Octavio Paz: “el arte de decepcionar”

Les comparto un interesante ensayo de Armando González Torres sobre la figura (omnipresente) de Octavio Paz en su madurez, como crítico, pensador, intelectual público, poeta, polemista…; una extraña inteligencia, informada e intuitiva, que, desde que se lo propuso, no dejó de plantear temas para el debate de la época (y los que vendrían) y argumentó, con vehemencia e ironía, en público. “El intelectual tipo Paz, escribe Armando González, parece fuera de temporada: resulta demasiado superficial para la academia, demasiado profundo para los medios y su ámbito natural, la alta cultura general, se extingue poco a poco de inanición […] Pese a la conciencia de los excesos retóricos de la antigua imagen, no puede dejar de extrañarse a figuras como Paz cuando se advierte que la interpretación cultural de grandes alcances y el punto de vista responsablemente moral (distinto del moralismo mesiánico que arenga rebaños), el sentido común y la valentía para decir claridades y exabruptos están casi desterrados del análisis y del debate actual.” Ahora nadamos y leemos entre puros especialistas que nos hablan, sin desvíos, desde su ciencia.

Los invito a leer esta reflexión del poeta y ensayista Armando González Torres:

OCTAVIO PAZ: LA AUSENCIA BELIGERANTE.
El peso del patriarca

Para las generaciones ulteriores al 68, la referencia a Octavio Paz no tenía una connotación simplemente literaria: su figura dividía opiniones y convocaba idolatrías o parricidios en muchos que tal vez ni siquiera lo habían leído. Era tal su presencia en la vida pública, tanta polémica generaban sus pronunciamientos, que simple la mención de su nombre podía ser inconveniente en el salón de clases universitario, anticlimática en una comida familiar y de plano desaconsejable para el romance con una progresista. Adoptar una posición a favor o en contra de Paz era parte de los ritos de pasaje y de la formación de identidad de cualquier aspirante a intelectual mexicano. El sólo hecho de poseer sus libros requería una explicación, que muchos eludían intentando fragmentar la obra o la persona, con esas frecuente frases de disculpa-descalificación, como: “es un buen poeta, ay, pero sus ideas”. Claro, mucho había de caricatura dogmática en la animadversión de la izquierda hacia Paz, aunque también algo de engolamiento en la interpretación paziana del intelectual-sólo-contra-el-mundo. Lo cierto es que, a lo largo de su trayectoria, la opinión y la influencia de Paz se propagaron por innumerables campos, desde la crítica literaria hasta la ciencia política, pasando por la antropología y las artes plásticas. Ya para su madurez, el peso de Octavio Paz en la cultura mexicana era imponente: su tarea poética y ensayística, así como su trayectoria pública, aspiraban a fungir como un método de lectura de la cultura de su tiempo, un canon artístico y un paradigma de conducta intelectual.

La maduración de la celebridad
Paz pertenece a una generación de inflamadas ambiciones sociales e intelectuales que, inmersa en la euforia y angustia constructora de la posrevolución, se atribuye facultades y funciones insignes en la vida pública. Especialmente, Paz recoge la imagen romántica de la poesía como alba de la reflexión y del poeta como sacerdote laico. Por eso, reclama influencia social, amplifica sus cometidos artísticos y se asume como intérprete y hasta taumaturgo de la cultura. Paz rechazó desde su juventud la idea del escritor recluido en la mera esfera literaria y, en sintonía con la figura romántica y con las necesidades de la época posrevolucionaria en que emergió, se asumió como una personalidad proteica.

Para Paz, el poeta tenía una misión que iba mucho más allá de hacer versos y que convocaba la intuición y la inteligencia, el pragmatismo y el profetismo, para mediar entre diversos campos de la realidad y superar paradojas irreconciliables. El joven Paz extraña mitos unitivos, reflexiones reconciliadoras, estímulos simbólicos y se destina a sí mismo y a sus contemporáneos a buscarlos. Paz no quiere ser un mero cantor de las glorias mexicanas y americanas, ni un mero soldado de las buenas nuevas políticas, sino un intelectual capaz de entender y ordenar su época, erigirse en punto de convergencia, extraer al pensamiento de su reclusión disciplinaria y localista y darle una proyección universal. No es extraño entonces que el joven Paz se ocupara de los asuntos artísticos e intelectuales más disímiles: escribió poesía, pero también hizo periodismo, crítica, filosofía y, no hay que olvidarlo, mucha política cultural.

Dentro de la hibrides del ensayo, Paz adopta un método de interpretación que, reivindicando su oficio originario de poeta, mezcla el argumento y la metáfora. Porque la historia, según Paz, responde a hechos concretos, pero también a raíces simbólicas intangibles y no fácilmente descifrables y, al devolverle su complejidad analizando sus dimensiones fáctica y mítica, el artista-crítico justiprecia la realidad. Si bien la defensa de la poesía como método de conocimiento que hace Paz resulta una reminiscencia romántica y a veces degenera en un discurso hiperbólico, la mayoría de las ocasiones se prueba como un procedimiento que, combinando conceptos provenientes de distintas disciplinas, genera intuiciones valiosas. Paz pensó fructíferamente en múltiples campos con un apetito de conocimientos que le permitía ampliar geométricamente su perspectiva del mundo; con un poder analógico para descubrir correspondencias insospechadas y con la suficiente ironía y sentido común para dudar de los absolutos.

