Sobre Piero Calamandrei

El Boomeran (g) nos comparte el interesante ensayo de Perfecto Andrés Ibáñez, La Toscana esencial de Piero Calamandrei, que sirve de prólogo al libro Inventario de la casa de campo (escrito por ese gran jurista italiano en 1941), que editorial Trotta publicará próximamente. A Calamandrei se le conoce, entre las personas cultas, como un destacado jurista; y entre profesionales del derecho (que además lean) se le reconoce, casi únicamente, como procesalista. Pero muy pocos saben que al científico del derecho se suman facetas y perfiles tan diversos como el del político, docente, pintor, literato, promotor cultural, orador, etc. En ese hombre se hallaban unidas la intuición jurídica y la sensibilidad literaria, la reflexión política y la inteligencia del artista. Casi al mismo tiempo, mientras pensaba y escribía sus obras teórico-jurídicas, Calamandrei escribía versos, fábulas y narraciones autobiográficas de gran calidad como su Inventario de la casa de campo, una vuelta al mundo interior de su infancia.

Los dejo con Perfecto Andrés Ibáñez (otro gran juirista):

En el mundo de habla hispana Piero Calamandrei [1889-1956] ha sido por lo común objeto de dos tipos de aproximación a su figura y a su obra, ambos enuna clave a mi juicio objetivamente reductiva. En efecto, pues, de un lado, las personas cultas lo han tenido –con sobrada razón– como el gran jurista que fue, pero solo como jurista; mientras que los profesionales del derecho han visto en él –igualmente con buen fundamento– al brillantísimoprocesal-civilista, el primero de los de su época, hoy un clásico, pero también solo procesal-civilista. Este segundo juicio, con todo, no puede ser tachado de arbitrario, por cuanto basado en el dato de una imponente proyección bibliográfica en castellano. Además, feliz proyección, pues lo cierto es que el empeño de
Santiago Sentís Melendo, como esforzado traductor y editor ejemplar, hizo posible una extraordinaria difusión de las aportaciones de nuestro autor (en la relevantísima vertiente aludida) en la academia y en el foro hispanoamericanos,abriendo con ello el formalismo dogmático reinante en ambos medios a una cultura procesal garantista y sumamenterica en implicaciones materiales. La propia de quien –según escribiera Cappelletti, con buen conocimiento de causa– entendía el proceso como medio de “tutela del derecho del hombre y el derecho […] como cubierta protectora de la libertad”, y fue autor de “una obra de coherencia, de pasión, de compromiso y de ingenio que no habría podidoy no podrá dejar de fascinar a cuantos sean amantes de la
libertad que él amaba”

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