Sobre Guillermo O’Donnell

Jesús Silva-Herzog Márquez nos recuerda hoy en Reforma el trabajo, las aportaciones y la influencia de uno de los teóricos de la política y la transición a la democracia como fue el argentino Guillermo O’Donnell. Un estudioso que, como intelectual, se incorporó siempre al debate público. Recomiendo, pues, el siguiente artículo:

El 29 de noviembre pasado murió en Buenos Aires el politólogo más importante que ha dado América Latina. Había regresado a su país hace unos años, después de haber trabajado toda su vida en universidades de Estados Unidos, participando en los debates centrales de la academia norteamericana en el último medio siglo. Tuvo la extraordinaria capacidad para otorgarle dimensión teórica a la circunstancia. Supo dar nombre a las nuevas realidades: bautizó y esculpió conceptualmente las últimas dictaduras y las deficientes democracias. No se detuvo nunca en sus conquistas académicas. Su curiosidad lo llevaba a revisar constantemente sus conclusiones. Se discutió, reformuló sus ideas, buscó nuevas incógnitas. Así, quien fuera el expositor más brillante de la explicación estructural para entender el surgimiento de las dictaduras latinoamericanas, apreció años después el peso del liderazgo en el cambio de régimen. O’Donnell entendió bien que la política es un reino en el que se cruzan los intereses, las reglas y las decisiones.

Guillermo O’Donnell fue uno de los primeros transitólogos. A fines de los años setenta, Abraham Lowenthal era director del centro latinoamericano del Wilson Center e invitó a los académicos más prestigiados de la región para reflexionar sobre los desafíos de América Latina. O’Donnell y Fernando Henrique Cardoso (quien después sería presidente de Brazil), compartían la idea de que las dictaduras tenían los días contados. Había que estudiar el cambio de régimen. “Tal vez sea tiempo de estudiar las transiciones a la democracia,” le dijo a Cardoso. De esa intuición, de la que se apartaría finalmente el brasileño, apareció el volumen seminal de ese debate universitario que, entre nosotros se volvió manía.

El trabajo que, junto con O’Donnell, coordinaron Philippe Schmitter y Laurence Whitehead, era un trabajo académico de innegable solidez y optimismo: la dictadura no era una maldición que América Latina tendría que padecer por décadas para cumplir algún designio histórico. El autoritarismo podría desmontarse a través de la movilización y, sobre todo, de la negociación con los sectores más abiertos del régimen. El libro tuvo una recepción formidable. No solamente se volvió una rica fuente de debates académicos sino que salió del circuito universitario para entrar en el debate público. Cuando se publicó en 1986, se leyó con interés en Sudáfrica, en la Unión Soviética, en Polonia, en China, en Corea. El producto académico encontró el mayor elogio que un manual democrático puede recibir: fue texto prohibido

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