Cómo leer poesía

A propósito de la publicación en 2011 de los libros La pequeña voz del mundo, Leer poesía. Lo leve, lo grave, lo opaco, Diario de un libro, Caligrafía tonal y El oído del poema, de Diana Bellessi, Alicia Genovese, Alberto Girri, Ana Porrúa y Walter Cassara, respectivamente, Revista Ñ publica un texto de Carolina Esses en el que, además de abordar brevemente el contenido y propuesta de cada libro, se pregunta (porque ese es el tema de los libros comentados) por el discurso crítico frente a la poesía, por la crítica de este género literario. ¿Cómo leer poesía, con cuáles herramientas y desde dónde: la creación, la crítica académica o el ensayo crítico de un individuo solitario? ¿Cuál es la función de la crítica frente al trabajo poético? Para los interesados en el tema, este artículo ofrece algunos caminos. Y así comienza:

Históricamente la poesía se le ha presentado a la crítica como una materia resistente, opaca, de difícil acceso. La impronta del sujeto, el trabajo plástico y sonoro que implica el corte de verso, la incomodidad que a veces plantea el verso libre, la sensación que suelen tener muchos lectores de quedarse un poco afuera, de perder –o de querer asir– el hilo de un sentido hace que, incluso entre críticos literarios, la poesía intimide. Quizá por eso, en la Facultad de Letras de la UBA, al menos entre los años en los que la transité, pocos se animaban. Puede que todo esto haya cambiado. En aquellos tiempos sólo contábamos con algún que otro seminario sobre el tema y la poesía era más bien una excusa para hablar de otra cosa –estéticas de vanguardia, por ejemplo– pero no se nos ofrecía nada específico del quehacer poético. Sí, ahí estaba Delfina Muschietti analizando la poesía de Georg Trakl o de Alejandra Pizarnik de la mano de los formalistas rusos. O Laura Cerrato repartiendo fotocopias de las feministas norteamericanas, versiones de Adrienne Rich realizadas por ayudantes de cátedra o alumnos. Tendría que haberlo entendido entonces: ese, y no otro, era el modo de circulación de la poesía. Había algo más: Muschietti y Cerrato, eran –son– poetas. Tal vez fuese esto lo que las autorizaba a hablar sobre el tema. Porque, aunque una esté convencida de lo contrario –de que cualquier lector atento puede sentarse a reflexionar sobre poesía– lo cierto es que quienes lo hacen, quienes toman a la poesía como objeto crítico son, en general, poetas.

“¿Cuál es la función de la crítica?”, se preguntaba en el año ‘84 ese genial teórico inglés que es Terry Eagleton. La pregunta es ambiciosa y excede largamente estas anotaciones mías. Sin embargo, no deja de ser pertinente y necesaria a la hora de pensar en el conjunto de textos críticos sobre poesía que, gratamente, se publicaron durante el 2011. Los corolarios que surgen de la pregunta de Eagleton se multiplican como abejas huyendo de un panal en llamas. ¿Qué espera la sociedad de un discurso crítico? ¿Sigue siendo la crítica –ya sea el comentario de libros, la reflexión académica– un sistema que hace a la legitimación de los textos o es sólo una pata de la industria editorial? ¿Se plantea el crítico, todavía hoy, la pregunta por la finalidad de tal o cual análisis crítico? Diana Bellessi, Alicia Genovese, Ana Porrúa, Walter Cassara y Alberto Girri, son algunos de los autores publicados –o reeditados como es el caso de Girri, cuyo Diario de un libro fue escrito en 1971 paralelamente al libro de poemas En la letra, ambigua selva y el año pasado fue reeditado por Ediciones Del Dock

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