La incursión de Paz en la cultura mexicana e hispanoamericana, el ascenso de su influencia, es, en cierto modo, vertiginoso. Pronto logra descollar como una de las cabezas más visibles de una naciente promoción de poetas y se convierte en una suerte de portavoz generacional, apenas veinteañero se codea, en el Congreso de Escritores antifascistas en Valencia, con las grandes figuras literarias del mundo, comienza su fecundo trabajo de revisión de la literatura mexicana e hispanoamericana y participa impetuosamente en la vida literaria y política. El largo periplo de Paz por Estados Unidos y Europa, que emprende a partir de los años 40, es fundamental para terminar de formar su perfil poético, crítico e intelectual: el conocimiento de otras tradiciones poéticas le da un matiz distinto a su poesía, que no era moderna en el sentido que el propio Paz le daría a este término; su perspectiva crítica con respecto a la tradición artística hispanoamericana se ensancha y se hace más orgánica y su visión de la historia y la identidad mexicana adquiere una nueva articulación desde la distancia. En un tiempo prodigiosamente corto, entre finales de los 40 y mediados de los 60, se publican libros fundamentales en la obra de Paz. Aparecen Libertad bajo palabra una reunión orgánica de su obra de temprana madurez, que lo convierte ya no sólo en un poeta notable sino en el comienzo de un paradigma de innovación; se publica El laberinto de la soledad que recoge toda una tradición hispanoamericana de introspección en las historias y almas nacionales y resume el debate en boga sobre la identidad mexicana; se publica El arco y la lira que analiza ambiciosamente la función y estatuto de la poesía moderna; se publican Las peras del olmo y Corriente alterna, libros donde escoge su genealogía crítica, despliega su capacidad prospectiva con respecto a los desarrollos de las artes y los movimientos sociales juveniles y afina su relación peculiar, estrecha y escéptica a la vez, con las novedades intelectuales de su época.

Estos afanes coinciden con un periodo de modernización social y literaria en México y otros países de América Latina: es la etapa en que la actualización de las costumbres, el afán cosmopolita, el florecimiento de un mercado cultural incipiente, la generación de nuevas expectativas sociales y culturales y el surgimiento de una camada de artistas desafectos al nacionalismo ancestral. Todo ello contribuye a que, en todos lados, haya un ambiente más propicio para la recepción de las ideas de Paz. En Europa, Paz representa una voz hispanoamericana, moderna y teñida de universalismo; en México; su poderosa vocación, ambición y novedad artística despiertan una corriente de simpatía con muchos de los creadores inconformistas de las generaciones más recientes. Ya hacia fines de los años 60, Paz es una presencia esencial en la cultura; sin embargo, su inserción definitiva en la vida pública es indisoluble de su actitud en 1968. Con su renuncia al puesto de Embajador en la India en protesta con la represión gubernamental al movimiento estudiantil mexicano del 68, Paz se convierte en un símbolo de la rebeldía y su personalidad, polémica y vivaz, pero hasta entonces relativamente retraída al campo cultural, incursiona de lleno en el debate público

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One Response to Octavio Paz: “el arte de decepcionar”

  1. Coloquio Internacional “Octavio Paz: Laberintos del Poeta”
    University of Ottawa, 28 y 29 de marzo de 2014
    Solicitud de Propuesta de Ponencias
    En ocasión de conmemorarse el centenario del nacimiento del escritor mexicano Octavio Paz Lozano, Premio Nobel de Literatura 1990, el Departamento de Español de la Universidad de Ottawa y el Comité de Estudiantes Graduados de la Universidad de Ottawa, con la colaboración de la Embajada de México en Canadá.
    CONVOCAN
    a la propuesta de ponencias para la participación en el Coloquio Internacional “Octavio Paz: Laberintos del Poeta”, que se llevará a cabo el Viernes 28 y sábado 29 de marzo de 2014 en las instalaciones de la Universidad de Ottawa.
    Los ejes temáticos se centran en, pero no se limitan a, la obra de Octavio Paz como ensayista, poeta, crítico de arte, intelectual, su presencia en los medios y en la televisión cultural, así como la visión del escritor por sus contemporáneos y la escritura miscelánea sobre su vida y obra.
    La fecha límite de recepción de propuestas (250 palabras en español, inglés o francés) es el 25 de enero de 2014. Las propuestas e información del ponente deben enviarse por correo electrónico
    laberintosdelpoeta@gmail.com
    http://www.facebook.com/laberintos.delpoeta
    Contacto: Norma Jiménez Kaiser

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