Se fue Guillermo O’Donnell

A propósito del lamentable fallecimiento del argentino Guillermo O´Donnell -uno de los politólogos más influyentes de los últimos años, estudioso y crítico (algo muy necesario hoy día) de los gobiernos democráticos en ejercicio, un científico cuya prosa reflexiva, rigurosa, clarificadora, se dejaba leer muy bien-, recupero una entrada de este blog que compartí con ustedes el pasado mes de marzo a raíz de una entrevista que O´Donnell sostuvo con una conocida revista cultural. Va:

Revista Ñ publica una interesante entrevista con el politólogo argentino Guillermo O’Donnell, quien, preocupado por la calidad de las democracias, ha enfocado sus estudios teóricos en los ejercicios de gobierno, más que en las vías de acceso al poder. En su nuevo libro Democracia, agencia y Estado. Teoría con intención comparativa (2010) el autor reivindica la importancia de temas clásicos de la democracia como la ciudadanía y la participación, subestimados por muchos politólogos cuyo interés únicamente descansa en el estudio formal de las instituciones (racionalizadores del status quo, como los llamó Cornelius Castoriadis). Ahora que parece haber “consenso” en torno a la democracia como mejor forma de gobierno, este libro, dice el propio O’Donnell, es “una crítica democrática a las democracias”. Va un fragmento del texto:

Guillermo O’Donnell se ha dedicado durante muchos años a estudiar temas vinculados al Estado y la democracia. Desde sus primeras investigaciones sobre el Estado burocrático-autoritario ha desarrollado diferentes conceptos teóricos que le han valido un gran reconocimiento de la comunidad académica local e internacional. Su nuevo libro Democracia, agencia y Estado. Teoría con intención comparativa recoge el trabajo intelectual de más de una década y se propone realizar “una crítica democrática a las democracias”, señalando fortalezas y debilidades con el propósito de aportar elementos que sirvan para la construcción de mejores prácticas institucionales. La motivación de este proyecto surge, según menciona el propio autor, de la constatación de que todavía se está lejos de una implantación plena de la ciudadanía en todas las sociedades contemporáneas.

El texto se sostiene sobre dos pilares fundamentales: por un lado, la idea de que el ciudadano, en tanto portador de derechos y obligaciones, debe ocupar en democracia un rol protagónico en la escena social y política; por el otro, la defensa del carácter abierto de la democracia y de las permanentes tensiones y disputas políticas inherentes a la delimitación de aquellos derechos y obligaciones.

Acerca de estos temas y de sus diversas ramificaciones, O’Donnell conversó con Ñ .

La concepción del ciudadano como agente ocupa un lugar central en su trabajo. ¿Podría definir sus características más importantes? El disparador de este libro es que, aunque hablemos de algo restringido como la democracia política o el régimen político, si uno mira con cuidado, descubre que ahí ya está puesto, por la legalidad que impone el mismo régimen político, un agente. Si a mí se me da el derecho, no sólo a participar libremente de reuniones y opinar, sino también a elegir y, sobre todo, a intentar ser electo, se me está diciendo, de una forma legalmente sancionada, que yo soy un agente: tengo la capacidad cognitiva y moral, salvo prueba en contrario, de participar en la toma de decisiones colectivas eventualmente respaldadas por la coacción del Estado. Ese es el núcleo fundamental de la democracia. A nosotros, ciudadanas y ciudadanos nos corresponde desarrollar y potenciar eso: actuemos como agentes, es nuestra responsabilidad y nuestro derecho. El hecho de ser titulares de agencia nos habilita a luchar por derechos.

La agenda de derechos por los que las sociedades luchan varía permanentemente. Por ejemplo, los derechos del trabajador, que hace doscientos años eran soñados, hoy son considerados indiscutibles. También lo son el derecho a no sufrir violencia en el hogar y los derechos a la identidad cultural. El derecho a la identidad sexual hasta hace poco era un delito, hoy es un derecho muy importante.

No se puede limitar entonces a la democracia con una definición teórica cerrada y definitiva.

Una virtud de la democracia es que no hay forma de cerrarla, es un horizonte siempre abierto. Esto implica dos cosas: gran frustración, ya que no todos los derechos se realizan efectivamente en el presente, pero también esperanza, en la medida en que siempre será posible luchar por esos derechos. Este carácter abierto es el corolario más fuerte de la idea de agencia.

Yo siempre he creído, y creo, que una teoría política debe estar históricamente anclada: si uno se olvida de la historicidad y de las particularidades sociales se equivoca muchísimo. Siempre me pareció notable la creatividad continua en democracia, con retrocesos por supuesto. Cosas que no podían ser ni soñadas ni previstas en 1850, algunos años después se hicieron obvias. Pensemos, por ejemplo, en el voto femenino o en el voto campesino. Estas conquistas costaron muchísimo. Siempre aparecen nuevas cuestiones

Jesús Silva-Herzog Márquez nos ofrece en su blog varios enlaces interesantes sobre el trabajo de Guillermo O´Donnell.

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