Redes sociales e inferencias

La politóloga Isabel Gil, dejando en claro la importancia e influencia de las redes sociales en una democracia, concluye en un artículo para el Blog de la Redacción de nexos que resulta imposible, equivocado, hacer generalizaciones de tipo político o cultural a partir de lo que acontece en ellas. Espejismo en el que muchos caen. Por ahora, las redes sociales no constituyen una muestra representativa de la sociedad mexicana por dos razones, según la autora: primero, porque “presentan un importante sesgo de edad (siendo usadas mayoritariamente por jóvenes) además de que para estar conectado a éstas es necesario el acceso a internet lo que implica también un sesgo socioeconómico y sociodemográfico”. Por lo tanto, para la autora es impreciso generalizar lo que ocurre en las redes y es falaz sostener que reflejan la realidad electoral mexicana.

Por supuesto, ya comenzaron las críticas al texto de Gil, y también se puede leer la respuesta de Antonio Martínez Velázquez, experto en estos temas.

Va el texto de Isabel Gil:

A menos de 40 días de las elecciones parecería que se respira política. Las pláticas de café y las discusiones se centran, más que en cualquier otro momento, en temas de campaña, en cuestionamientos de por quién votar y por qué votar por una u otra de las opciones que se nos presentan a los mexicanos. Las calles están tapizadas de propaganda/basura, la radio y la televisión nos inundan con spots y noticias relacionadas con los candidatos, sus campañas, sus compinches, sus aciertos y sus metidas de pata; las casas encuestadoras y los periódicos dan semana tras semana cifras de las tendencias que presentan los simulacros de votación realizados por cada una de éstas y en las redes sociales se publica cada segundo información, notas periodísticas, fotos, videos, testimonios y opiniones en torno al tema nacional: la elección del próximo primero de julio.

En la próxima elección votarán cerca de 50 millones de mexicanos. La lista nominal del IFE cuenta con casi 80 millones de ciudadanos registrados (77,288,655)[1] de los cuales, de acuerdo con el mismo organismo, votará cerca del 60%, es decir, alrededor de 46,373,193 mexicanos. En el año 2006, con un padrón de poco más de 71 millones de ciudadanos la participación fue de 58.55% lo que quiere decir que votaron casi 42 millones de mexicanos. Para esta elección hay entonces poco más de 4 millones de nuevos votantes.

Sería difícil -y hasta absurdo- argumentar que la información obstaculiza la democracia, parecería lógico valorar como mejor una decisión más informada, discutida y analizada: y que las redes sociales así como los medios tradicionales de comunicación parecen ser los responsables de esta tarea. De acuerdo al más reciente estudio realizado por GAUSSC la decisión de por quién votar está determinada en primer lugar por lo que se lee, ve o escucha de analistas políticos en periódicos radio o televisión (27%) y lo que dicen los anuncios de las campañas en radio y TV(27%); seguido por la costumbre, 15%, la opinión de familiares, amigos y colegas de trabajo (18%) y por último el 3% menciona lo que sucede y se dice en las redes sociales. [2]

Poco más de un tercio de los mexicanos, 36%, pertenecen a una red social. Para este sector, las redes sociales se han convertido en foro de debate, plaza pública virtual, medio de información y herramienta de convocatoria y organización. Sin embargo, las virtudes de la información rápida -hasta en tiempo real- y las pocas limitaciones que estas redes presentan a la libre expresión y al contraste de opiniones son sólo una cara de esta nueva opción informativa y de comunicación. Las redes sociales presentan limitaciones claras e importantes. En primer lugar, alrededor de tres cuartos de la población en México no cuenta con acceso a internet,[3] quedando fuera de esta nueva era de la información y la conectividad virtual de las redes sociales. Además, 36% de los mexicanos dicen sentirse excluidos de esta era, entre ellos los de niveles socioeconómicos más bajos y grupos de mayor edad. México, de acuerdo con la información del Pew Research Center, se encuentra por debajo de la mayor parte de los países desarrollados en uso de internet y de redes sociales, ocupando el lugar 16 debajo de Japón y sólo por encima de Líbano, Indonesia, Kenia, Pakistán e India.[4] Estas cifras ayudan a poner en contexto algunos de los datos y afirmaciones recientemente publicados en las redes sociales y utilizadas por muchos como referencia para votar o sustentar sus argumentos en la discusión electoral mexicana.

Sin restar importancia a las redes sociales como foro de discusión y organización, como espacio abierto a la crítica y a la libre expresión, las cifras antes mencionadas reflejan la imposibilidad de hablar de éstas como una muestra representativa de la población mexicana; resulta imposible hacer generalizaciones a partir de lo que sucede en estas redes, lo que ahí se opina, el ambiente virtual que crean y por supuesto, las encuestas realizadas en éstas.

Uno de los conceptos fundamentales de la estadística básica es la inferencia. La inferencia se refiere a la posibilidad de argumentar que lo que sucede en una muestra puede generalizarse a la población, es decir, se puede inferir que como actúa un pequeño grupo actuará la población total. Para que esto sea posible, la muestra debe ser representativa del universo a estudiar, convirtiendo el proceso de muestreo en una parte fundamental del quehacer estadístico. Las redes sociales no son una muestra representativa de la población mexicana, entre otras cosas porque presentan un importante sesgo de edad (siendo usadas mayoritariamente por jóvenes) además de que para estar conectado a éstas es necesario el acceso a internet lo que implica también un sesgo socioeconómico y socio demográfico. Es por esto que inferir que una encuesta realizada en redes sociales, o el ánimo que se respira en Twitter y Facebook, así como las simulaciones de votación y las críticas y apoyos a candidatos “x” o “y” representan una fotografía de la realidad electoral mexicana como un todo resulta falaz

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