“Humoristas”, de Paul Johnson

Ático de Los Libros publicó Humoristas, el nuevo libro del historiador Paul Johnson en el que aborda la vida y obra de los más grandes cómicos anglosajones (los hermanos Marx, Chaplin, Dickens, Chesterton, Dr. Johnson, Benajmain Franklin, etc.). Humoristas viene a llenar, creo, un vacío en la historia de la risa y la comedia, aunque se limite a la esfera anglosajona. El Cultural nos ofrece algunas páginas:

Los hermanos Marx
La segunda ley de la termodinámica

De todos los cómicos que a lo largo de la historia han creado caos para despertar la risa, los hermanos Marx -Leonard «Chico» Marx (1887-1961), Adolph o Arthur «Harpo» Marx (1888-1964), Julius Henry «Groucho» Marx» (1890-1977), Herbert «Zeppo» Marx (1901-1979), y el mánager de los hermanos, Milton «Gummo» Marx (1897-1977)- son los que lo hicieron con mayor determinación, refinamiento y éxito. Y fueron también los más testarudos. En una ocasión entrevisté a Groucho Marx para la Associated-Rediffusion Television, en el viejo estudio 9 al final de la calle Kingsway, en Londres. Después de la entrevista charlamos un rato. Le pregunté: «¿En qué consiste la comedia?». Él me contestó: «En dinero». Continuó: «La farsa siempre es cara, incluso en el teatro. En las películas es mucho más cara porque son necesarios muchos ensayos para que el timing sea perfecto, e incluso entonces hace falta un número interminable de tomas de la misma escena. Tienes que rodar un condenado montón de película para dar a los editores la oportunidad de montar algo bueno. Con grandes plantillas, con sueldos fijados por el sindicato, y directores y editores perfeccionistas, eso significa un coste salarial enorme. Pero luego al final tienes un trabajo cinematográfico que dura para siempre. Es una inversión. Pero a los tipos que controlan ahora la industria (1963) no les interesan las inversiones a largo plazo. Lo único que buscan son beneficios rápidos. Ahora no podríamos hacer una película como Una noche en la ópera. Sería demasiado cara».

La comedia es una cuestión de leyes físicas. Para empezar, es literalmente muy física. La comedia del caos se conduce según la segunda ley de la termodinámica, conocida como el principio de la entropía. La entropía es una medida del grado de desorden y aleatoriedad en un sistema. En la comedia del caos, la intervención humana acelera la entropía. Podría decirse que el sistema de los hermanos Marx es una teoría anticaos: un estudio de sistemas complejos cuyo comportamiento es altamente sensible a pequeñas modificaciones que tienen enormes consecuencias. El caos no puede crearse si no se parte del orden, pues el orden, o la entropía cero, es lo que da comienzo a todo el proceso de degeneración. Para los hermanos Marx, la representación del orden era su madre, Minnie Marx, una mánager profesional que enseñó a sus hijos a negociar duro y a obligar a los directivos de los estudios a cumplir lo prometido. Con MGM llevaron a cabo la negociación más dura de la historia del estudio.

El ejecutivo que finalmente accedió a sus exigencias fue Irving Thalberg, pero la fuerza del Principio del Orden de los hermanos Marx fue tan fuerte que L.B. Mayer, el máximo responsable del estudio, aprobó el trato, que daba a los hermanos el 15 por ciento «del total», es decir, de los beneficios antes de impuestos. Eso concedió a los hermanos Marx la seguridad económica necesaria para discutir con MGM en términos de igualdad sobre la financiación de cada una de sus películas. Y así consiguieron los presupuestos que les permitieron crear el caos que luego consiguió estupendas recaudaciones en taquilla y que todavía, a día de hoy, sigue generando ingresos. Y, en consecuencia, las cuentas acababan en orden. Ese era el proceso de la entropía marxiana: orden, desorden y vuelta al orden. Thalberg no siempre lo vio de ese modo. Según me contó Groucho: «Nos llamaba y nos decía: “¿Qué diablos estáis haciendo? ¿Es que creéis que el dinero crece en los árboles?”. Y yo le decía: “Sí, señor. El dinero crece en los árboles… En los árboles de la MGM”». Si era necesario, eran perfectamente capaces de someter a Thalberg a la teoría del caos. Siendo ellos personas muy ordenadas cuando no estaban en cumplimiento de sus labores profesionales, esperaban que Thalberg acudiera puntualmente a las reuniones que fijaba con ellos. Si les hacía esperar fuera, pues el propio Thalberg era bastante caótico cuando estaba ocupado, echaban humo de cigarro puro por debajo de la puerta de su despacho o apilaban armarios de archivo contra ella o, si esperaban dentro del despacho de Thalberg y él llegaba tarde, se ponían a asar patatas en su chimenea. Eran más implacables que cualquier científico en llevar sus principios hasta sus más entrópicas últimas consecuencias.

Los hermanos contrataron a algunos de los mejores guionistas del Hollywood de la Edad de Oro, entre ellos George S. Kaufman, S. J. Perelman y Bert Kalmar. Pero escribieron personalmente buena parte de su material. Chico se especializaba en pronunciar o entender mal las palabras. Groucho (Los cuatro cocos): «Tendremos que celebrar una subasta. ¿Sabes lo que es una subasta?». Chico: «Pues claro. Vine de Italia a bordo del Subasta Atlántica». O en Una noche en la ópera, durante la escena de la firma del contrato cuando Groucho le habla de una cláusula preventiva, Chico dice: «¡No me diga que ahora tenemos que vacunarnos!». Groucho también utilizaba este recurso: «¿Servicio de habitaciones? Mándenme una habitación mas grande». Otras frases de Groucho: «Nunca olvido una cara, pero en su caso haré una excepción». «Soy tan viejo que recuerdo a Doris Day antes de que fuera virgen». «Cualquier hombre que diga que puede ver a través de una mujer como si fuera transparente se está perdiendo mucho». «El secreto del éxito es la honestidad. Si puedes evitarla, está hecho». «Mi nombre no es Groucho, se lo estoy guardando a un amigo». Cuando le excluyeron de un club de playa en California dijo: «Puesto que mi hija sólo es medio judía, ¿puede entrar hasta las rodillas?». Parte del oficio de crear el caos consistía en generar cierta sensación de desazón y de catástrofe inminente. Los hermanos Marx lo conseguían de diversos modos, siendo cada uno de ellos característico de su autor. Harpo oscilaba entre un personaje dominado por la manía sexual, que se lanzaba repentinamente a manosear a las coristas, y su forma extática y magistral de tocar el arpa «poniendo cara de Mozart en el cielo». Chico tenía una forma peculiar de tocar el piano, que había diseñado y perfeccionado él mismo. Tanto el arpa de Harpo como el piano de Chico eran particularmente ofensivos y turbadores para los músicos «de verdad». El bigote falso de Groucho y su forma de caminar inclinado eran también inquietantes y provocaban un nerviosismo inicial que constituía el preludio adecuado a la creación del caos

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