Víctimas mudas de un proceso industrial

La revista Hermano Cerdo publicó un breve texto del escritor y Premio Nobel de Literatura J.M. Coetzee en el que reflexiona y da voz, junto al trabajo de otras organizaciones protectoras de animales, a las víctimas mudas de la industria alimentaria; industria cuyas prácticas y procedimientos, cuando se revelan, suelen ser indefendibles. “Basta una ojeada al interior de un matadero para convertir a un niño en vegetariano de por vida”, afirma Coetzee.

Acá el artículo publicado originalmente en The Sydney Morning Herald el 5 de diciembre de 2011 y traducido por Jorge Salavert:

Algo se ha enviciado de mala manera en las relaciones entre los seres humanos y otros animales, y no se trata únicamente de que lo señalen las organizaciones que se dedican a promover el bienestar de los animales y la protección de sus derechos. Un amplio sector del público está también preocupado.

Incluso entre la gente que sigue el ejemplo del Génesis, en su aserción de que Dios nos ha dado el dominio sobre las bestias para que podamos alimentarnos, persisten las dudas sobre si la producción industrial de animales de granja y un sector alimentario que opera en una escala industrial con el fin de convertir a animales vivos en lo que, de manera eufemística, denominan “productos animales”, representan lo que Dios tenía en sus designios.

Así pues, no es para nada irrazonable que las organizaciones de defensa de los derechos de los animales busquen dar voz a las (por definición) víctimas mudas de la industria alimentaria, apuntando a la producción industrial de animales de granja, al tiempo que no ignoran otras prácticas -el uso de animales en experimentos de laboratorio, por ejemplo, o el comercio de animales salvajes exóticos, o la comercialización de las pieles- que pudieran igualmente ser condenadas por crueles e inhumanas.

La transformación de los animales en unidades productivas se remonta a fines del siglo XIX.

Desde entonces hemos recibido un aviso, potente y claro, de que hay algo profunda, es más, universalmente erróneo, en la utilización de métodos industriales para matar a criaturas congéneres en una escala industrial.

Transcurridas varias décadas del siglo XX, un grupo de alemanes tuvo la idea de adaptar los métodos del corral industrial, tal y como los habían iniciado y perfeccionado en Chicago, a la matanza -o tal y como ellos lo prefirieron denominar, el procesamiento- de seres humanos.

Cuando, ya tarde, descubrimos lo que los nazis habían estado haciendo, clamamos horrorizados. “¡Qué crimen tan terrible, tratar a los seres humanos como ganado!”, gritamos. “¡Si lo hubiéramos sabido de antemano!”

Pero para ser más precisos, nuestro clamor debiera haber sido: “¡Qué crimen tan terrible, tratar a seres humanos vivos como unidades de un proceso industrial!”

Y nuestro clamor bien pudiera haber tenido un epílogo: “¡Qué crimen tan terrible, ahora que lo pensamos, tratar a cualquier ser vivo como unidad de un proceso industrial!”

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