“Un escritor de verdad tiene problemas de autoestima”

En el blog Vano oficio, del escritor peruano Iván Thays, encuentro esta reflexión llena de verdades sobre algunos males que padecen los escritores:

En un excelente texto [“Escritores con ingresos modestos”], la escritora croata Dubravka Ugresic ha diagnosticado a los escritores: son seres que sufren de autoestima baja. ¿Dicen por ahí que tenemos egos revueltos? Pues no. Yo diría más bien egos disueltos. Ugresic lo explica así: “Cuando un escritor no está seguro de serlo (y los escritores de verdad nunca lo están) su sentido de la profesión no puede ser real. Así pues ¿cómo pueden cobrar esos escritores por sus esfuerzos literarios? (…) Un escritor de verdad tiene problemas de autoestima, vive permanentemente consumido por la duda, aunque haya sido reconocido públicamente (…) Una persona con la autoestima baja es como un saco de boxeador a disposición de cualquiera; el primero que pase por ahí puede encajarle un puñetazo. Un escritor de verdad se siente culpable y cree que lo que hace no tiene importancia ni utilidad, o se siente un privilegiado (aunque no cobre un céntimo), mientras que la gente seria trabaja (…) Tan pronto como se hace un llamamiento a su humanismo, el escritor con baja autoestima se olvida por completo de sus emolumentos. Cuando la gente se queja en cualquier país del precario estado de la literatura, el escritor acepta publicar gratis sin rechistar. Para este tipo de personas, el dinero es como un regalo. Viven de lo que escriben, pero no de lo que ganan. Por eso es frecuente dar con los escritores con la autoestima baja en encuentros y retiros literarios. Allí, mimado por la soledad, con ayuda de una beca miserable y alojado en un cuartucho gratis, el escritor con baja autoestima escribe su “obra maestra”. Al terminar recibe un pago que nunca supera el salario mensual de su editor.”

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11 Responses to “Un escritor de verdad tiene problemas de autoestima”

  1. xururuka says:

    Qué curioso, hace poco conversaba con una amiga precisamente sobre lo que representa para el escritor lo que hace, y es increíble, pero por más que logre un apego con eso que hace, no le atribuye un valor considerable del todo (salvo excepciones, y ese caso no estaríamos hablando de buenos escritores). En otras palabras, es algo así como decir que no se asume.
    En cuento a que “un escritor de verdad tiene problemas de autoestima”, puede que sea cierto, pero antes que eso, se encuentra en la insaciable tarea de pensarse y crearse, y eso, particularmente, no lo hace todo el mundo. Así que como dirían por ahí: “unas por otras”.
    Saludos.

    • Irad Nieto says:

      Hola xururuka:

      Me gusta tu reflexión y estoy de acuerdo con ella. El pasado fin de semana discutí con unos amigos sobre este post y me dio la impresión que habían leído y entendido otra cosa distinta a la inseguridad que padece el escritor respecto a la utilidad y legitimidad de su oficio.

      Saludos!!

  2. Francisco Alcaraz says:

    Mi querido Irad:

    Lo volví a leer, y me sigue pareciendo (si no es que más) tremendamente melodramático.

    • Irad Nieto says:

      Jaja, lo bueno es que ya lo discutimos y, entiendo, discrepamos. Recuerdo partes de los diarios de Kafka, la Correspondance de Flaubert, las confesiones de Sylvia Plath o esa gran compilación de textos personales, autobiográficos, que es “Gajes del oficio” (Cal y arena), y encuentro aquí y allá la inseguridad y problemas de autoestima (respecto de lo que escriben, la calidad, pertinencia, etc.) en los más grandes escritores. Que en otros aspectos de la vida los escritores sean insoportablemente ególatras, es otra cosa, pienso. El fracaso de escribir siempre está junto a ellos.

      Saludos!!

