Una entrevista con Harold Bloom

Con motivo de la publicación en España de los libros Anatomía de la influencia (Taurus), La escuela de Wallace Stevens (Pre-Textos) y Novela y novelistas (Páginas de Espuma), de Harold Bloom, uno de los críticos más importantes e influyentes de las últimas décadas (al que todavía le importa la calidad literaria), El Cultural sostuvo una charla con este maestro indiscutible de la crítica literaria, que se formó leyendo y memorizando la mejor poesía, para quien la crítica es sabiduría literaria y reflexión sobre la vida. “Para mí la literatura no es sólo lo mejor de la vida sino una forma de vida que no tiene otra forma. Cuanto mayor me hago, más intensifico mi búsqueda de la vitalidad en la literatura”. Leamos una parte de la entrevista:

-Han sido siete años, desde 2004, los que ha tardado en escribir Anatomía de la influencia.
– He tardado tanto por mis enfermedades sucesivas. Había escrito un borrador tres veces más largo y finalmente la magnífica editora Allison McKeen me ayudó a cortarlo.

– Dice que en sus largas noches de recuperación de esas enfermedades se despierta y se pregunta el porqué de su obsesión con el tema de la influencia. ¿Cómo nació esa obsesión?
– De niño estaba abrumado por la inmediatez de los poetas a los que amaba. Mi subjetividad se formó leyendo poesía desde los diez años. Con esa edad, parecía que los poemas se memorizan solos en mí. Muchos fueron hospedándose en mi mente y el placer de poseerlos en la memoria me ha mantenido muchas décadas.Y al interiorizarlos, y llevarlos conmigo tantos años, reverberaban en mi cerebro, enfrentándose unos con otros, y creando relaciones complejas entre ellos en forma de modelos enigmáticos. Recuerdo la conexión que hacía entre Blake y Crane, de Milton en Shelley, de Whitman en T.S. Eliot o en Wallace Stevens. Gradualmente los ecos, alusiones y búsquedas de fuentes fueron transcendiendo hasta convertirse en un tema crucial. Y mientras escribía mi disertación sobre Shelley para mi doctorado, comprendí de que el gran problema por resolver era el de las influencias.

– Ese mapa de genealogías…
– Sí. Wallace Stevens estaba obsesionado por la genealogía de su familia en Pensilvania. En una de sus cartas a un experto en genealogía le escribe una línea que Nietzschte habría admirado: “Genealogía es el arte de corregir los errores de los otros expertos en genealogía …”. Una de mis amigas era su hija Holly, mi nexo con su padre, al que sólo vi una vez.

– En su libro Genios incluye a muchos escritores en español además de Cervantes, como Paz, Borges, Cernuda o Lorca.
-Con Borges, cuando nos veíamos en Nueva York, discutía mucho sobre la influencia literaria, aunque él siempre la idealizaba pues excluía cualquier rivalidad. Mi favorito es Cernuda. No sé por qué hay críticos españoles que no le aprecian. Para mí es uno de los dos mejores en lengua española del XX; es el poeta de poetas, increíblemente refinado. Lorca es un gran poeta pero más popular. Yo prefiero leer a Cernuda.

-¿Cuáles son los puntos esenciales en el mapa de los genios españoles?
– Todos tiene una relación muy compleja con la grandeza de la literatura del Renacimiento y barroco español. El gran poeta español es Góngora. Con él, los otros grandes exponentes del barroco, Lope de Vega, Calderón, Quevedo, crean un grupo de literatura tan poderosa y rica que combinado con el mayor genio de todos, Cervantes, producen un efecto abrumador en todos estos escritores de lengua española del XX.

-¿Cómo ha cambiado su forma de pensar durante la escritura del libro?
-Es simplemente un cambio de perspectiva. Shakespeare, y luego Shelley, usan la palabra influencia para referirse a lo que llamamos inspiración y me parece que es la forma básica de entenderlo. Originalmente escribí The Anxiety of Influence en el verano de 1967, aunque no lo publiqué hasta enero de 1973. Me llevó mucho tiempo hasta que maduré dónde quería ir. Luego escribí una secuencia de libros, el más importante El Mapa de Misreading sobre las afinidades y nexos entre escritores, que también desarrollé en libros como La escuela de Wallace Stevens (Pre-Textos). Pero tenía que volver a combatir la visión que se defiende en Occidente respecto a que la influencia es un proceso benigno, distante, que evolucionó como un beneficioso impulso hacia un escritor posterior de uno anterior. Yo creo en la forma antigua de influencia, muy importante en los griegos, que es la de agon, es decir, la lucha por el lugar más prominente. Es una competición que los griegos extendían a la política, al derecho, al deporte, al arte y a todo tipo de organización social. Con mi combate, seguramente una visión idealista, quise forzar a los lectores y poetas a reconsiderar la influencia. En realidad lo que yo llamo influencia es amor literario. Amor entre escritores pasados y futuros. La presencia del amor es vital para entender lo maravillosamente que funciona la literatura. Creo que mi primer libro se debía haber llamado Las ambivalencias de la influencia; la palabra ansiedad fue desorientadora


Osvaldo Gallone escribe en Revista Ñ un buen texto crítico (“La pasión de leer a los clásicos”) sobre Anatomía de la influencia, libro que el mismo Bloom califica de autobiografía intelectual y en el que define la influencia como “amor literario, atenuado por la defensa”.

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