor de la manera en que puede

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