  3. Francisco Alcaraz says:

    No niego la existencia de ese sentimiento de inferioridad, pero me parece que en todo caso está ligado al arte en general, y no sólo a la literatura. Creo que la lucha interna de todo artista por la palabra precisa, el adjetivo oportuno, la coma bien puesta, el diálogo certero y natural, etcétera, es un aspecto que lo atormenta (a unos más y a otros menos); sin embargo, no creo que sea posible que alguien que se asuma escritor pueda considerar que el trabajo literario sea inútil. Quizá pueda autoflagelarse pensando que el suyo es irrelevante frente a la obra de Prosut, Joyce, Eliot, Pessoa (otro superego acomplejadito) o Paz, pero esa idea en todo caso se debe al afán de perfección estética que es tan propio de los artistas verdaderos. Subrayé el nombre de Pessoa debido precisamente a que fue un gran escritor que nunca cobró un centavo (llegó incluso a pasar la noche en una lechería de un conocido y no por ganas o por “culpa” ) pero que nunca dudó de la valía de su trabajo.
    En cambio, la idea de inutilidad y la culpa por no hacer un “trabajo” convencional con quincena y vacaciones se origina, en todo caso, en el sentimiento de rechazo de la propia sociedad, el cual no sólo padecen los escritores, sino los músicos, los pintores, etcétera. El caso de Kafka, que tú apuntas, es más el de un espíritu (es decir, una psique) atormentado no sólo por su arte, al que ciertamente no consideraba digno, sino por su incapacidad para enfrentarse a las dificultades de formar parte del plancton social de cual se alimentan los peces grandes, medianos y pequeños del estanque (y lo mejor de su literatura, me parece, gira en torno a ese tema). Y aquí no me resisto a conjeturar que Kafka le pidió a Max Brod que quemara sus papeles no porque los considerara indignos de la Literatura (cualquiera con la sensibilidad y el conocimiento medio sobre literatura reconocerían en Kafka a un escritor genial, cuanto más él mismo, que ciertamente no era tonto o ignorante), sino indignos de su gran talento.
    Estoy, sí, convencido de todo lo contrario de lo que dice el texto: todo escritor que se sabe escritor (esa especie de axioma que dice que los escritores, si lo son de verdad, nunca están seguros de serlo es pura retórica, demagogia cutural) es por definición El Escritor, aunque el pudor no le permita casi nunca admitirlo. Los textos de los colegas cercanos (excepto los de aquellos que sean sus figuras tutelares o que puedan admirar porque ya eran Escritores cuando ellos empezaron) siempre tendrán defectos, siempre les faltara esto o aquello; cuando mucho admitirán que fulano publicó una “buena novela” o que el cuento de zutano es “un buen ejercicio” o que algunos poemas del señor X “son chingones, pero sus libros no se mantienen hasta el final”. En fin, gran parte de la agresividad de las opiniones de los Escritores sobre sus colegas contemporáneos se debe, si no a la envidia, sí a su dificultad, en algunos casos casi crónica, para reconocer el talento ajeno como igual o superior al propio (en lo personal jamás he escuchado a alguien admitir: sí, fulano y zutano que vi en el encuentro son mejores poetas que yo”).
    Pero me desvío, así que sólo quiero retomar una frase del texto en cuestión para finalizar este (inútil) comentario. Dice esta Dubravka Ugresic: “Una persona con la autoestima baja es como un saco de boxeador a disposición de cualquiera; el primero que pase por ahí puede encajarle un puñetazo”. Buaahhh!! Eso es muy cierto, pero no aplica para los escritores (a menos que tomen prozac), que tienen una sensibilidad de quinceañeras en su periodo menstrual (sin ofender a aquellas que sean grupies de Irad). Trata a un escritor, a cualquiera, como a un saco de boxeador (dile con sinceridad: “tu novela es una mierda, dedícate a otra cosa”) y sólo pueden pasar tres cosas: que se vaya a golpes sobre ti (lo cual es lo más improbable) o que veas cómo su rostro se constriñe y las lágrimas se asoman a sus pestañas mientras la voz comienza a temblarle. La tercera cosa es que, sea lo que sea que haya ocurrido con las otras dos, te dejará de hablar para siempre.

    • Irad Nieto says:

      Uff, estoy de acuerdo con tantas cosas que dices, que me confirma la idea de que estamos leyendo el texto de maneras diferentes pero no inconciliables. Sin negarle de mi parte ninguna verdad al texto que comentamos, los ejemplos que citas de escritores hipersensibles que no toleran una mínima critica a su obra, que los hay, muestran, perfectamente, la inseguridad respecto de su obra; si no, ni se molestarían en reaccionar de esa manera (es probable que en la madrugada ellos mismos se conviertan o se sientan como un saco de boxeador). Esa misma dificultad que observas, “casi crónica, para reconocer el talento ajeno como igual o superior al propio”, revela una enorme inseguridad en lo que se hace. Es el clásico mecanismo de defensa; el ego como escudo y apariencia.

