La lucha democrática en el mundo árabe

Revista Ñ entrevistó al intelectual francés y especialista en relaciones internacionales Pascal Boniface acerca de la llamada Primavera Árabe, una ola de revueltas democráticas que sacuden a diversas naciones árabes y que hicieron eco entre los indignados de Europa y de los Estados Unidos. Si algo comienza a quedar claro luego de las rebeliones populares en el mundo árabe, es que éste no es incompatible con la democracia y con la lucha por las libertades públicas (para muestra, lean el editorial de hoy en El País: Hambre de libertad) . Las nuevas generaciones son mas abiertas y globalizadas; además, están mejor comunicadas con el exterior y tienen acceso a redes sociales como Facebook y Twitter, que les permitieron convocarse, de manera horizontal, para compartir una indignación común.

El autor de Les intellectuels faussaires (Los intelectuales falsarios) responde:

-¿De qué hablamos cuando hablamos de ola democrática en el mundo árabe?

-La llamada Primavera Árabe es un movimiento amplio pero que abarca realidades nacionales diferentes. Y no debe pensarse que todo el mundo árabe experimentará una evolución comparable porque la situación inicial no era la misma. Tenemos casos diferentes. Hay dos verdaderas revoluciones democráticas y populares en Túnez y en Egipto, aunque en Egipto la situación no es igual porque el ejército conserva un papel político más importante que en Túnez. En Siria tenemos una represión que supera los 3.000 muertos y que puede terminar en guerra civil o en derrocamiento del régimen. En Yemen, también hubo represión y en Bahrein la situación es diferente, ya que hay una represión con el silencio de Occidente que no asumió la misma actitud que con Libia, donde intervino militarmente o con respecto a Siria, donde protestaron sin intervenir. De modo que son situaciones muy distintas que corresponden a situaciones nacionales diferentes. El error que cometieron algunos es hablar de una teoría del dominó y decir que a partir del momento en que los regímenes de Ben Alí (Túnez), de Mubarak (Egipto) cayeron, la totalidad de los regímenes árabes caería, uno tras otro.

-¿Qué casos constituyen excepciones?

-En Argelia, por ejemplo, hay sed de democracia, pero el recuerdo de la guerra civil paraliza aún las reivindicaciones democráticas. En Marruecos, el rey anticipó reformas y tiene una legitimidad personal más importante. O sea que no hay un riesgo de destitución de Mahomed VI a mediano plazo. Y vemos que en el golfo, países como Qatar o los Emiratos Arabes Unidos están protegidos por su riqueza. De todos modos, se puede hablar de Primavera Arabe porque hubo un brote en todas partes, lo vemos incluso en una interrogación, aunque sea tímida, más fuerte en Arabia Saudita e Irán sobre el estatuto de las mujeres, pero, una vez más, no es un movimiento uniforme, total; y no va a caer el conjunto de los regímenes árabes. En todos los casos, lo cierto es que se ha demostrado que el mundo árabe no es incompatible con la democracia y que no hay una fatalidad en el hecho de que los pueblos árabes no conozcan la democracia. Mostraron, en cierta medida, la hipocresía que implicaba sostener regímenes dictatoriales porque eran pro-occidentales como el de Mubarak y el de Ben Ali.

-¿Qué papel desempeñaron los jóvenes en este proceso democrático?

-Esencial. Los menores de 25 años constituyen una parte muy importante de la población y vemos que en todos los países, sobre todo en Túnez y Egipto, pero también en Siria, la juventud estuvo a la vanguardia de las revueltas populares y de las demandas de democracia porque está globalizada. Tiene acceso a las redes sociales, a la información, está en contacto con el mundo exterior y por lo tanto ya no acepta las fórmulas gastadas de los dictadores que querían imponer una suerte de monopolio sobre la información. Lo importante fue la determinación de la juventud de no aceptar más un régimen que parecía injusto, que parecía completamente cerrado y hermético al cambio y a las reformas y que a la vez les parecía económica y socialmente ineficaz, injusto, y además en el caso de Egipto y Túnez, con perspectivas de sucesiones dinásticas que prácticamente hacían parecer eternos regímenes que ya habían durado más de 40 años.

-¿Le parece efectivo el papel de las redes sociales como Facebook y Twitter en estas revueltas?

-No se pueden explicar las revueltas solamente por Facebook. Pero es indudable que esas redes permiten relaciones directas de persona a persona sin pasar por el gobierno. Estas redes desempeñaron un papel importante porque permiten romper el monopolio de las autoridades sobre la información. Pienso que una emisora como Al-Jazeera también desempeñó un papel importante porque a su modo rompió el monopolio de los gobiernos sobre la información. Esas redes son medios, no fines en sí mismas. Si fueron útiles es porque se las utilizó

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