El Yo como laboratorio de la escritura

En asuntos de literatura, la primera persona no debería reducirse a la autobiografía, la memoria, el ensayo. El Yo es un laboratorio que bien puede abrazar la autoficción y explorar y dinamitar la propia identidad. “…Sin salir del espacio del yo gramatical, la escritura es capaz de albergar infinitos puntos de vista”, “Yo somos muchos”, escribe Andrés Neuman en un breve artículo que ahora les comparto:

Astronomía y narrativa comparten la obsesión visionaria por observar el conflicto incesante del punto de vista. Ambas tratan de acercarse a algo que parece conocido pero resulta un misterio: el cielo estrellado, la naturaleza humana. Hay escritores ptolemaicos y escritores copernicanos. Los primeros parecen creer firmemente que la realidad gira alrededor de sí mismos. Los segundos sospechan que ellos mismos orbitan alrededor de otros cuerpos. Unos serían geo, egocentristas. Otros serían helio, aliocentristas. El narrador geocéntrico suele dar cuenta de quién es. Profundiza a partir de su propio centro. El narrador heliocéntrico tiende a querer ser otro. Se convierte en aquellos individuos que observa.

La diferencia entre ambos arquetipos no depende, por supuesto, del uso de la primera o la tercera persona. Al contrario: lo fascinante es cómo, sin salir del espacio del yo gramatical, la escritura es capaz de albergar infinitos puntos de vista. La llamada autoficción, que arranca en la picaresca y eclosiona en la posmodernidad, sin duda representa un procedimiento rico. Que yo mismo he practicado con placer. Ahora bien, no hay por qué limitar la primera persona a la autobiografía, cuando la maravilla de la literatura es que también consigue transmitir voces ajenas, recordar en plural

About Irad Nieto

About me? Irad Nieto es ensayista. Durante varios años mantuvo la columna de ensayo “Colegos” en la revista TextoS, de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Publicó el libro de ensayos El oficio de conversar (2006). Ha colaborado en diversas revistas como Letras Libres, Tierra Adentro, Nexos, Crítica y Luvina, entre otras. Fue columnista del semanario Río Doce, así como de los diarios Noroeste y El Debate, todos de Sinaloa. Su trabajo ha sido incluido en la antología de ensayistas El hacha puesta en la raíz, publicada por el Fondo Editorial Tierra Adentro en 2006 y en la antología de crónicas La letra en la mirada, publicada en la Colección Palabras del Humaya en 2009. Actualmente escribe la columna quincenal “Paréntesis” en El Sol de Sinaloa.
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