      En efecto, Kafka, y agrego a Sylvia Plath, era de un carácter atormentado, pero muchos de sus tormentos, obsesiones y nerviosismos se gestaban con motivo de la escritura y, ¡por supuesto!, del afán de perfección. Y te insisto: basta con abrir una biografía, unas memorias de escritor (o de cualquier artista, en eso coincido contigo y así entendí desde el principio el texto) para encontrarte con la expresión de todos esos achaques (Woolf, Flaubert, Mansfield, el engreído pero ultra inseguro y miedoso Capote…).

      Por cierto, yo no digo que el escritor considere inútil su arte, su oficio. Todo lo contrario: vive en permanente tensión entre ese deseo de escribir y dedicarse a la literatura, ese fanatismo del que hablaba Sabato por la escritura, frente a una sociedad que presta poca o nula atención a los libros y que pocas veces paga a un escritor por escribir. Para quien elija dedicarse por completo, o casi, a la escritura (o a la música, pintura, escultura, etc.), claro que esto es un problema.

      Aunque me agrada esta diferencia que tenemos, este fragmento del primer párrafo de tu comentario anterior exhibe una coincidencia no menor: “No niego la existencia de ese sentimiento de inferioridad, pero me parece que en todo caso está ligado al arte en general, y no sólo a la literatura. Creo que la lucha interna de todo artista por la palabra precisa, el adjetivo oportuno, la coma bien puesta, el diálogo certero y natural, etcétera, es un aspecto que lo atormenta (a unos más y a otros menos); sin embargo, no creo que sea posible que alguien que se asuma escritor pueda considerar que el trabajo literario sea inútil…”.

      Y de verdad no creo que lo que leo en los diarios, memorias, anotaciones y otras escrituras íntimas y personalísimas en la que muchos escritores ( también artistas) plasman sus lamentaciones, sea retórica o demagogia cultural.

      ¡Pessoa!: “Releo con lucidez, demoradamente, fragmento a fragmento, todo lo que he escrito. Y creo que todo es nulo y que más hubiera valido no haberlo hecho. Las cosas logradas, sean frases o imperios, tienen, por haberse logrado, aquella peor parte de las cosas reales que es el sabeer que son perecederas. No es esto, sin embargo, lo que siento y me duele todo lo que hice, en estos momentos prolongados en que lo releo. Lo que me duele es que no valió la pena hacerlo, y que el tiempo que perdí haciéndolo no lo gané sino en la ilusión, ahora deshecha, de que valía la pena hacerlo”.

      Otra vez Pessoa: “Las frases que nunca escribiré, los paisajes que no podré nunca describir, con qué claridad los dicto a mi inercia y los describo en mi meditación cuando, recostado, no pertenezco sino de lejos a la vida. Esculpo frases enteras, perfectas palabra por palabra, tramas de dramas se me narran construidas en el espíritu, siento el movimiento métrico y verbal de grandes poemas con todas sus palabras, y un gran entusiasmo, como un esclavo al que no veo, me sigue en la penumbra. Pero si diera un paso desde la silla donde sepulto estas sensaciones casi perfectas hasta la mesa donde me gustaría escribirlas, las palabras huyen, los dramas mueren, del nexo vital que unió el murmullo rítmico no queda más que una saudade lejana, unos restos de sol sobre montes remotos […]

      “Fui más genio en los sueños y menos en la vida. Mi tragedia es esta. Fui el corredor que cayó a un paso de la meta, tras haber ocupado la primera posición durante toda la carrera”.

      Ernest Hemignway: “Tengo que escribir para ser feliz, me paguen o no por ello. Pero es una enfermedad infernal haber nacido así.”

      Dostoyevski: “De sobra sé que yo no escribo tan bien como Turgueniev; pero la diferencia, realmente, no es tan grande, y espero, con el tiempo, escribir tan bien como él. ¿Que por qué, estando tan apurado, me avengo a cobrar cien rublos por pliego, mientras que Turgueniev, que posee dos mil siervos, cobra cuatrocientos rublos? Pues por eso mismo de que soy pobre y tengo que trbajar a vuela pluma y por el dinero; así que todo lo echo a perder”.

      Dylan Thomas: “Estoy pasando un momento duro. Quiero escribir nada más que poemas, pero no puede ser. Nunca lo quise tanto. Pero las deudas me bombardean. […] Desearía poder vender mi cuerpo a una viuda rica, pero ahora está gordo y tiembla un poco. Estoy harto de estar tan condenado y totalmente en quiebra, arruina las cosas […]

      Kafka: “Aparte de mi situación familiar, no podría vivir de la literatura debido al lento proceso de elaboración de mis trabajos y a su carácter especial. Por añadidura, mi salud y mi carácter me impiden dedicarme a una vida que, en el mejor de los casos, sería incierta. Por consguiente estoy empleado en una compañía de seguros”.

