Emmanuel Carballo. Diario Público. 1966-1968

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A finales de 2006 tuve la oportunidad de conocer al destacado crítico literario mexicano Emmanuel Carballo, fallecido apenas el pasado domingo 20 de abril, con motivo de la presentación en Sinaloa de su libro Diario Público. En aquella fecha escribí esta nota que les comparto:

El libro de Emmanuel Carballo Diario Público (CONACULTA, 2005), que obtuvo el Premio Mazatlán de Literatura 2006, reúne aquellas colaboraciones que aparecieron en Excélsior, en la sección “Diorama de la Cultura”, de 1966 a 1968. En ellas hay trozos de experiencias íntimas, testimonios, anotaciones, anhelos, desencantos, política, pero sobre todo literatura. Es un diario abierto al público, aunque personal como todos, en el que su autor busca comunicar y compartir sus lecturas, leerlas en voz alta, y que con esa conversación aprendamos todos.

Escribir un diario público a los treinta y siete años me parece un hecho literario innovador y generoso de un crítico como Emmanuel Carballo. Innovador porque exhibió con valentía y estilo el México de las componendas que no sólo existía en el sistema político, sino también en “la alegre vida literaria”. Generoso, porque siendo un escritor enterado y culto, valiéndose del periodismo, enseñó a leer a muchos jóvenes y no tan jóvenes exponiendo los mapas de sus lecturas. Con la aparición de su Diario Público en 1966, Emmanuel Carballo representó, junto a Daniel Cosío Villegas, a nuestro primer abogado real, en ejercicio, del derecho a la información. Ambos, uno en la literatura y el otro en la política, abonaron el camino de la crítica directa, penetrante, clara e irreverente. Incómodos pero necesarios.

“La palabra que engloba a mi Diario…“, dice Carballo en una entrevista, “es confrontar, para que el mexicano aprenda a dialogar, a pensar y hablar públicamente”. Y sí, en estas páginas hay mucha confrontación de ideas, dialéctica y a veces pugilato sabroso. Lo cual debiera agradecerse. Pues también la disputa enriquece a la literatura. Sin embargo, y por eso el crítico suele perder amistades, ocurre que en México no se tolera la crítica. Quien confronta las opiniones o la creación artística de otro, es visto como pendenciero y traidor. En el país de la unidad nacional el crítico es el apóstata del consenso, el iconoclasta de un país que se vanagloria de sus espejos institucionales. Basta leer las expresiones del escritor Fernando del Paso contra Emmanuel Carballo, quien se atrevió a criticar su novela José Trigo, y no la designó, ni a ninguna otra, para concursar por el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos en 1966, del que Carballo formaba parte como miembro del jurado nacional de México. A pesar del tono del novelista, Carballo no cae en el juego. Educado en la argumentación, la respuesta del crítico al novelista es elegante y juiciosa. Con paciencia, deshilvana los cuestionamientos sin andarse por las ramas.

El juicio y la buena prosa es lo que nos guía por cada una de las páginas de este Diario Público. Decía Emerson que el “fin de la elocuencia es alterar en un discurso de dos horas o quizá de media hora las convicciones y las costumbres de los años”. En este sentido, la prosa de Carballo es bastante elocuente, que no retórica, pues remueve y cuestiona los malos hábitos de ciertas lecturas, así como las deficientes apreciaciones críticas de los aficionados. Si el orador quiere volcarnos a la acción, el crítico elocuente quiere volcarnos al entendimiento de una obra de arte. Con consistencia teórica, y sin olvidar que escribe literatura, Carballo estudia, y nos lee, Pedro Páramo, El llano en llamas, Cien años de soledad, Los recuerdos del porvenir, Farabeuf, por sólo citar algunos ejemplos. Carballo entra con seguridad en la realidad estética de la obra y su estilo conversacional de ensayista hace que el lector camine con él.

Las páginas de Diario Público pueden ser útiles para refutar un mito atribuido a Carballo, aquél del ogro, pródigo en amargura, que socava la autoestima de jóvenes escritores y arruina la carrera de quienes se sentían ya dentro del canon literario. Si acaso, el crítico lesiona lo más sensible de un escritor: su vanidad, no su carrera. Que nadie culpe a otro de su fracaso. El Emmanuel Carballo de este libro no sólo no ignoró a los jóvenes, sino que cuando aún nadie hablaba de su literatura, él dedicó sus mejores horas para aplaudir y defender la ruptura generacional que significaron las novelas Gazapo (1965) de Gustavo Sainz y De perfil (1966) de José Agustín. “De perfil”, llegó a escribir, “me fulminó, y si he de ser ingenuamente sincero tendré que decir que es la novela mexicana más importante que he leído después de La región más transparente de Carlos Fuentes”.

