Contra el periodismo cultural

De nueva cuenta viene a mí una idea de Juan Villoro. La vida, dice el autor, está hecha de malentendidos: “los solteros y los casados se envidian por razones tristemente imaginarias. Lo mismo ocurre con escritores y periodistas”. El escritor de ficción envidia las energías que el reportero absorbe de la realidad y la manera en que es reconocido por meseros, políticos y gente de la calle, incluso admira su clásico chaleco de corresponsal de guerra, sus libretas… Por su lado, el periodista envidia la supuesta libertad del escritor, la ausencia de presiones, el imaginado prestigio, el aura y la independencia de los molestos jefes de redacción.

Quizá la diferencia esencial entre escritores y periodistas, lo saben quienes colaboran en diarios y revistas, son las condiciones en que se genera la escritura de cada uno de ellos. “Una crónica lograda es literatura bajo presión”, dice una frase ya canónica de Juan Villoro. La crónica es literatura que trabaja con recursos de la narrativa, el teatro, la autobiografía y el ensayo, no para alejarse de los hechos y arroparse en la ficción, sino para contar historias reales con mucha mayor vivacidad y verosimilitud, para otorgar a los personajes involucrados intensidad dramática, para reproducir situaciones y contextos que nos hagan sentir a los lectores como si estuviéramos ahí, justo en el momento en que ocurren los hechos. Y mucho de esto puede aplicarse al reportaje como género periodístico que incluye la investigación.

Sin embargo, buena parte de las notas, crónicas o reportajes culturales que leemos en la prensa, sobre todo en provincia, dista mucho de lo que debería ser el objetivo del periodista: informar a los lectores, de manera clara, del contenido de un evento cultural, de lo que ahí ocurre; relatarnos una historia (con un mínimo de recursos literarios); llevarnos, acercarnos al lugar, a la atmósfera en la que se desarrollaron los acontecimientos de la cultura. Los reporteros se limitan a registrar, sin ganas, sin atención (porque a muchos no les concierne la cultura o porque deben correr a cubrir otro evento), sin oficio, algunos aspectos del acto al que asistieron porque debían llevar una nota a la redacción del periódico. En ocasiones graban, pescan frases aisladas, toman alguna foto, escriben con prisa, pero no están pensando en el lector de mañana o pasado mañana, sino en el reporte que deben entregar antes del cierre de la edición. Lo importante es cumplir, no informar ni contar una buena historia. Si algo hacen (no digo todos, sí una mayoría) tremendamente bien, es escribir mal. Escriben como ministerios públicos o mecanógrafos de una oficina gubernamental: sin pensar. No se toman en serio la redacción. Sus dedos avanzan más rápido que su pensamiento. “Es que se me va la idea”, dicen. El problema es que no hay idea, sino escritura mecánica, deshilvanada: burocrática.

A principios de diciembre de 2005, cuando debutaba yo en las presentaciones de libros gracias a la invitación de un buen amigo, recuerdo haber preparado un comentario crítico, un ensayo de cinco cuartillas para hablar, como se merecía, del libro. Fue un texto que me costó escribir. Leí mucho, hice notas, pensé la forma y el contenido y lo escribí. En esas cinco hojas argumenté a favor de aquel libro. Pero cometí un pecado (lo admito) que el periodista cultural que cubrió la presentación no me perdonó. Escribí y dije, entre decenas de afirmaciones, una muletilla: “es un escritor que toma al toro por los cuernos”. Al siguiente día, la “crónica”, el “reportaje” en el periódico decía (además de la hora y el lugar en el que se verificó el acto): “Irad Nieto afirmó que fulano de tal ‘es un escritor que toma al toro por los cuernos’”. Y nada más. El reportero no mentía; tampoco contextualizaba y así desinformaba. Yo había aseverado eso, pero había dicho mucho más (¡cinco cuartillas!) sobre la obra. El periodista cultural nunca estuvo atento, pensando en los lectores, sino apenas en balbucear una nota para sacar la chamba de la tarde. Los lectores se quedaron esperando una buena crónica. En otra ocasión relaté que en la casa de mis padres (donde ya no vivo), ayer como hoy, no había ni hay libros. Pero el reportero escuchó o interpretó: “En mi casa, hasta la fecha, no hay libros”. De un plumazo borró los cientos de libros que invaden, impunemente, mi hogar. No es un problema de veracidad: es falta de oficio, falta de lectura, pereza y mala escritura. Las notas culturales suelen ser ramplonas, olvidables, desinformadas y superficiales porque no están pensadas para servir y atrapar al lector, sino para llenar el espacio de los espectáculos y las soft news.

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2 Responses to Contra el periodismo cultural

  1. Daniela Paz says:

    Hola Irad, leyendo ésto concuerdo contigo en la mayoría de situaciones que relatas (son muy similares en mi país) pero mi pregunta es: ¿que propones para solucionarlo? ¿crees que exista algo que podamos hacer para remediar o suavizar un poco éste tema en el periodismo cultural?
    Saludos

    • Irad Nieto says:

      Hola, Daniela:

      El problema es complejo porque implica todo un contexto cultural, social y mediático, así como la responsabilidad y compromiso del periodista. Si a los editores de los diarios y de las secciones de cultura les interesara en verdad la formación de un público, más allá de los espectáculos y las “soft news”, ofrecerían a sus lectores buenos artículos, crónicas y reportajes que alentaran la conversación cultural y una mirada crítica. Esto cuesta dinero, pero no es el principal problema según lo he visto, sino el desinterés, cuando no el desprecio por los temas que se apartan de la farándula política y la nota policiaca. Por esta misma indolencia, los diarios suelen contratar a periodistas improvisados que desdeñan la escritura y las artes (por la mismas razones pasan años y años en las secciones culturales publicando notas malísimas, sin deseos de colmar esa laguna), redactores que sólo “cumplen” con un trabajo.

      Mientras los periodistas y los medios sean apáticos e irresponsables respecto de su labor en el mundo de la cultura, poco puede hacerse.

      Saludos!!

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