Un relato de Alberto Chimal

El señor de los perros

Catalina (quien es la esposa de Julián y sólo en la cara tiene quince cicatrices)
—Es que yo soy buena gente; yo soy bien, pero bien buena gente. Por eso me hacen tonta, ¿me entiende?, porque yo soy así. Con decirle que luego no nomás dicen que soy bien inocente, o bien linda, sino también que soy una pendeja, o…

”Con perdón. Así me tratan, quién sabe qué me dicen y yo pues no les puedo decir nada porque pues sí, de chica siempre yo era la mensa, y luego siempre fui la que hacían como querían, y desde siempre me ven la cara, ni modo. Pero eso sí, para algunas cosas, mire, para varias cosas sí soy bien hacha. Por ejemplo, para lo de ver cuando engañan a la gente. ¿Usted ve las novelas?

”Sí, sí, telenovelas. Yo sé que usted ha de ser una gente muy ocupada pero seguro también… ¿Sí ve las novelas, o los programas así como el de Laura o el de Cristina? A mí me gustan porque me entretengo y sale gente bien enferma, se lo digo así, a lo mejor usted va a pensar que es mucho morbo estar viendo eso todo el día pero para qué le voy a mentir, me apasiono, ¿me entiende?, yo sí lo vivo, como dice esta… ¿Cómo se llama? Bueno, a lo mejor usted nunca ha visto mis programas pero de veras, una se apasiona. A mí me gustan más que los de bailar o los de cantantes, porque hacen cada barbaridad…

”Ah, sí, pero le estaba diciendo de que soy bien hacha, y pues ya le dije, yo por mis programas, yo siempre me doy cuenta cuando engañan a la gente: cuando le mienten a la muchacha yo siempre digo…

”Yo siempre supe que mi marido me ponía el cuerno, pues. Que me engañaba. Una siente, ¿no?, una como mujer siente esas cosas porque es más sensible a eso, porque es como dicen, ¿no?, más como la intuición. ¿No? Que es femenina.

”Lo que yo no sabía era… la otra parte. Lo de a dónde va. ¿Me entiende?”

Guadalupe, su mejor amiga
—Él, o sea Julián, desde antes que se casaran ya era así como toscote, como son los hombres. Todo el tiempo le estaba dando a la Cata sus madrazos, digo, sus trancazos… Le daba sus buenos golpes, y bueno, así es como ellos son, así demuestran que una les importa, y también una tiene que poner de su parte: una va viendo qué no le gusta y qué le gusta a su marido para que no se enoje tanto. A mí lo único que siempre se me hizo un poco raro era que, según Cata, siempre que Julián acababa de darle una, cuando ya se cansaba y la dejaba, en vez de irse a tomar o…, lo que hacen los hombres…

”Coger.

”Digo, ‘hacer el amor’… Pero en lugar de eso se iba. Sí, sí, se iba en su camioneta al mercado, pero no por un encargo sino nada más a ver a los perros. Los que se juntan afuera. ¿Sí conoce el mercado? El que está por allá. Julián llegaba a donde salen los cargadores, donde suben y bajan cosas, pero se estacionaba más adelante y se regresaba a ver. Luego hasta le decían que si quería cargar o que qué estaba haciendo pero él no, decía, nomás milando, como el chinito. A mí pues se me hacía como raro, pero, bueno, Cata hasta lo llegó a acompañar, por eso sé, porque un tiempo él le decía vente y ella se iba con él.

”A mí no se me hacía muy entretenido. Y a Cata tampoco, pero eso sí, lo que sea de cada quién: Cata es obediente. Él le decía mira, vieja, qué bonito, aquel amarillo, y Cata lo miraba, pero nada más veía al animal todo flaco y mugroso, ladre y ladre, peleándose con los otros por unas sobras o lo que sea que tuvieran cerca para comer, o luego oliéndose con los otros por todos lados o con ganas de…, de hacer lo que hacen los perros…, y ella decía bueno, qué tiene de bonito, y él primero se le quedaba viendo con cara de qué no ves, qué estás ciega…

”Y ya con el tiempo ya no le decía nada, y luego hasta le dejó de decir que lo acompañara.”

Catalina (a pregunta expresa sobre Julián)
—Usted me entiende, ¿verdad? No porque usted se haya quedado nunca así como yo…, vaya, yo no sé ni nada, pero pues usted…, usted sabe de estas cosas, ¿no?
”Es que cuesta, no se crea, cuesta hablar de estas cosas. A mí mi mamá, que en paz descanse, me enseñó dos cosas: una, que de la vida no hay que esperar nada, que a la gente como ella, como yo, lo único que le puede quedar pues es la decencia, porque todo lo demás pues no, una nace jodida y jodida se queda. ¿No? Con perdón. Sí es cierto: Julián con la fonda, la verdad, se parte la…, trabaja durísimo, y además yo los he visto, a mis parientes, a mis hermanos, a mis sobrinos, cuando han querido poner que sus changarros, o que ir a… meterse a la política, a hacerle bola a quién sabe quién, o vaya usted a saber a qué se meten, como mi prima Amalia que se robó cuatrocientos mil pesos de la cooperativa de su escuela y se los gastó en pura pendejada, con perdón, o Pascual, un sobrino que tengo, que por favor esto no lo vaya a poner en su revista porque se me arma, pero a mí se me hace que está en una de esas bandas…

”¿Mi mamá?

”¡Ah, lo otro que me dijo! Que tampoco tenía que esperar nada de un hombre. Que todavía de la vida alguna vez pero de un hombre jamás.

”A lo mejor sí es cierto, a lo mejor es como decía ella, que una nomás se tiene que aguantar y esa es la cruz que nos toca, y ya después viene el consuelo… Pero ya, mire…
”Ya. Mire: todo empezó porque mientras estaba conmigo…, mientras Julián estaba conmigo…

”Ay, señorita, yo se me hace que usted ha de ser hasta…, pues…, una persona muy educada y no sé si la…, la voy a ofender…, pero le juro que a mí me da hasta dolor de cabeza hablar de esto. De veras que no soy mala persona, de veras que no, no soy vulgar, no ando de ofrecida por ahí…”

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