Dossier sobre literatura mexicana actual

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La revista digital Iowa Literaria acaba de publicar un interesante dossier sobre literatura mexicana actual, coordinado por la narradora y periodista Inma Aljaro. Recomiendo que lo revisen y disfruten de una buena entrevista con el escritor mexicano Luigi Amara, en la cual reflexiona sobre diversos temas que le apasionan como el paseo, el aburrimiento, la edición independiente, el ensayo como ficción, la escritura como forma, así como el rol del escritor frente al poder y la violencia.

En este dossier también pueden encontrar fragmentos de las novelas En medio de extrañas víctimas de Daniel Saldaña París y Anatomía de la memoria de Eduardo Ruiz Sosa, un ensayo de Brian Gollnick (en el que se analiza la obra de Yuri Herrera), poemas de Jesús Ramón Ibarra, y dos reseñas de los libros Evangelia y Las tierras arrasadas, firmadas por Irad Nieto e Inma Aljaro, respectivamente.

Les comparto algunos párrafos de la entrevista con el poeta y ensayista Luigi Amara:

Qué fue primero: el escritor o el paseante?

En el principio fue la vagancia. El placer de perderme en las calles como otra forma de conocerlas y hacerlas mías, pero también, en el principio fue la lectura y, más importante, la lectura como una variedad estática de la vagancia. Cuando advertí que podía perderme en las páginas de los libros como en los barrios de una ciudad, intuí que también los pies estaban dispuestos a escribir.

¿Te ocurre como a Montaigne, que decía que si dejaba sus pensamientos sentados, se le dormían?

Hay quienes escriben de pie, desnudos o con horarios estrictos; yo escribo muchas veces caminando. Tengo, por supuesto, una mesa y una computadora para la escritura sedentaria, pero me gusta que los pensamientos vengan a mí a la intemperie, por así decirlo on the road, antes que estar invocándolos y casi tironeándolos en el escritorio. Basta salir a caminar, internarse en el ajetreo o el bullicio de la urbe (o bien en la tranquilidad y silencio del campo) para que acudan a tu cabeza y te atraviesen. El vértigo de la página en blanco es una superstición de lo que en México denominamos “horas/nalga”: el horario como rector del trabajo, ¡incluso de la escritura!

Eres, pues, firme defensor del paseo y de la necesidad de más banquetas en las ciudades, pero, me pregunto, ¿cómo podríamos convencer a una sociedad tan pegada a las pantallas de la importancia de caminar con la mirada puesta en el camino?

El paseo, las banquetas, las calles peatonales, son lugares de encuentro, pistas horizontales para que los cuerpos y las miradas se reconozcan y humanicen. Las pantallas, en contraste, aunque prometan lo opuesto, son lugares de desencuentro, como los automóviles y sus segundos pisos, que instauran dinámicas cotidianas de aislamiento y exclusión. Pasear, no llegar a ningún lado, deambular, no sólo son vías para recuperar las calles; también se recupera con ellas el propio cuerpo y, más decisivo aún, esa parte de nosotros mismos que suele estar eclipsada por la vida práctica, por una fase mental permanentemente económica, por la moral de la utilidad.

¿Cuál es la diferencia entre el peatón y el paseante?

Todos somos peatones —incluso el más recalcitrante automovilista cuando se sube o baja del choche—: es decir, ciudadanos que nos desplazamos por la vía pública gracias a nuestras articulaciones. El paseante, en cambio, es un peatón que no se propone llegar a ninguna parte, pero asimismo alguien para quien, de camino al trabajo, la escuela o a alguna cita, cada paso puede ser un punto de llegada, el pretexto para una desviación. Me encanta aquella frase de Marx, de ese incorregible sedentario que fue Marx, según la cual “el camino forma parte de la verdad tanto como el resultado”. Para el paseante, el camino es una suerte de meta desplegada, un fin en sí mismo que se desenrolla a cada paso.

Entonces, ¿sólo te mantiene encerrado en casa el deseo de experimentar con el aburrimiento, como en La escuela del aburrimiento?

El placer de la deriva es complementario al de estar entre cuatro paredes. Como han escrito los grandes autores del paseo —Stevenson, Walser et al.— la mitad del deleite de vagar consiste en estar de vuelta en casa. Disfruto mucho de la horizontalidad, de estar echado leyendo en una hamaca o simplemente contemplando el techo.

Decía David Foster Wallace en su novela El Rey pálido que si conseguimos “capear” las olas del aburrimiento, sentiremos “un éxtasis constante en todos y cada uno de tus átomos” ¿Te parece exagerado?

Coincido plenamente con la idea de David Foster Wallace. Heidegger decía que tal vez tememos al aburrimiento porque nunca dejamos que crezca plenamente y entonces diga lo que quiere; antes de correr ese riesgo, nos apresuramos a silenciarlo, a conjurarlo con toda clase de distracciones. El aburrimiento puede llegar a ser una experiencia estremecedora, una auténtica sacudida, aunque se verifique, por así decirlo, en cámara lenta. Las horas del aburrimiento son las más intensamente personales, las más formativas; configuran una especie de espejo implacable de nosotros; la cuestión es que casi nadie soporta mirarse a sí mismo durante mucho tiempo, y entonces enciende el televisor, sale de compras o entra a las redes sociales como una forma de evadirse de sí mismo. El temor al aburrimiento no es más que otra cara del temor a uno mismo

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