      Saludos!!

      P.D. Disculpa el desorden en mi respuesta, olvidé la compu en el trabajo y te respondo con incomodidad desde el teléfono.

  4. A.T says:

    Es cierto…el escritor siempre duda si lo escrito por su mano es realmente aceptable por el resto de mortales que no cesarán ni un solo segundo de señalar y juzgar con su sabio, como poderoso, dedo inquisidor. Nada nunca tuvo tanto poder, ni siquiera el ser humano. Su dedo es grandioso a la hora de juzgar y sentenciar. Pero el escritor (muchos, personalmente, creo que en su foro interno o macro-fiesta de ideas reunidas), jamás llegan a considerarse como tal. Escritor es una palabra demasiado grande para nosotros; escritor es la duda, el inconformismo, la magia, el deseo de dar algo diferente y vaciarse de todo. El escritor sueña despierto, se pierde por sus mundos y, cuando regresa al planeta tierra se da cuenta que nada le gusta, la gente le asquea y nota que la incertidumbre se posa en él. El escritor solo es feliz escribiendo, y todo lo que termine en endo. sufriendo, jodiendo, perdiendo, riendo, bebiendo, leyendo, comiendo…etc, etc y otro etc por si las moscas que vuelan cerca. Pido disculpas si alguien se siente ofendido por la segunda palabra después de los dos puntos. Cosa rara, la verdad, puesto que no deja de ser eso, una palabra que no crea herida en nadie. Cada minuto fallecen más de cinco escritores porque sus palabras no llegan al resto. Cada día caen muchos creadores de ilusiones, ya que la musa es una señora muy atractiva que se acomoda en su esquina esperando la llegada de aquel en quien volcará su talento. Mañana cuando despiertes no estará a tu lado, se irá en silencio riéndose de ti. Pero escribe, no dejes nunca de escribir y leer lo escrito, arreglar, modificar, puntuar, leer y volver a leer. Cuando ya no puedas más, descansa, da una vuelta por el campo o la ciudad contemplando los altos edificios rígidos que se levantan como falos penetrando en el cielo, siente la vida, escucha las voces de esos que te aburren (las personas), ríe con un niño, enamora a un hombre o mujer, baja a la realidad palpable del infierno que nos rodea… puesto que irremediablemente seguirás escribiendo aunque te odies a ti mismo durante el resto de tu miserable, aburrida, patética y asquerosa vida. Escribo de forma genérica, sin insultar a nadie.
    Por cierto, si hay un solo escritor que no quiera ganar dinero con sus novelas, libros, escritos o narraciones, creo que, sinceramente, con ambas manos en la cabeza demostrando así mi incomprensión y sorpresa, entonces sí es cierto que estoy loco como sentenció hace mucho tiempo una psicóloga: “Está usted como Perico el de los palotes, caballero”, y se quedó tan pancha. Ahora, viendo mi estantería llena de libros publicados, me sigo preguntando una sola cosa: ¿Por qué los escritores tienen la necesidad de contar sus ideas y pensamientos? La respuesta es clara y sencilla…si no lo hicieran, serían uno más del enorme cuadro que forma este mundo. Y ellos, son diferentes.
    Muchas gracias y disculpar a este pobre loco…o Perico el de los palotes. Toc, toc, toc.

  5. Sera que las personas con un autoestima sano no tienen derecho a escribir buena literatura?

  6. Rocio says:

    me encantan los artistas, son almas afortunadas pero ese halo de sufrimiento del que se jactan entre otros males es anacrónico….Un verdadero artista no tendría porque vivir tan encadenado y sujetos a tópicos…

  7. alancena18 says:

    Los invito a pasar por mi humilde blog de Literatura: http://soliloquiosimperceptibles.blogspot.com.ar/ Aún es muy pobre, ayer he empezado a hacer esto y todavía soy nuevo en el asunto. Me encantó el artículo y muchas de las cosas que aquí se dijeron. El trabajo del escritor tiene la gran ambigüedad de ser el más satisfactorio a la vez que el más doloroso, son las vicisitudes del arte, ¡qué se le va a hacer! Gracias, simplemente. Queda hecha la invitación. Saludos.

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