Alejandro Rossi. Una lectura de Armando González Torres

Armando González Torres escribió un ensayo que, a pesar de su brevedad, alcanza a comentar y reflexionar acerca de la obra de un escritor al que siempre regreso para disfrutar de su prosa vivaz y su inteligencia: Alejandro Rossi (1932-2009). Un narrador y ensayista que muestra en sus piezas una sensibilidad por el detalle y una mirada renovada sobre lo trivial; un filósofo de lo cotidiano, amante de las historias y un apasionado del lenguaje. Armando González aporta esta reflexión:

Proveniente de un amplia mezcla de herencias culturales y experiencias intelectuales, el escritor Alejandro Rossi (1932) practica una escritura sin género fijo, pero con conciencia de sí misma, deleitable y precisa a la vez; una escritura que engarza los motivos filosóficos y narrativos, la autobiografía y la ficción; una escritura asumida como un instrumento crítico que “investiga” la realidad, propone y duda al mismo tiempo y aspira a percibir, en los detalles más ínfimos, la afluencia o la fuga del mundo. Las Obras reunidas de Rossi recogen la narrativa y el ensayo literario, aunque no su libro de ensayos filosóficos Lenguaje y significado, y restituyen casi íntegramente una conversación exigente que comienza en el Manual del distraído, libro de tono y talante insólito en su tiempo; prosigue con Un café con Gorrondona, sátira-homenaje a las pasiones y vocaciones literarias; adquiere un giro en La fábula de las regiones un volumen de relatos que recupera una geografía literaria y personal y culmina, hasta ahora, con Cartas credenciales.

Manual del distraído es un libro de sereno y sonriente, que contiene varios libros: el memorial de la infancia y adolescencia; los homenajes y perfiles de amigos y maestros; las especulaciones sobre lo cotidiano y, en mucha menor medida, los textos de ocasión política. Llama la atención el memorialista que revela su intimidad poco a poco, como suelen hacer esas amistades forjadas en la delicadeza de las buenas maneras: con reposada nostalgia y humor, sin patetismos ni grandilocuencias que esbocen al elegido o intenten apuntalar la figura pública, Rossi evoca la infancia itinerante, los enigmas y miedos, las pequeñas fechorías, los deseos y esperanzas iniciales. De ahí, Rossi transita a relatos y ensayos de índole variopinta que deambulan libremente por los motivos más graves o triviales. Hay homenajes a maestros (José Gaos) retratos de colegas excéntricos (Jorge Portilla), o instantáneas patéticas (el conde Alessandri) que sólo una intuición y una inteligencia entrenadas en el detalle pueden atrapar. No están ausentes las escaramuzas políticas (el análisis sobre la caída de Allende o sobre el inevitable caso Solyenitzin), las efemérides y otros motivos que hoy parecen un tanto envejecidos. Pero lo más importante es el tono, pues en los años 70, cuando el ensayo estaba marcado por las urgencias políticas y el más áspero debate civil, debió haber sido inusitada y un tanto irritante la incursión en el género que hacía Rossi, quien se daba espacio para jugar, improvisar y brindarle a la prosa ensayística un ritmo distinto. Porque el distraído acelera o retrasa su reloj; se abstrae de lo que es apremiante para los demás, observa otros planos de realidad y descubre, en lo que parece trivial, un detalle significativo que revela o, mejor, destruye una certeza.

En Un café con Gorrondona algunos personajes que ya se asomaban tímidamente en el Manual… fundan una comunidad sutil y delirante de devotos de la literatura, como Gorrondona, el santón literario, hinchado de resentimiento, que con solemne lucidez predica la religión del fracaso; Jaime Leñada, el escritor esforzado y crédulo que se fascina por una literatura mimética y gaseosa y la propio voz narrativa que expone sus reservas y antipatías o sus excéntricos experimentos literarios (“el lenguaje en acción”, “la literatura sin sujeto”). Rossi describe con sarcasmo el teatro de las pasiones, las formas de civilidad e incivilidad que se forjan alrededor del café, de los círculos artísticos, de los magisterios y discipulados, de los pomposos rituales literarios y recrea algunos de los dilemas más caros a la creación artística, como la tentación del silencio, el llamado de la fama o la filia por la novedad. Pero este libro no sólo es una burla, sino también un homenaje a la vocación literaria, pues esos personajes, un tanto obtusos y pedantes, esas vidas que giran en torno a una frase imaginada, una cita ajena o una pulla, no dejan de conmover por su fervor y entrega a la religión del arte.

La fábula de las regiones es una asimilación peculiar de la narrativa de caudillos, caciques y patriarcas aclimatada en Hispanoamérica. Las regiones de Rossi, húmedas y laberínticas, son esa proliferación vegetal, fluvial y pasional, en la que se funden de manera caprichosa, los conceptos de naturaleza, historia, patria y pasión y que impone su densidad salvaje y primigenia a los discursos civilizadores. Rossi recrea una naturaleza abrumadora; se interna en los resortes psicológicos de la violencia y el fanatismo; aborda la superposición artificial del derecho y la política sobre las costumbres y aborda la historia como una simple invención adecuada a las circunstancias. Así, los viejos guerreros de La fábula… expulsados o deformados por la historia oficial, atormentados por sus achaques o en plena agonía, buscan reiterar su versión y restituir su verdad. A diferencia de sus anteriores libros, donde Rossi casi inventa géneros, en este conjunto de relatos alude a un paisaje (la selva, los llanos, las montañas), a un habla (la de Rómulo Gallegos o García Márquez) y a un dilema (civilización vs. barbarie) que han sido profundamente fructíferos, pero también agotados por la mercantilización y la politización. Por supuesto, los propósitos y la hechura de Rossi son distintos y en este libro hay mucho de parodia y ejercicio de estilo; sin embargo, el peso de los estereotipos permanece y quizá haya que esperar una mayor perspectiva histórica para apreciar este homenaje deliberada e inteligentemente anacrónico. De cualquier manera, ante el reto de rejuvenecer tonos y tópicos no es logro menor que Rossi genere parábolas políticas conmovedoras (El cielo de Sotero) o historias de amor asombrosas y desoladoras (El brillo de Orión).

Cartas credenciales vuelve al ensayo, aunque quien escribe ya no es el distraído genial que colecciona miniaturas y paradojas, sino el intelectual reconocido que debe pronunciar discursos, celebrar conmemoraciones y escribir prólogos y catálogos. ¿Cómo hace Rossi para convertir el testimonio de la vida social de un escritor en un libro vivo y cercano? Ciertamente, el origen de estos textos es menos espontáneo, aunque no menguan ni la soltura ni la voluntad de precisión. Este conjunto de ensayos (desde su esbozo de autobiografía intelectual hasta su ensayo sobre Ortega y Gasset pasando por los textos sobre Nuño o González de León), deviene, en sus mejores momentos, en un álbum de familia, en el que Rossi reconoce sus afinidades electivas y presenta a sus lectores un mapa intelectual y afectivo, que probablemente ha sido su más sólido asidero en una vida transcurrida en permanente tránsito. Destaca en la hechura del libro una sensibilidad alerta y entusiasta, una cacería del lugar común y del sentimiento tópico y una conciencia de que intentar ser veraz y honesto resulta un imperativo en cualquier relación regida por la inteligencia

About Irad Nieto

About me?
This entry was posted in Blogs, Ensayo, Libros. Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s