Hacer el amor y quedarse dormida

Revista Ñ publica el siguiente texto del poeta Fabio Morábito en el que ofrece una perspectiva distinta de un hecho que puede ser o no, según las circunstancias, ordinario:

Quedarse dormida

Una amiga me contó que en una ocasión se quedó dormida en brazos de un chico mientras hacían el amor, cosa que el chico tomó como una afrenta y no volvieron a verse nunca más. Estaba agotada, me dijo mi amiga, y de repente, tendida sobre su cuerpo, se me cerraron los ojos. Le dije que, de haber sido yo el chico, habría tomado aquello como un halago y no una afrenta, pues no se duerme uno en brazos de cualquiera. Argumenté que ella había depositado en él una confianza absoluta, como un bebé en sus padres, y el chico, de haber sido más inteligente, lo habría apreciado en todo su valor. Pero hacíamos el amor, dijo mi amiga, que se sentía culpable. Hacer el amor tampoco es cosa del otro mundo, repuse yo, y afirmé que a través del sueño ella le había entregado su intimidad más profundamente a que si lo hubiera hecho por la vía tradicional del orgasmo. Mi amiga me miró con gratitud, pero no se veía convencida. Eres víctima de las convenciones, le dije, y ella replicó: “Puede ser, pero a ver, tú que escribes libros, suponte que una mujer que te gusta va a tu casa y tú le das a leer un libro tuyo mientras te metes a la regadera, y cuando sales del baño la mujer está dormida en el sofá con tu libro abierto en las manos. ¿Te gustaría?” Me quedé callado un rato recreando la escena y luego dije: “Sí, me gustaría, o no me disgustaría, sería como si se hubiera dormido en mis brazos”. “¡Sí, pero del aburrimiento!”, replicó ella al bote pronto. Volví a quedarme callado. “Vale, del aburrimiento, ¿y qué? Un libro tiene el derecho de aburrir a su lector. Hay páginas soporíferas en ‘La montaña mágica’, y es un gran libro.” “Pero tu libro no es una novela de 700 páginas, sino un delgado volumen de cuentos”, contraatacó ella. “No importa. El adormecimiento, como quiera que sea, crea un vínculo. El libro descansa sobre el pecho del durmiente, aguarda con paciencia su regreso, deja de ser una abstracción”, dije yo. Me miró escéptica. “Ojalá me hubiera dormido en tus brazos, eres un santo”, dijo. “Me habría encantado”, repuse.

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One Response to Hacer el amor y quedarse dormida

  1. Li says:

    Excelente texto…!! Siempre hay algo donde el equilibrio aparece y uno se siente bien…

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