Para releer a Augusto Monterroso

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No recuerdo cómo llegué a la literatura de Augusto Monterroso (Tegucigalpa, Honduras, 1921- Ciudad de México, 2003), pero sí el inmediato placer estético que me provocó su prosa. Debí encontrarme con sus Obras completas y otros cuentos (1959) y con La palabra mágica (1983) para descubrir una obra literaria muy original, placentera por su inteligencia, imaginación y sentido del humor; dueña de una escritura reiteradamente breve, precisa, sutil, elíptica, exacta, contundente y afilada con certeras dosis de ironía. Los textos de Monterroso son difíciles de clasificar. Sus relatos pueden parecer ensayos, fábulas, homenajes, pensamientos, sátiras y viceversa. Es capaz también de reducir un cuento o una reflexión a un brevísimo aforismo o un microrrelato: “Hoy me siento bien, un Balzac; estoy terminando esta línea”, “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”, “El verdadero escritor no deja nunca de escribir; cuando deja de hacerlo dice que lo pospone. En estas proposiciones puede pasársele la vida”. O escribir este palíndromo utilizando el nombre de cariño (Tito) con que lo llamaban sus amigos: “Acá sólo Tito lo saca”.

Augusto Monterroso es, junto con Jorge Luis Borges, Juan José Arreola y Julio Cortázar, uno de los más grandes exponentes del relato breve, en el que suele condensar humor, aguda invención y un eficaz sentido de la sorpresa. Confesó que hubiera querido ser el autor de largos textos, de esos en los que poco tiene que hacer la imaginación y que casi se escriben solos: “…el escritor de brevedades nada anhela más en el mundo que escribir interminablemente largos textos, largos textos en que la imaginación no tenga que trabajar, en que hechos, cosas, animales y hombres se crucen, se busquen o se huyan, vivan, convivan, se amen o derramen libremente su sangre sin sujeción al punto y coma, al punto. A ese punto que en este instante me ha sido impuesto por algo más fuerte que yo, que respeto y que odio.”

Promotor de talleres literarios, traductor, activista político, diplomático, pero sobre todo artista de la prosa y la observación de la naturaleza humana, Augusto Monterroso nació en Honduras y luego se mudó a Guatemala, donde pasaría su infancia y juventud. En 1944, huyendo de Guatemala por su participación activa en el derrocamiento del dictador Jorge Ubico Castañeda, llegó a México como exiliado político y se estableció en este país, en el que escribiría su muy particular obra literaria. Si en literatura se formó de manera autodidacta leyendo y releyendo a los clásicos, de quienes abrevó precisión y elegancia en el estilo, en política lo formó el contexto en que creció: “El medio y la época en que me formé, la Guatemala de los últimos treinta y los primeros cuarenta, del dictador Jorge Ubico y sus catorce años de despotismo no ilustrado, y de la Segunda Guerra Mundial, contribuyeron sin duda a que actualmente piense como pienso y responda al momento presente en la forma que lo hago”.

Las fábulas y cuentos de Monterroso, escépticos, desencantados y siempre llenos de humor, revelan una profunda conciencia crítica, que sin embargo se expresa con sutileza y sorprendente economía de palabras. “El humorismo, escribe nuestro fabulador, es el realismo llevado a sus últimas consecuencias. Excepto mucha literatura humorística, todo lo que hace el hombre es risible o humorístico (…) Dijo Eduardo Torres: ‘El hombre no se conforma con ser el animal más estúpido de la Creación; encima se permite el lujo de ser el único ridículo’”.

Ya he confesado en otro lugar que por razones desconocidas para mí me fascinan los libros que compilan textos tan disímiles, pero bien escritos, como ensayos, cuentos, aforismos, prólogos, homenajes, epílogos, poemas, confesiones autobiográficas y hasta diatribas venenosas. Por eso me dio gusto encontrar El paraíso imperfecto. Antología tímida, libro que reúne 73 textos de los más representativos, entre ensayos y relatos, del gran escritor Augusto Monterroso. Antología que sería imperdonable perderse, queridos lectores.

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2 Responses to Para releer a Augusto Monterroso

  1. Confieso mi ignorancia respecto a Monterroso. Siempre he sido atraído por nuestros grandes escritores latinoamericanos: Borges, Cortázar, Paz, Arreola, y muchos más…pero nunca he leido a Augusto. Con tus comentarios acerca de él me doy cuenta de esta grave falta y me han entrado ganas de leerlo, ¡gracias por tu sugerencia!

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