Poemas de Jordi Virallonga

Clarea

Clarea,
sopla el aire de mañana
un misterio otoñal de acogida.

Nada sabe,
nada saben las cortinas, los visillos,
nada sabe la noche indecisa,
la mañana indecisa jaspeando la blanca flor de los geranios.

Pero lo cierto es que algún día
tú no estarás aquí
y yo te amaré sin haber de amarte,
quedaré solo por las veces que estuviste,
por las veces que me amaste, por el nombre que me diste.

Clarearán muchas veces más mañanas,
y aunque no te importe
nadie aquí recordará tu tacto,
se hará usual el vacío en los armarios,
el perro dormirá en la cuna despoblada
y las enredaderas absorberán el agua terrea de los geranios.

Pero lo cierto es que hoy huele todavía al mismo
limpiamuebles,
que me he puesto tu colonia y he observado con codicia tus
braguitas,
tan inmerso como estoy en tu ausencia pavorosa.

Quisiera decirte

Quisiera decirte
que nunca paseé con ella,
que ningún escaparate devolvió nuestra silueta reunida
ni su pecho presionó con su mudo acordeón
nuestros cristales,

que nunca contemplé su desnudez en lugares inquietantes,
que ni siquiera sé su nombre,
que no sé de qué me estás hablando.

Quisiera decirte que no es verdad,
que el domingo estuve paseando a solas con el perro,
que el perro nunca la quiso.

Quisiera decirte que nunca vivió conmigo,
que supieras qué sé yo,
que era fea, jorobada y reaccionaria,

decirte que siempre te fui fiel,
que nunca existió,
que nunca jamás la quise.

Los ahorros

En realidad me engañaste,
deposité mi amor en ti
como en una caja fuerte,
y que ahí estaría siempre, decías,
hasta que volviera a buscarlo.

Has quebrado, involuntariamente, es cierto,
(¡amor y muerte son tan involuntarios!),
no hay nadie en tu escritorio y te has llevado
todos mis ahorros dejándome los tuyos.
No sé qué hacer con ellos, eso pasa,
ni con toda esa fe que tenías en el mundo.

Breve reflexión sobre la práctica de valores ciudadanos

A veces sucede que se termina el año,
que hemos bebido mucho, queremos sexo,
o charlar o que no se termine la noche
tan como la habíamos previsto,
porque van a venir las voces
a ocupar el lugar del sueño, o los ángeles
no permitirán que suceda nada malo
y un vacío simple nos ocupa la ternura
que habría que llenar urgentemente
con un cuerpo que nos cubra, un sudor a satisfecho.

Pero la decencia enseña
que hay que poner en juego la entereza,
la prestancia, el sentido del ridículo,
el orgullo, esa autosuficiencia
que nos lleva a la cama solos,
muy despiertos y pensando
lo jodidamente dignos que hemos sido.

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