Carballo, a diferencia de muchos pedantes profesores, se emociona cuando habla de los jóvenes o cuando charla directamente con ellos. Las experiencias que nos relata de sus encuentros con los jóvenes en Monterrey, Puebla, Guadalajara o Culiacán, dan testimonio incontestable de ello. En febrero de 1968, según cuenta Emmanuel Carballo, fue a la ciudad de Culiacán, invitado por el Consejo Estudiantil de la Universidad Autónoma de Sinaloa para participar en los festejos del día del estudiante. Eran aquellos tiempos lejanos en los que la Universidad constituía el ámbito natural para leer, discutir, pensar y participar. Entre las cosas positivas de su visita a Culiacán, Carballo destacó la actitud de los estudiantes: “franca, irrespetuosa, combativa, intransigente”.

No quiero dejar de mencionar un tema importante que atraviesa los tres años de este libro. Si para la generación de Octavio Paz la Guerra Civil española fue definitoria en su compromiso político e intelectual, para la generación de Emmanuel Carballo la Revolución cubana fue el comienzo de una gran esperanza en el hombre nuevo y en una sociedad con justicia. Ahora que es políticamente incorrecto hablar de socialismo, marxismo o de Cuba, hubiera sido muy fácil para el autor mutilar de este Diario… todo lo concerniente a sus simpatías por la Revolución cubana. Sin embargo, Carballo, entonces presidente del Instituto Mexicano-Cubano de Relaciones Culturales y miembro del Consejo de Colaboración de la revista Casa de las Américas, no tiene de que avergonzarse. Su literatura y su crítica literaria, aunque no fueron indolentes con la realidad política, nunca estuvieron comprometidas del todo con las ideologías o sus facciones. El socialismo libertario y, sin duda, su amor por la literatura, lo hicieron reacio finalmente al coro de la nomenklatura soviética.

Como muchos hombres de cultura, tuvo una sincera esperanza en mejorar las condiciones sociales y culturales de su país por el camino revolucionario que se gestaba en Cuba. Pero como pocos, Mario Vargas Llosa entre ellos, supo distinguir a tiempo la paulatina derrota del socialismo por una burocracia de partido. “En España, escribiría años después Carballo, perdió el bando que apoyaba a la República; en Cuba simplemente perdió el socialismo”. A pesar de la decepción y la tristeza que sobrevinieron después de tanta alegría, nuestro autor reconoce a Fidel Castro como el hombre más inteligente que ha conocido y a Cuba por su contribución a los derechos sociales.

Para la generación de Emmanuel Carballo, y la que le sucedía, faltaba todavía una experiencia histórica más terrible, la del dos de octubre. El escritor y su compañera Neus llegaron temprano a la plaza de Tlatelolco y se sentaron en primera fila para oír los predecibles discursos de los líderes estudiantiles. Nuevamente, Carballo relata el contagio inmediato que sintió por el entusiasmo de aquellos jóvenes. La noche era hermosa, pero más hermosas le parecieron al escritor las luces de bengala que arrojó un helicóptero que les sobrevolaba. Era la señal. Comenzaron los balazos y también a caer los cuerpos muertos. Algunos pudieron escapar de aquella trampa, otros, muchos, no. “El gobierno de Díaz Ordaz”, escribió Carballo en su Diario…, “viniese o no a cuento, fue directo, implacable, vengativo y sanguinario. Sordo y ciego, impidió el ejercicio del diálogo”. Así terminó la noche del dos de octubre: “Una de las más infames del siglo XX”.

Los diarios, las memorias y las autobiografías no sólo ayudan a comprender la vida de muchos escritores, contribuyen también a iluminar una época. En Diario Público están la literatura, la filosofía, la política, los valores estéticos, las preocupaciones, los amigos y los amores de toda una época: la del crítico literario Emmanuel Carballo. Protagonista privilegiado de la literatura mexicana. Hombre de vasta cultura. Hombre de letras y un ameno francotirador de ideas.

***

Para conocer un poco más sobre Emmanuel Carballo les dejo este video sobre su vida:

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2 Responses to Emmanuel Carballo. Diario Público. 1966-1968

  1. Julian J says:

    Te felicito mucho, Irad. Escribiste una estupenda semblanza sobre el genial Emmanuel Carballo, un agraciado con el don más raro de la literatura, el de la palabra exacta.

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