¿Todos somos bipolares?

bipolar

Darian Leader. Estrictamente bipolar, Editorial Sexto Piso, primera edición, España, 2015, 99 pp.

“Si el periodo de posguerra fue denominado ‘era de la ansiedad’, y las décadas de 1980 y 1990 ‘era de los antidepresivos’, ahora vivimos en tiempos bipolares”, afirma el psicoanalista inglés Darian Leader en su lúcido ensayo Estrictamente bipolar, el cuarto libro que publica la editorial Sexto Piso luego de La moda negra. Duelo, melancolía y depresión (2011), ¿Qué es la locura? (2013) y El robo de la Mona Lisa (2014). Nuestra época está marcada por esta nueva categoría. La pregunta no es ya si uno es bipolar, sino qué tipo de bipolaridad se padece. Las enfermedades mentales parecen caminar y desarrollarse junto con la historia. Cada momento histórico produce distintos desequilibrios psíquicos.

La sociedad de consumo, la modernidad líquida, el neoliberalismo transnacional, el mercado global del trabajo, los valores de la empresa capitalista, la mercantilización de la vida humana, etcétera, exigen de nosotros energía inagotable, juventud, éxito, felicidad a toda costa, productividad incesante y jornadas largas de trabajo para poder adquirir, una y otra vez, mercancías innecesarias. “La confianza, la euforia y la energía que caracterizan a las fases iniciales del episodio maníaco parecen encajar bien con las exhortaciones al éxito, la productividad y el intenso compromiso que exigen ahora los negocios.” Lo que antes la psiquiatría clásica consideraba un ataque maníaco (euforia desmedida, exagerada vitalidad, locuacidad desbordada, confianza casi ciega en las posibilidades de desarrollo personal, megalomanía, por mencionar algunas) ahora la sociedad contemporánea lo estima como el modelo a seguir, “…de hecho se enseña a los ejecutivos a manejar el punto álgido maníaco para aumentar las ventas y la productividad.” Al ser humano lo han convertido en un recurso humano, con todas las consecuencias que ello trae.

Según Darian Leader, los diagnósticos de bipolaridad se han disparado. Se dice que afecta a entre 10% y 15 % de la población, cuando el trastorno maníaco-depresivo clásico se daba en el 1 %. ¿A qué se debe el incremento en las estadísticas? Una de las explicaciones reside en que se ha venido ampliando la definición de bipolaridad (un categoría de por sí más vaga y confusa que el trastorno maníaco-depresivo), poniendo el énfasis en los cambios del estado de ánimo (subidas y bajadas), hasta que un gran número de personas cuya vida simplemente refleja las exigencias de la vida contemporánea ha terminado por ser diagnosticado como bipolar.

Por un lado estamos condenados a ser entusiastas, emprendedores, exitosos, comprometidos y a invertir en cada proyecto toda nuestra energía; por el otro lado, esa agitación, ese ímpetu no puede sostenerse por tanto tiempo, así que llega el agotamiento, la frustración y la tristeza (en un contexto social en el que esas palabras están prohibidas). Se nos demanda vivir a un ritmo vertiginoso (como en estado maníaco) pero en algún momento caeremos en cierta depresión. A esos altibajos que van en paralelo a la dinámica de la sociedad actual, un psiquiatra irresponsable los diagnosticará como trastorno bipolar, siempre de la mano de la industria farmacéutica interesada en fabricar enfermedades y medicinas instantáneas para curarlas.

Quienes apuestan únicamente por la medicación (médicos e industria), no están interesados en escuchar la historia del paciente, lo cual requiere tiempo, paciencia y disposición para una escucha atenta. Antes que entrar y explorar en el pasado del paciente, en su dimensión histórica personal, ésta se anula y se recetan medicinas para “aliviar” el sufrimiento psíquico que ahora llaman bipolaridad. Se ataca la consecuencia y no la causa del trastorno. “En vez de preguntar si alguna medicación mitiga los pensamientos desenfrenados o la agitación desesperada, debemos preguntar cuáles son realmente esos pensamientos y cómo han llegado a abrumar a esa persona […] Mientras las drogas tienen por objetivo controlar y manejar la conducta, el enfoque analítico aspira a comprenderla.” Darian Leader, como psicoanalista freudiano que es, propone en este libro situar al sujeto en su contexto histórico y escucharlo, ayudarle a entender el origen de su malestar, no borrarlo, en principio, con las medicinas y con esa ambigua categoría de la bipolaridad. Si se diagnosticara con precisión y responsabilidad clínicas, quizás habría menos bipolares.

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