Un cuento de Francisco Hinojosa

Letras Libres publica un cuento de Francisco Hinojosa que tiene como protagonista a un ser peculiar, de ideas que nos pueden parecer descabelladas: Venustiano Dosguerras, líder del Partido Abolicionista Siglo XXI, que no sólo quiere “abolir la esclavitud” en México, sino volver a escribir la Constitución para que se cumpla cabalmente, un extraño país en el que el presidente trabaje como presidente, los jueces sean jueces y los legisladores asistan a las sesiones de sus cámaras respectivas. ¡Y lo logra! La Constitución se cumple; por tanto, impera el desconcierto y la inconformidad.

Cumplir y hacer cumplir se titula este relato en clave humorística, paródica:

El Partido Abolicionista Siglo XXI (PAS21 por sus siglas alfanuméricas) alcanzó su registro gracias a que su líder, el joven de veintisiete años Venustiano Dosguerras, logró conseguir más de los cien mil seguidores que la institución electoral exigía para inscribirlo como instituto político para las elecciones en puerta.

Surgió de la nada. Estudiante de posgrado en la Facultad de Veterinaria, con especialidad en la reproducción de porcinos –específicamente en la morfométrica de la cabeza del espermatozoide de los cerdos–, Venustiano nunca había participado en las reuniones del consejo estudiantil, no acudía a los mítines convocados por sus compañeros, no tuvo en su momento una opinión acerca de la invasión de los Estados Unido a Iraq y nunca había votado. Un día invitó a sus amigos a cenar a su departamento (se acababa de casar con Linda Soriano, estudiante de Letras Hispánicas) y de pronto, de la nada, luego de comerse un taco de cochinita pibil, dijo “Hay que abolir la esclavitud”. Es cierto que ya estaba tomado y que había consumido mucha cebolla encurtida y chile habanero. Es cierto que algo le había cambiado recientemente la vida sin que él lo supiera entonces.

Una semana antes de la reunión, Venustiano caminaba hacia una tienda para comprar un six de cervezas. Llovía. Relampagueaba. A pocos metros de regresar a su edificio, un rayo pegó en un poste de luz en el que se había recargado. El impacto lo tumbó al piso. Como pudo se puso de pie y llegó a su casa tambaleándose. Linda le llamó al médico, que a través del teléfono la tranquilizó y le dijo que pasaran a verlo al día siguiente, cosa que no sucedió ya que Venustiano se levantó de buen humor y sin ninguna aparente secuela. El único cambio perceptible fue que desde entonces los pelos de la cabeza y de los brazos le quedaron erizados. Al principio los aplacó con gel, pero luego los dejó en libertad.

“Hay que abolir la esclavitud”, volvió a decir con el rostro especialmente serio. Alguien se rió y lo respaldó: “Sí, que se abuela… ¿O que se abola?”, se dirigió a Linda, que había exentado la materia de Filología. “Creo que es mejor no hacer la conjugación. Está bien hay que abolir la esclavitud.”Y siguieron platicando de gramática y de las enfermedades infecciosas de los porcinos. Alguien incluso contó un chiste de esclavos, que el anfitrión no escuchó por estar clavado en sus pensamientos.

A la mañana siguiente Venustiano no fue a trabajar (era investigador del Instituto de Investigaciones Mamíferas) y se dedicó a redactar un documento en el que exponía sus razones para abolir la esclavitud.

–En México no hay esclavos –le dijo su esposa antes de leer el manuscrito.

–Claro que sí.

–¿Te refieres a la esclavitud de los cerdos o de las personas? –preguntó Linda, que ya empezaba a preocuparse por la salud mental de su esposo.

–Por supuesto que de las personas.

Linda leyó el documento, le hizo un par de correcciones de estilo y exclamó: “Tienes razón, hay que abolir la esclavitud.”

Cenaron albóndigas, brócoli con mantequilla y nieve de limón.

Al día siguiente Venustiano leyó las cinco cuartillas que había escrito en un mitin convocado por el sindicato de electricistas. La respuesta fue unánime: hay que abolir la esclavitud. Acompañado de cinco líderes regionales de dicho sindicato, más otros dos de los telefonistas, fue a la Cámara de Diputados a presentar su documento.

–Señores –los recibió el diputado Pérez Malo–, en México no hay esclavitud. Ese derecho está amparado por la Constitución. Artículo primero.

–Por eso mismo –habló Venustiano–. Venimos a proponer la abolición de la esclavitud, así como eliminar la pena de muerte.

–Artículo 21.

–Creo que ya nos está entendiendo: proponemos volver a escribir la Constitución.

El diputado Pérez Malo los mareó con sus palabras, antes de decirles que los tendría que dejar porque debía asistir a la sesión ordinaria de la Cámara, cosa que no hizo porque tenía cita con su amante

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3 Responses to Un cuento de Francisco Hinojosa

  1. estefania lourenco says:

    Quisiera poder leerlo todo.
    Gracias.

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