Entrevista con Norman Manea

“La ideología nazi fue más honesta que la ideología comunista. Dijeron lo que querían hacer e hicieron lo que prometían. Los comunistas prometieron mucho y no cumplieron, además de perseguir gente. Es una historia difícil, pero así es el ser humano”, considera el gran escritor rumano Norman Manea, quien fue llevado a un campo de concentración a los siete años y sobrevivió casi de milagro; hoy vive en los Estados Unidos. Ñ lo entrevistó:

Hagamos el intento imposible de condensar una vida abigarrada, tan en sintonía con la violencia del siglo XX. Nacido en Rumania en 1936, Norman Manea fue deportado a campos de concentración con apenas siete años, y sobrevivió de milagro, aunque muchos de su familia no tuvieron esa fortuna. En 1986 dejó su país, tierra yerma y convulsionada, para pasar el resto de su vida en los Estados Unidos.

El regreso del húligan, su mejor libro, es un fresco total del siglo pasado, novela-río donde la historia personal se cruza con la narración de los avatares europeos. En toda su obra está, fatalmente, su vida: la intensidad de lo que le tocó vivir no podía sustraerse del papel, y en su caso es posible que la literatura haya funcionado como un medio para racionalizar y encontrarle explicaciones textuales a un siglo que a algunos les mostró su costado violento. De esto hablamos en su visita a Buenos Aires, mientras unos jóvenes alemanes, hipsters de festival de cine, lo seguían a todos lados con una cámara, con la idea de capturar aunque sea algo de la historia viva.

-Publicó sus primeros textos en la Rumania de finales de los sesenta. ¿Cómo accedió a editar por primera vez?
-Mi debut literario fue promovido por un importante poeta rumano, que era comunista y disidente, y era considerado por todos como el gran descubridor de talentos literarios. En el 66, cuando empezó una especie de apertura política, una “liberalización” en toda Europa del Este, que después fracasó pero empezó con gran esperanza, este poeta lanzó una pequeña revista avant-garde , de sólo cuatro páginas, pero cuatro páginas muy intensas para todos nosotros, que duró seis numeros hasta que fue censurada. Sólo seis números le bastaron, sin embargo, para publicar a autores desconocidos, inéditos, que hoy son los nombres más fuertes de la literatura rumana. En ese grupo estaba yo.

-Sigamos. Después de una década completa publicando y viviendo en Rumania, llegan los años ochenta y su exilio a Nueva York. ¿Por qué eligió Estados Unidos?
-Nunca elegí nada. Nunca elegí Norteamerica. El tema del idioma era importante: manejo algo de francés y de alemán, pero no me podía imaginar qué iba a hacer un escritor rumano desconocido en esos países. Pero Estados Unidos, por otra parte, me asustaba, y ahora después de 20 años me asusta todavía más. Busqué entonces becas o invitaciones por todos lados, y apareció la beca Fullbright por diez meses, en Washington. Estados Unidos apareció solo. Yo pensaba que me iba a volver rápidamente a Europa, pero pasó el tiempo, pasó el tiempo… y allí sigo.

-¿Pudo irse con su biblioteca?
-Nunca viviste en dictaduras de Europa del Este, ¿no? Nos íbamos con lo puesto, quizás con una pequeña valija. Yo no sé cómo fue exactamente la dictadura argentina, aunque sé que fue muy dura, pero el otro día hablaba con un poeta portugués y comparábamos su dictadura con la de lo países del Este, y no hay punto de contacto. Por lo pronto, la propiedad privada había desaparecido, así que no teníamos bibliotecas. Todos los años teníamos que pasar un examen ante la policía para que nos permitieran quedarnos, un año más, con nuestra máquina de escribir. Te hacían escribir dos páginas de cualquier cosa, sólo como una prueba de impresión y luego cotejaban, con los manifiestos que habían circulado ese año, si por el tipo de letra y tinta esos textos habían salido de tu máquina. Si era así, te la sacaban.

-¿Se sintió aliviado cuando pisó Estados Unidos?
-Me sentí como un sordomudo, no sabía inglés, no entendía, no me podía expresar, estaba confundido y fascinado; de pronto todo era tan inmenso, y habían tantas opciones… me sentí liberado y perdido, diría.

-¿Y la distancia alteró de algún modo su escritura?
-Sí, creo que sí. Por lo pronto está la cuestión del lenguaje. El lenguaje está vivo, es dinámico, no es estático, gana y pierde elementos todo el tiempo. Yo de pronto ya no estaba en contacto con la lengua rumana, y perdí un poco esa actualización. Hay muchas dificultades a la hora de escribir desde el exilio. Para muchos escritores fue una especie de suicidio literario

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