Seis poemas de Lasse Söderberg

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Caminos

Tengo en la mano un pájaro
y no sé si está vivo:
levedad pasmosa, canto
transmutado en cuerpo fraudulento.

El camino de los escolares era el ala
alzándose en la era de los vientos.
Mas mi camino desciende por el barranco
donde el pájaro cayó inaudible.

El poeta escribe para el viento

¿Para quién escribe el poeta?
Para todo lo errante y sufriente,
para todo lo que es incesantemente abatido,
aniquilado. Para los grises guijarros,
porque son semejantes a los hombres.
Para todos y para nadie.

Cara a cara

Sinceramente, ¿qué haremos con ellas? ¿Qué haremos con esas envolturas elásticas, esos guantes para el cráneo? En cualquier caso la verdad se halla siempre detrás de la cara. Y entonces: ¿de qué nos sirve toda esa laboriosa mascarada?

Defendamos en su lugar la planta del pie, que nadie necesita memorizar, que nadie necesita adorar o despreciar. ¡Defendamos la planta del pie, fisonomía revolcada!

El esqueleto

Está en mí, lo sé, aunque él no diga nada. Pero cuando me siento, se inclina también cómodamente hacia atrás. Cuando corro, se precipita conmigo. Como una sombra interna imita cada uno de mis ademanes. Nunca me abandona y no puedo vivir sin él.

Ciego y demacrado bajo la piel, este servidor de librea me da su apoyo, silenciosamente, pero con una mueca sarcástica que sólo muestra después de la muerte. Es entonces cuando llega su hora, liberado de mí, arpa grotesca en la que toca, con dedos fríos, un agua subterránea.

Estatua

Me quedaré totalmente inmóvil
entre mis dos hombros.
Nadie me saludará.
No saludaré a nadie.

A los muertos podría hacerles señas
o enviarles una carta
firmada: “Su admirador”.
¿Cuál es el importe para la eternidad?

En todas partes acechan teléfonos,
listos a morder como escorpiones.
Cada puerta que se abre
es falaz, carnívora.

A veces quiero vivir olvidado
hasta por mí mismo.
Ni siquiera las moscas me visitarían.
¿Por qué entonces me palpita este maldito corazón?

Señales para Tapiés

(…)

Para hacer un nudo
se necesita una cuerda.

Para colgar la cuerda
se necesita un clavo.

Para balancearse en el espacio
el nudo necesita una garganta.

(Estos poemas, entre muchos otros, fueron publicados en la bella antología poética Lo inconstante (2012, La Otra / Universidad Autónoma de Sinaloa) en la colección Temblor de Cielo)

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