Un perfil de Oliver Sacks en la revista etiqueta negra

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La revista etiqueta negra compartió hace dos días en su sitio web un extraordinario y extenso perfil de Oliver Sacks a cargo del también periodista y escritor científico Steve Silberman. Los invito a leer y gozar “Una inmersión en la mente del Dr. Sacks”:

En los últimos tiempos, Oliver Sacks ha su visión analítica hacia el interior de su propio ser, después de estudiar durante cuatro décadas las mentes de personas con desórdenes mentales como el autismo, el síndrome de Tourette, la pérdida de propiocepción y el repentino ataque de ceguera del color. Sus historias sobre las fronteras de la mente, traducidas a veintiún idiomas, le han valido una lectoría en todo el mundo. Sacks ha recibido el Premio Lewis Thomas, otorgado por la Universidad Rockefeller a científicos que han conseguido logros significativos en el campo de la literatura, y sus agudas observaciones han sido acogidas por un espectro más amplio de medios de comunicación y artísticos que los que haya alcanzado cualquier otro escritor médico contemporáneo. Su libro Despertares sirvió de inspiración para una obra teatral de Harold Pinter y para la película de 1990 en la que actuaron Robin Williams y Robert De Niro. Un capítulo de su libro Un antropólogo en Marte también recibió en el 2000 la atención de Hollywood y se convirtió en la película A primera vista. Su primer best-seller, El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, se ha convertido en una obra de un solo acto, una ópera y una producción de teatro en francés interpretada por Peter Brook. Y es fácil entender por qué los directores de cine se arrebatan los derechos para escenificar las historias de sus pacientes. Al visitar la casa de un profesor de música afectado por una enfermedad mental, Oliver Sacks sacó de su bolso la partitura de Schumann, Dichterliebe, tomó asiento frente al piano mientras su paciente cantaba, y descubrió así que la desordenada mente del profesor se hacía fluida y coherente mientras duraba la música. En la era de consultas médicas de dos minutos, ese tipo de historias tienen un obvio encanto humano. Menos obvio resulta, sin embargo, la manera en que los métodos de Sacks a las corrientes que tienen cien años de prácticas médicas. Al contar las historias de sus pacientes, Sacks transformó el género de los informes de casos clínicos dándoles un giro de adentro hacia afuera. La meta de las historias de casos tradicionales era arribar a un diagnóstico. Para Sacks, el diagnóstico casi no viene al caso y es, más bien, una suerte de preámbulo o un pensamiento tardío. Ya que muchos de los casos presentados por él son incurables, la fuerza que mueve sus relatos no es la carrera en busca de un remedio, sino la lucha de cada paciente por conservar su identidad en un mundo cambiado por sus desórdenes.

En las historias de casos clínicos de Sacks, el héroe no es el médico, ni siquiera la medicina propiamente dicha. Sus héroes son los pacientes que aprendieron a sacar ventaja de alguna capacidad innata para poder crecer y adaptarse dentro del caos de sus caóticas mentes: la persona con el síndrome de Tourette que se convirtió en cirujano, el pintor que perdió la visión del color pero encontró una identidad estética más fuerte incluso trabajando en blanco y negro. Con el dominio de nuevas habilidades, estos pacientes se hicieron más completos todavía, individuos que se volvieron más poderosos que cuando estaban «bien».

Al devolverle a la narrativa un lugar central en las prácticas médicas, Sacks ha logrado que su profesión vuelva de nuevo a sus raíces: antes que la ciencia de la medicina se considerara a sí misma una ciencia, la médula del arte de la curación era el intercambio de historias. El paciente relataba al doctor una confusa odisea de síntomas, que el médico interpretaba y reconstruía convirtiendo el relato en pautas para un tratamiento determinado. La compilación detallada de historias de casos clínicos ha sido considerada como herramienta indispensable para los médicos desde las épocas de Hipócrates. Cayó en desuso en el siglo XX, y las pruebas de laboratorio reemplazaron a la observación, que requería demasiado tiempo, de modo que las evidencia «anecdóticas» fueron descartadas por una información más generalizada, y las visitas a las casa de los pacientes cobraron una pintoresca obsolescencia.

Nuestra concepción del cerebro ha seguido un curso paralelo hacia los modelos mecanicistas de la enfermedad y la curación. Desde que en el siglo XIX se descubriera que las lesiones del hemisferio izquierdo de la corteza cerebral causaban deficiencias características en el habla, el cerebro ha sido concebido como una compleja máquina construida de partes especializadas y precisas. Mientras la mente –el fantasma dentro de esta máquina- era un valioso objeto de estudio para filósofos y psicoterapeutas, el trabajo particular de los neurólogos consistía en trazar una suerte de mapa de los circuitos que mantenían el aparato en funcionamiento y en imaginar qué partes deberían ser reparadas si el sistema colapsaba.

Hasta la década pasada, la opinión prevaleciente entre los neurólogos no había evolucionado mucho más allá de la antigua idea de que las huellas de la experiencia quedan fijadas como imágenes precisas en la corteza, de la misma manera en que un sello dejaría su impresión sobre la cera blanda, tal como había descrito Platón. En años reciente, sin embargo, los avances en la ciencia cognoscitiva sugieren que los recuerdos aparecen al mismo tiempo en múltiples áreas de la corteza, como una red de historias ricamente interconectada más que como archivo de expedientes estáticos. Estos relatos subliminales moldean la percepción de manera real y están afectados a la retranscripción, de la misma forma en la que una vez el cerebro de Sacks modificó el recuerdo de una dramática carta que la había escrito su hermano convirtiéndolo en la imagen de una bomba que creía haber visto él de niño.

En sus libros, Sacks ya había anticipado estas modificaciones que ocurren en la mente, y que de ser decodificador pasivo y fantasmal del estímulo pasan a convertirse en un participante interactivo, adaptable y permanente innovador en la creación de nuestro mundo. Ahora Sacks ha volcado sus instrumentos de curación sobre su propia persona. Tanto en Uncle Tungsten: Memories of a Chemical Boyhood, como en su último libro, Oaxaca Journal (el recuerdo de una expedición para encontrar helechos en México), la psiquis que examina es la suya.

Continuar aquí la lectura.

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One Response to Un perfil de Oliver Sacks en la revista etiqueta negra

  1. terapiadeparejadf says:

    Sacks, es un referente en la formación de muchos especialistas que como nosotr@s, lo recordamos gratamente y lo leemos continuamente con devoción y gusto. Entre nuestro equipo, contamos con vari@s terapeutas versad@s en el tema. Visitenos y contactenos en: http://www.terapiadepareja-df.com.mx

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