Un relato de Manuel Jabois

En la casa de Manu y su mujer ocurrió algo extraño: un día la ropa interior de la chica amanece húmeda, como si dentro de la casa hubiera llovido; pero no, no hay manera. La pareja decide olvidar el suceso hasta que meses después ocurre lo mismo: bragas, medias y sostenes aparecen mojados sin explicación alguna. Le echan la culpa al perro, su mascota; pero no tarda mucho en resolverse el misterio de este relato. Lean ustedes la historia publicada por El Malpensante:

Estábamos arreglándonos para una recepción oficial en casa del embajador, que es como llamamos al botellón fino, en casa de alguien, y al ir a elegir ropa mi chica levantó un par de sujetadores con las manos y los encontró húmedos.

Fue un suceso que nos conmovió un poco a todos. Siguió revolviendo entre bragas y medias, casi enloquecida, y notó aquello algo mojado, como si hubiese llovido en casa.

Me llamó a los gritos y me dirigí al cuarto arrastrando los pies. “Oye, ¿tú sabes por qué está esto mojado?”. Di vueltas alrededor del cajón de la cómoda con semblante circunspecto tratando de pensar algo de cierta profundidad, porque a mí los problemas irresolubles me producen una pereza terrible, y sentencié de golpe: “Aquí meó Cote”. Fue escuchar “Cote” y el perro vino corriendo hacia la habitación para sentarse entre los dos, esperando salir a dar un paseo o lo que sea que esperan los perros cuando escuchan su nombre. Calculé un metro de distancia entre el cajón y el suelo, así que para que Cote pudiese mear allí tendría que dar un buen salto, mantenerse en el aire, tirar del pomo y soltar la meada tremenda que había empapado la ropa interior.

Yo había visto a Cote hacer cosas extraordinarias, pero aquello me empezaba a sobrepasar, así que dirigí rápidamente la culpa hacia la comunidad, que es un género que me tiene loco. “Nos entra agua”, comenté mientras salía de allí.

Aquel misterio se aplazó. Los dos lo dejamos pasar un poco inquietos y nunca volvimos a hablar del asunto, como cuando muere de repente un familiar odiado. “Cousas do demo”, zanjan en el pueblo. Pero al cabo de varios meses me desperté y encontré a mi pareja alucinada delante del cajón levantando sujetadores como si estuviese en la feria. “Están todos empapados”. Abrió y cerró los cajones de la casa en un Poltergeist salvaje y no encontró humedad en
ninguno. La pared daba al exterior de la fachada y por allí no pasaban cañerías ni tampoco había llovido.

Yo empezaba a pensar que aquello era un guiño de Dios para que mi chica saliese siempre de casa sin ropa interior. Le dimos todas las vueltas de las que fuimos capaces, que eran bien pocas, y nos sentamos exhaustos en el salón mirándonos el uno al otro en ese momento del juego en que uno empieza a sospechar del otro para no tener que dirigirse penosamente a la esotérica, con el grado de friquismo que eso conlleva. Por un momento me imaginé sentado en Cuarto milenio contando cómo aparecía una mañana tras otra la ropa de mi chica llovida, y el temor a que la humedad se extendiese a la pared y apareciese allí la cara de Ernesto “Che” Guevara

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4 Responses to Un relato de Manuel Jabois

  1. Sin Ma says:

    Jajajajaja!! Pensé en todo, menos que Manu fuera sonámbulo.
    Está muy divertida la historia.

    Saludos!

  2. Sin Ma says:

    Si los perros hablaran….

    Te mando un abrazo, que tengas un bonito día!!

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