Una charla con Frontal sobre crítica literaria

escritores críticos

Frontal, la gaceta digital de crítica literaria que dirigen Roberto Bolaños Godoy e Ismael Lares, un espacio que les recomiendo visitar, me invitó a participar en una entrevista para reflexionar sobre las perspectivas de la crítica mexicana. Les comparto un fragmento del diálogo:

Hace poco, en Frontal, publicamos un ensayo de Héctor Iván González sobre Pasado en claro, en el que el autor mencionaba que Octavio Paz no era ni el mejor ni el más importante de la literatura mexicana, pero sí el más trascendente (por la amplitud de su influencia). Lo retomo, por lo siguiente: a propósito del centenario de Paz, ¿cuál o cuáles deberían ser las formas o enfoques para leerlo críticamente hoy? ¿Es posible abordar a Paz y valorar su legado sin el filtro o el prejuicio ideológico? ¿O sería una manera ingenua de hacerlo? ¿Qué opinas con respecto de este juicio sobre que «no es ni el mejor ni el más importante poeta, pero sí el más trascendente»?

Estoy de acuerdo con lo que sostiene Héctor Iván. Si Octavio Paz no es el mejor poeta de la literatura mexicana, su obra sí es la que ha cobrado mayor impacto o trascendencia, y esto debido a que es el resultado de un diálogo increíblemente amplio, no siempre terso, con diversas tradiciones literarias como la mexicana, francesa, inglesa, norteamericana y oriental, así como con distintas expresiones estéticas: poesía, ensayo, pintura, escultura, etcétera. Paz no sólo escribió poemas sino que teorizó sobre poesía y su relación con el lenguaje, la sociedad, la historia. Participó en los más álgidos debates literarios y políticos de las diferentes décadas que vivió, a través de revistas literarias que, por sí mismas, implicaron intervenciones importantes en el campo de la cultura. El poeta asimiló varias tradiciones literarias; lo hizo siempre de una manera crítica y consiguió expresar una voz original, con unidad, tanto en la poesía como en la reflexión poética. No puede decirse que haya sido un pensador político original, aunque fue un animado polemista. En ese sentido, dada la vastedad de sus intereses, lecturas, diálogos y creaciones, no es equivocado afirmar que Octavio Paz es el poeta mexicano más trascendente.

Entonces, si Paz, quien aprendió de T.S. Eliot, fue un lector conscientemente crítico de las tradiciones, lo mejor que podemos hacer con él es leerlo críticamente, asimilarlo, interrogarlo, poner en jaque su conservadurismo (donde lo haya) no con prejuicios ideológicos pero sí desde las nuevas corrientes de ideas, tanto estéticas como filosóficas. Lo que no hace honor al poeta es el ensordecedor coro de elogios.

¿El debate literario es solamente estético o debería suponer una postura política? ¿Cómo afecta la militancia ideológica en la recepción de la literatura? ¿Son los binomios Paz-Revueltas y Paz-Huerta paradigmas sin solución para la crítica mexicana?

El debate literario rara vez es solamente estético, o nunca. Detrás de las disputas literarias siempre hay posturas o percepciones políticas, individuales o de grupo. Hasta la posición más esteticista es ya una declaración política frente a otra de la que se disiente, por ejemplo la del escritor comprometido o al servicio de la revolución. Polemizar acerca de cuál es la función de la literatura, el lugar del escritor frente al poder, la ética del artista, la vigencia de una tradición, etcétera, supone ya definiciones políticas; y el crítico literario también las tiene. Lo cual no significa que una obra literaria deba leerse, únicamente, desde la militancia ideológica del crítico, o no debería de ser así. Por más repugnancia ideológica que cause a un crítico la biografía comunista de Revueltas, debe ser capaz de valorar la calidad literaria que encierra la obra misma por encima de sus preferencias políticas. Aun cuando la narrativa de Revueltas, en algunos casos, sea de contenido político o social, el autor tuvo el cuidado de poner su escritura, de una manera sorprendentemente intensa, al servicio de la literatura. Puede decirse lo mismo de la poesía de Octavio Paz.

A partir de tu experiencia con la publicación periódica de crítica en revistas literarias y suplementos, ¿qué opinas sobre la distinción artificial que tanto tiempo existió sobre la crítica periodística y la crítica académica (ambas mutuamente escindidas y ninguneadas) y con respecto a los recientes atisbos de conciliación que comienzan a verse, sobre todo por el contacto con la crítica norteamericana?

Pienso que ambas críticas cumplen funciones distintas y se mueven en ámbitos muy diferentes. La crítica literaria que se escribe para revistas y suplementos culturales (la que yo he practicado) está dirigida, sobre todo, a lectores con cierta cultura general y literaria, pero que no necesariamente son lectores especializados en literatura. Esto demanda de los críticos una escritura clara, directa, sin muchos tecnicismos, a veces con estrategias narrativas, y siempre, desde mi punto de vista, una escritura ensayística (creativa y a la vez crítica) que culmine, o de la cual se desprenda, un juicio sobre el libro reseñado. Y todo ello debe realizarse en espacios reducidos a una, dos o tres cuartillas, según lo determine la revista, el diario o el suplemento en que el crítico colabore, y en un tiempo de un mes o una semana.

La periodicidad y la extensión de este tipo de crítica literaria puede generar (no siempre ocurre así) textos un tanto ligeros, superficiales y de juicios apresurados, pero también creo, me consta, que la buena crítica periodística estimula la conversación literaria del día a día entre los lectores comunes de diarios y revistas y los acerca a los libros. Por esta razón es lamentable la desaparición constante de secciones de libros y suplementos culturales de los periódicos, pues muchas veces estos son los sitios en que se encuentran, por primera vez, libros y lectores.

Si alguien quiere profundizar en algún autor, una época o una corriente literaria, la crítica que se hace en la academia puede resultar de mayor ayuda, ya que ésta genera sus textos en otras condiciones de tiempo, espacio y hasta economía. Por lo mismo suele abarcar y sopesar la obra entera de un autor y emitir juicios con mayor reflexión. No sólo los lectores comunes sino los propios reseñistas pueden aprender bastante de los libros de crítica que publican las universidades.

Porque considero que ambas críticas se practican en circunstancias muy diferentes, siempre me ha parecido estéril el debate sobre su rivalidad. Como vicioso lector de diarios, revistas y suplementos, valoro mucho la aportación que la crítica literaria periodística hace respecto a la conversación literaria y la circulación de libros. Al mismo tiempo respeto, y cuando tengo acceso leo, la crítica literaria que se produce en la academia. Una y otra, pienso, deben y pueden estar en diálogo constante, como se ha intentado exitosamente en una revista como The New York Review of Books.

La entrevista completa aquí.

About Irad Nieto

About me?
This entry was posted in Crítica literaria, Entrevista. Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s