Josep Ramoneda y Manuel Cruz. Un diálogo inteligente

Francesc Arroyo reproduce en su blog una interesantísima charla que sostuvo con dos filósofos e intelectuales públicos de prestigio como Josep Ramoneda y Manuel Cruz, en la que discuten diversos temas de la actualidad: la estrechez de la academia, los cambios que ofrecen las tecnologías de la vida, la cultura del zapping que todo lo invade, la incapacidad de muchos jóvenes para concentrarse y leer libros de cientos de páginas, las prisas que acosan al pensamiento profundo y la reflexión, la infinita y veloz información que fluye en la red, etc. “…Hay una dislocación entre la información y el modo de procesarla, pero no acabo de ver la forma en la que se podría producir una nueva articulación. Porque también es verdad que a quien no haya pasado por esa especie de orden o estructura, mejor o peor, que da la Academia, Internet no le sirve de nada […] Hay quien organiza cursos de filosofía, consultorías, coaching filosófico y otras extravagancias, al margen de la Academia. Pero si uno no ha pasado por una serie de disciplinas, si no le suenan los clásicos, los tópicos mayores de la filosofía, lo que hace es repetir los errores que se han dado en la historia del pensamiento…” (Manuel Cruz).

Les recomiendo leer este diálogo de inteligencias:

Francesc Arroyo. Los dos han sido profesores universitarios y los dos han tenido actividad fuera de la Academia. ¿Se debe a que ésta les quedaba estrecha? ¿A que no se centraba en lo que hoy es imprescindible pensar?

Manuel Cruz. Mi sensación es la de que, desde hace más de dos décadas, la Academia ha quedado al margen de los debates teóricos importantes, en cualquier campo. Un par de ejemplos relevantes. En 1996 se clonó a la oveja Dolly y en todos los periódicos y revistas se hablaba de ello y de los problemas éticos que entrañaba la clonación: en mi facultad, a nadie se le ocurrió organizar nada sobre esos problemas. Segundo ejemplo: el debate, a finales de los ochenta, sobre el final de la historia, a partir del texto de Francis Fukuyama (véase El País, 24 de septiembre de 1989), que levantó una considerable polvareda. Tampoco sobre eso recuerdo un solo debate promovido ni por estudiantes ni por colegas. En los últimos tiempos esto parece haber empezado a cambiar, pero no creo que sea porque la Academia haya asumido otra dinámica sino porque ha irrumpido en la Universidad española un nuevo producto, los master, que se ofrecen como mercancía. El cambio no parece fruto de que la Academia haya desarrollado, de forma tan repentina como tardía, una mayor sensibilidad hacia los asuntos que importan.

Josep Ramoneda. Yo, apuntaría que lo que hay que pensar hoy es el ser humano y el sentido de la vida. Como siempre. Pero se han producido cambios de distinto tipo, fundamentalmente tecnológicos, en las áreas de formación y, sobre todo, en las ciencias de la vida, como apuntaba Manuel, con efectos que llaman casi a una mutación antropomórfica. La especie humana va a cambiar en aspectos importantes. Habrá elementos que permitirían una mutación real y, por lo tanto, esas son las cosas más urgentes sobre las que pensar. ¿Qué va a pasar con todo lo que se puede hacer en el cuerpo humano con las nuevas tecnologías de la vida? ¿Dónde están los límites? ¿Dónde los controles? ¿Qué se puede permitir y qué no? ¿Hasta dónde se pueden poner límites y dónde será imposible por la misma naturaleza de los instrumentos técnicos? Y esto nos conduce a la propia noción de pensar. Hay una aceleración del tiempo y de las formas de expresión que hará que se piense de otra manera. Las cosas necesitan su tiempo y pensar necesita el suyo. No sé si pensar en términos de imprenta es lo mismo que pensar en términos de twiter. Yo, desde 1989, ya no estoy de forma continuada en la Academia, pero tengo la experiencia del CCCB. Era un intento de crear un territorio donde la gente se encontrara cómoda con unos interlocutores que no son los suyos habituales sin la necesidad de bajar el nivel. La gente que se aproximaba tenía la oportunidad de pensar que las cosas se pueden ver desde otro punto de vista. Y esto resulta un motor de conocimiento. Creo que ha contribuido a oxigenar el pensamiento. Antes el pensamiento estaba en la Universidad, pero ahora se puede encontrar en muchos sitios. Y no pasa sólo con el pensamiento: ¿Dónde está la capacidad de innovación? ¿En la Universidad o en Microsoft?

MC. La trayectoria de Josep y mía, tienen puntos coincidentes, en lo que respecta a simultanear actividades, pero también divergentes. Yo he dedicado mucho tiempo a la Academia y menos a la actividad fuera de ella. En eso, no soy más que un free lance, mientras que Josep ha tenido un proyecto sostenido en el tiempo. Un proyecto extra muros de la Academia, pero, muchas veces, con un alto contenido académico. Muchos de los ciclos del CCCB podían haber sido organizados en la Universidad. Y cosa curiosa, atraían a mucho más público sus conferencias que las que se organizaban en la facultad. Y no me refiero al hecho, quizás lógico, de que a la gente de la calle le pudiera imponer un cierto respeto entrar en un recinto universitario a escuchar una conferencia. Me refiero a que, muchas veces, los propios universitarios no acuden a conferencias de figuras eminentes de su especialidad en su mismo centro de estudio. Es decir, que ese presunto público natural no parece motivado. Pero no quiero dejar de decir algo respecto a qué pensar hoy. Lo que es casi como preguntarse cómo el presente afecta a la misma infraestructura del pensar. En cierta ocasión, Francesc me preguntó quien era ahora relevante en la Filosofía en Cataluña. Y me paré a pensar no ya en los nombres de los jóvenes sino en qué estaba ocurriendo hoy que hiciera que el escenario del pensamiento fuera diferente al de hace 30 años. Y cómo los cambos político-administrativos y legales contribuían a ello. Por ejemplo, las reformas ministeriales que incentivaban que los profesores de filosofía funcionaran como los científicos: había que publicar artículos en revistas especializadas y olvidarse de los libros, que no cuentan como mérito académico. ¿Qué ha pasado? Que si la gente no escribe libros no aprende a escribirlos. Y los estudiantes, por lo mismo, dejan de leerse un libro entero y se cae en la dinámica de Internet. Hay un libro (Superficiales: ¿qué está haciendo Internet con nuestras mentes?, de Nicholas Carr, Taurus), que trata de esto. A los estudiantes les cuesta mucho mantener una atención sostenida, estarse días, semanas, leyendo un mismo libro. Y esto cambia su disciplina mental. E influye en los autores. Cada vez hay menos autores jóvenes y cada vez hay más autores maduros que lo que publican es una recopilación de artículos, en vez de ponerse a escribir un libro de arriba a abajo

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