Una fábula del amor puro (virtual)

Revista Ñ comparte el brevísimo relato de Sergio Olguín, descaradamente actual, acerca de una historia de amor.

Al principio pensó que ella era japonesa. Por el nombre, Timoko, y porque en su avatar tenía un dibujo de manga. Pero no, había nacido en Islandia y vivía en Copenhague. Después, cuando se hicieron amigos, descubrió que tenía los ojos rasgados y practicaba el budismo, así que no se había equivocado tanto cuando la imaginó en un departamento minúsculo del centro de Tokio.

Se habían conocido en un foro donde se colgaban subtítulos de series y películas. Timoko traducía al danés y él, al castellano. En realidad, en un subforo de dudas de palabras en inglés. El conocía bien el slang, así que se la pasaba explicando términos a sus colegas. Se hicieron amigos.

Se enviaban mensajes por Facebook, por el foro, por mails y por Skype. Cada vez con más frecuencia. Un día se conectaron a la webcam y estuvieron hablando hasta que amaneció en Copenhague. Otro se desnudaron y tuvieron sexo, cada uno en su habitación. Se acostumbraron a dejar la webcam prendida aunque no charlaran. Sólo para verse. A veces él desayunaba junto a ella, que a esa hora almorzaba. O pasaban toda la tarde en silencio traduciendo. El sacaba la vista del Subtitle Workshop y la veía a Timoko con sus anteojos puestos, la espalda encorvada, concentrada en una línea de diálogo.

Cuando él salía, se conectaba con su iphone, y le hacía un plano panorámico del bar en el que estaba para que ella lo viera. Cada tanto, ella lo llevaba a una plaza de Copenhague donde los cerezos se deshojan en otoño. Iban a cumpleaños y a casamientos juntos. Los amigos de él la conocían, y los de ella, a él.

Dos años más tarde, Timoko viajó por trabajo a Río de Janeiro. El se tomó un avión y se encontraron. Estuvieron una semana juntos y fue como estar con alguien que se conoce desde siempre. Incluso la piel, los olores, la presión de un cuerpo sobre otro eran como si ya los hubieran vivido esos años.

Al regreso, cada uno siguió con su rutina. Timoko reemplazó su avatar manga por una foto de ellos dos en Río. El cambió el wallpaper y puso una foto de ella en la playa, mirando el amanecer. Pensaban casarse algún día.

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