Justicia poética, una nota de Armando González Torres

A propósito del Premio Príncipe de Asturias de Humanidades que recibió la filósofa Martha Nussbaum, Armando González Torres escribe en Laberinto un comentario sobre un libro excelente (que por desgracia presté y no regresó) de esta autora: Justicia poética, en el que se propone tender puentes entre la imaginación literaria y el discurso público. Apunta González Torres:

Martha Nussbaum, Premio Príncipe de Asturias de Humanidades, es una mujer de bello rostro y formas elegantes, pero, sobre todo, es una mente filosófica desbordante que incide en temas que van desde la filosofía clásica hasta las políticas públicas contemporáneas. Justicia poética (Andrés Bello, 1995) es un libro en el que la pensadora llama a restituir el enlace entre deliberación racional e imaginación literaria. Para la autora, la literatura resulta escasamente considerada en la deliberación filosófica, política, económica y jurídica pues, por un lado, se le asigna una función meramente recreativa y, por el otro, la segmentación académica limita su integración. Con todo, la imaginación literaria, como una forma de enfatizar la irreductibilidad del individuo y suscitar empatía, puede contribuir a elucidar temas que van desde la lógica jurídica hasta la justicia distributiva. Para Nussbaum la literatura (básicamente la tradición angloamericana de novela realista) reivindica la complejidad de la persona, pues tiende a revelar aspectos de la realidad desconocidos para muchos y a plantear las tensiones entre individuo y sociedad, entre biografía personal e historia, entre deseos íntimos y normas colectivas. De ahí la posibilidad de identificación emocional y moral y la posibilidad de inferir, en lo literario, muy distintas potencialidades de desdicha o realización humana y muy distintas pautas de evolución ética. La literatura también enriquece las nociones de individualidad y motivación e ilumina la vida interior de seres radicalmente distintos y, con ello, contribuye a desmantelar el prejuicio uniformador. Por supuesto, Nussbaum no aconseja que la literatura sustituya la parte técnica y normativa de una deliberación, pero si llama a cotejar la deliberación racional y la teoría filosófica, jurídica o económica con la emoción y la intuición moral que emana de la literatura.
Porque, para Nussbaum, la imaginación literaria es un contrapeso a los utilitarismos extremos y a su propensión a medir y uniformar sin poner atención en las personas concretas. Dichos utilitarismos predominan tanto en las ciencias sociales como en la definición de las políticas públicas contemporáneas. El problema es que, al deshumanizar mediante la abstracción y la simplificación de las aspiraciones individuales, se niega el reconocimiento, respeto y justicia que todo individuo merece. Por eso, contra la convención que llama a desterrar las emociones de las deliberaciones filosóficas, económicas o jurídicas, Nussbaum insiste en integrarlas creativamente, pues éstas proporcionan información indispensable para entender el concepto mismo de moral y, por ejemplo, es muy difícil emprender un análisis jurídico sin apelar a los sentimientos de indignación o piedad que suscita un acto. Así pues: “Dotada de imaginación la razón se vuelve benéfica, guiada por una visión generosa de sus objetos; sin su caridad, la razón es fría y cruel”.

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