La amenaza de los ajolotes y la democracia mexicana

Al antropólogo y ensayista Roger Bartra le exaspera la lentitud con que se ha ido erosionando en México el modelo político autoritario y la pesadez con la que avanzamos hacia una cultura cívica, democrática y cosmopolita. El canon del ajolote, esa actitud nacionalista, nostálgica, melancólica y resistente al cambio, nos enjauló por décadas a un régimen autoritario y patriotero que amenaza con regresar (aunque nunca se fue del todo). “Pudiera suceder que el PRI, el partido del ajolote, regrese a la Presidencia, lo cual sería totalmente desastroso. No creo que pueda haber una involución al sistema autoritario de antes, pero sí se daría un frenazo a la transición democrática. Y si eso sucede, implicaría que la izquierda ha retrocedido enormemente y le ha dejado el espacio al nacionalismo revolucionario del PRI”, afirma Bartra. El PRI de siempre, el viejo ajolote incapaz de sufrir una metamorfosis política.

Mientras tanto, la derecha se consume entre querellas hondamente conservadoras, cada vez más lejos de la sociedad. Y la izquierda mexicana (buena parte de ella ajolotizada) sigue renuente a la discusión crítica, a la autocrítica de su acendrado nacionalismo.

emeequis entrevistó a Roger Bartra y resultó el siguiente diálogo:

Hace 25 años el doctor en antropología y sociología Roger Bartra se encontraba redactando La jaula de la melancolía. Identidad y metamorfosis del mexicano. Buscaba una idea que diera estructura a su ensayo y encontró la fórmula para explicar su tesis: usar al ajolote –un animal endémico del país, que nunca deja su estado de larva ni crece– como una metáfora de la identidad del mexicano.

Bartra estableció entonces la existencia de una relación muy directa entre las características de la identidad nacional y el autoritarismo del PRI, expresada a través del nacionalismo revolucionario.

Han pasado 25 años desde que Roger Bartra empezó a utilizar la metáfora del “axolote” (con x, como también se escribe y lo usa él en su libro). Ahora, un cuarto de siglo después, Bartra se siente muy contento de haber podido comprobar que una de las ideas centrales de su estudio sobre la identidad “axolótica” del mexicano se cumplió.

En sus propias palabras: “La identidad nacional –ese llamado carácter nacional del mexicano– se erosionó tan profundamente que fue uno de los principales motores que impulsó la transición democrática.

“De manera demasiado lenta, el PRI fue perdiendo legitimidad, perdiendo votos, perdiendo la posibilidad de manipulación. Y esto fue posible en buena medida debido a que esta cultura política ligada al ajolote –ese animal que queda detenido, incapaz de metamorfosearse y que vive enternamente en el subdesarrollo– retrocedió, sin duda”.

–Es como algo infantil, ¿no?
–El ajolote es eternamente infantil: es una larva de una salamandra, pero puede reproducirse. El régimen político mexicano era también la larva de una democracia reproducida como una larva que jamás se metamorfoseaba en democracia.

La jaula de la melancolía. Identidad y metamorfosis del mexicano es un libro muy crítico. Cuando se publicó, a mediados de la década de los ochenta, recuerda Bartra, “le sentó muy mal a muchísimos y fue marginado por casi todos los intelectuales y políticos de la época”. Por suerte, el ensayo no fue marginado por los lectores.

Muy pocos apoyaron las ideas de Roger Barta en esa época. Lo consideraron, además, como “medio suicida” debido a que siempre ha sido visto con un aura de extranjero porque sus padres eran catalanes que huyeron del franquismo. “Les parecía, señala, una audacia que yo me metiese tan rudamente a criticar la identidad del mexicano”.

Sin embargo, lo que hizo Bartra fue justamente aprovechar la condición peculiar de ser hijo de exiliados. Nació, creció y cursó sus primeros estudios en México, pero también se formó en una cultura catalana, europea, y eso le dio la posibilidad de tener una perspectiva crítica poco usual en el país.

Aunque le aconsejaron “no publicar esas cosas”, Bartra preparó el libro en el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM y una beca de la Fundación Guggenheim le permitió redactarlo entre 1986 y 1987.

Fue publicado inicialmente por la editorial Grijalbo y se convirtió en un ensayo clásico. Y ahora, un cuarto de siglo después, el investigador ha comprobado que “el mito del ajolote se ha erosionado, aunque recientemente hay síntomas de un retroceso”.

Bartra nunca pensó que un mito tan arraigado acabaría de la noche a la mañana, pues las dimensiones culturales de la política son de larga duración. “Incluso hay vaivenes y es posible –explica– que haya un cierto retroceso a un nacionalismo revolucionario, populista, vean tanto el auge del PRI como el de las corrientes populistas de la izquierda; pero creo que es algo relativamente coyuntural y que la tendencia a largo plazo es que avancemos hacia una cultura moderna y que abandonemos al ajolote como algo del pasado”.

–¿Qué hacer para convertirnos en una democracia plena? ¿Qué papel juegan los jóvenes que no son ni ajolotes ni salamandras?
–Tienen un lugar muy incómodo en el mundo. Sin embargo, una buena parte de esta gente joven –se podría hacer una estadística, dice– ya ha comprendido que esa unificación de carácter nacional, que la imposición de una manera de ser específica, es algo que no funciona en el mundo de hoy y que no sirve para nada.

Puede ser que algunos jóvenes se desesperen y piensen que habría que regresar a cierto patriotismo, a cierto nacionalismo que está en decadencia. Pero estoy convencido de que los más lúcidos están avanzando hacia identidades muy fluidas y fragmentadas; escogiendo entre diversas alternativas.

Eso se puede observar en todos los terrenos: desde las diferentes opciones sexuales hasta las diferentes opciones políticas, culturales y de estilos de vida… hay una verdadera pluralidad y esto es algo tremendamente saludable.

Poco a poco, de una manera muy lenta que, por cierto, a mí me exaspera, se ha ido erosionando el modelo autoritario y ese viejo mito del mexicano constituido como una dualidad entre la mujer aplastada y el macho dominante, pero al mismo tiempo sumido en la zozobra, en la melancolía, tristeando eternamente porque no hay manera de desarrollarse; sumido en un sentimentalismo absurdo, enfrentándose, oponiéndose a la racionalidad del mundo moderno… es realmente una imagen que sirvió para mantener el subdesarrollo del país durante decenios.

Sin embargo, creo que la superación de este estereotipo contribuyó a que en el año 2000 el PRI perdiera las elecciones y se diese paso a un periodo de transición democrática, coja y embrionaria si se quiere, pero democracia a fin de cuentas. Ese proceso se va a mantener, pero estamos en una coyuntura en la que no sabemos qué va a pasar este 2012 cuando sean las elecciones

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