Tomás Segovia planta cara al espejo y le (se) confiesa “la emoción de estar vivo”

Cuarto rastreo

Por una vez me lo diré a mí mismo
Porque tampoco tiene cara para nadie
Quien no sabe qué cara poner ante el espejo
Porque tiene que haber un sitio
Donde yo siempre dé la cara
A todo aquello a lo que alguna vez
No pude dar la cara

Por una vez me lo diré en secreto
Confesaré para mí mismo que nunca quise en serio
Ganarle a nadie una victoria
Ni defender un sitio
Que creyese de veras que era mío
Ni hallarme a la cabeza de algún sonoro grupo
Enarbolando una bandera

Por una vez me lo diré en un sitio
Donde pueda decirme
Sin ser oído de ninguno
Que soy yo el más valiente
Soy el que no le teme
A la dulzura a la ternura a la emoción
Al peligroso amor ingobernable
Que soy aquel que imperdonablemente
No teme ser amado
Se atreve a dar la cara a esa deuda insaldable
Y prefiere arriesgarse a morir endeudado
Pero no mentirá que nada debe

Por una vez será al espejo
Al que plantaré cara
A quien confesaré sin ser oído
Que al fin y al cabo no hubo nada
Que pudiera curarme la adicción
A esos hipnóticos momentos silenciosos
De dicha en paz en el frescor del mundo
Que todo el desaliento
Y la desilusión la ofensa el desamparo
No me impidieron nunca volver una y mil veces
A detenerlo todo en torno
Para mirar alzarse y adueñarse de mí
La emoción de estar vivo
Que todos los recelos
La lucidez la madurez la duda
La desconfianza no bastaron
Para hacerme escapar ante el sonrojo
De no saber vencer un sentimiento
Pueril de gratitud

Por una vez podré decir
Sin que haya nadie que me contradiga
Que no es lo mismo el que desea
Que el que codicia algo
Como no son las mismas las palabras
Dichas para escuchadas
Que dichas para obedecidas
Ni tampoco es el mismo el que me habla
Para decirme algo
Que el que me habla para que me calle

Porque cualquier palestra
Siempre está hecha para que alguien gane
Y alguien no pueda dar la cara
Y por eso yo tengo que buscar el espejo
Apearme por fin de las palestras
Hablar donde no llega la pelea
Donde no está ensuciada la luz de la palabra
Con esta o con aquella competencia
Donde no tengo que dar cuenta
A nadie que a su vez no me dé cuenta
Donde puedo decir que no es lo mismo
Vivir que hacer la guerra
Sin que nadie por ello me haga guerra
Queriendo avergonzarme
En alguna madura y lúcida palestra

Por una vez daré por cierto
Que no tengo por qué justificarme
Si el dedo del reproche me denuncia
Por mi complicidad secreta
Con los vientos las lluvias las tormentas
El rumor pensativo del follaje
Las adictivas flores
La cadencia narcótica y fraterna
Con que se mueven las mujeres
La astucia con que el tiempo disimula
Su lentitud nativa
La obstinada lealtad con que la infancia
Nunca dará a torcer su brazo
Y tantas otras cosas que no enseño
No porque tenga que esconderlas
Sino porque no tienen afuera ningún precio

Por esta sola vez no doy la cara a nadie
No respondo de nada mío afuera
No reivindico nada salvo frente al espejo
Por esta sola vez me lo diré a mí mismo
Esconderé bajo mi cauta capa
Todo lo que no supe desnudar
En los inamistosos descampados
Todo lo que no supe nunca defender bien
En la desolación de la intemperie
Lo que siempre juzgué que sólo debe
Frente a otra intemperie mostrar su valentía.

Junio de 2010.

También les dejo estos versos publicados en la revista Letras Libres:

Décimo rastreo

Necesito poner muy a menudo
Largamente ante mí sin distraerme
Eso que inauguraba cada día mi día
En aquel tiempo en que aún estaba
Limpia mi edad entera
Aquel deslumbramiento emocionado
De ver cada mañana al salir de mi casa
Que había para mí un mundo
Esperándome afuera
Que había para mí un aire
Abierto todo como un claro pecho
A los olores los sonidos los destellos
Que circulaban por su seno
A la espera de mí
Como también a los sensuales soplos
Que corrían afuera esperando a mi piel
Y ver que había para mí un tiempo
Airosamente ante mis días desplegado
Donde ir buscándole su lecho propio
A cada íntima parcela
de tierra prometida de mi vida

Y eso dentro de mí que tanto necesita
No distraerse de su fiel memoria
Es eso mismo que aún espera
Entrar cada mañana
En un mundo en un aire en una luz
Que me esperan afuera como siempre
Y que no tienen como siempre otro destino
Que inaugurar mi día
Preparar mi llegada día a día
Vigilar día a día
Que vuelva a despertar y a prometerme

Eso que ya no le da al tiempo
Ningún nombre de tierra prometida
Pero que sigue abriéndose a su cauce
Huracán o caricia alud o escamoteo
Pues aunque ahora sé
Que han de quedar cerradas para siempre
Las puertas que no abrí
Sé a la vez sin embargo
Que sigo estando hecho para un mundo
Que sigue estando hecho para mí
Un mundo en que lo más extraño
Me sigue siendo familiar
Lleno de cosas para ser tomadas
O para ser miradas o para ser pensadas
Lleno de persuasivos animales
Rotunda cada especie en su ser natural
Un mundo pleno y mío del que nunca
Me sentiré como el cursi manchado
Ni al igual que el angélico me sentiré evadido

Y es esto lo que explica que necesite tanto
Tener siempre ante mí sin distraerme
Eso que en el comienzo abrió mis ojos
Despertó para el mundo al que dormía
Eso que me sumió en las aguas del tiempo
Para allí alzarme hasta el bautismo
Bajo aquel primer chorro deslumbrante de tiempo

Eso que ha de seguir estando siempre aquí
Si es que estoy aquí yo
Eso que en aquel tiempo
Me entregaba a mí mismo al entregarme al mundo
Y que sigue mostrándome que seré leal siempre
Al vértigo primero de mis rendiciones
Y que esa lealtad es todo lo que soy.

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