Zona de confluencias

Paz

Buena parte de mi formación literaria no sólo la debo a los muchos libros que me han acompañado desde mi juventud, sino sobre todo a revistas y suplementos culturales. Es una pasión que cultivo con esmero; también un vicio que ha empeorado con el paso de los años. Me gustan las revistas y mi casa está felizmente anegada de ellas. Si la lectura de un libro enciende la conversación, la revista cultural es el espacio colectivo donde rebota el eco de esa conversación. Para muchos de nosotros, como apuntó Thomas Carlyle, la verdadera universidad consistió en la lectura tenaz de un puñado de buenos libros y revistas.

Al menos en México puede decirse que las revistas culturales, por sí mismas, constituyen una tradición literaria vinculada con la aparición de grupos y generaciones de escritores. Uno crece editando, leyendo, combatiendo o despreciando ciertas revistas. Fue el caso del poeta Octavio Paz (Ciudad de México, 1914-1998): un escritor educado y espoleado por esa literatura fugaz de la imaginación y la crítica que han albergado siempre las mejores revistas. Publicaciones como Ulises, Contemporáneos, Examen, Revista de Occidente, Sur, entre otras, forjaron el temperamento del incansable editor, además de creador, en que se convertiría Paz para toda la vida.

Ya en 1931, con 17 años de edad, funda la revista Barandal con un grupo de amigos y ahí comienza a bosquejar su idea de revista. Búsqueda que pasará por Cuadernos del Valle de México (1933), Taller (1938), Plural (1971) y terminará con la prodigiosa Vuelta (1976), publicación que logró reunir en sus páginas a autores de la talla de Cornelius Castoriadis, Milan Kundera, Cioran, Susan Sontag, Isaiah Berlin, Mario Vargas Llosa, por citar unos cuantos.

Según el libro Habitación con retratos. Ensayos sobre la vida de Octavio Paz, tomo 2 (Ediciones Era / CONACULTA, 2015), del escritor Guillermo Sheridan (Ciudad de México, 1950), para Octavio Paz “una revista es la creación de una zona de confluencias”. El lugar en el que diversas soledades creativas, blasfemos aislados, se encuentran, se unen y se cruzan para la invención de otros mundos y la crítica moral, política, de este mundo. Creación crítica y crítica creativa fueron las marcas que buscó dejar en sus publicaciones. El compromiso era con la literatura: invención verbal y lectura imaginativa de la realidad. “No nos avergüenza decir que la literatura es nuestro oficio y nuestra pasión”.

Paz se sabía temperamental: “Fui vehemente, no mezquino; colérico, no rencoroso; excesivo a veces, nunca desleal. Como todos, acerté y me equivoqué”. Hijo de un siglo de guerras y revoluciones, de esperanzas y desencantos, Paz fue además de creador un persistente polemista en el ágora de los diarios y revistas. De joven creyó en el anarquismo y en el socialismo, para más tarde, con la caída del llamado socialismo real, abrazar la democracia. Lo que provocó duras críticas desde la izquierda y atizó en el poeta ese temple de rival en el campo de las ideas que mucho benefició, estimo, a los lectores.

Los ensayos reunidos en este segundo volumen se acercan a la vida de Octavio Paz a través de una lectura meticulosa de su poesía y ensayística. Y al revés: sus poemas se leen también bajo la luz que sobre ellos arroja una vida cimbrada por el siglo XX.

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