Sobre la obra de Peter Sloterdijk

A petición de mi amigo Marco Sanz, les comparto el recorrido que el profesor Marco A. Jiménez hace de la obra del filósofo Peter Sloterdijk, y que fue publicado por la revista Fractal bajo el título Peter Sloterdijk y los confines de la modernidad. Les dejo un fragmento para que se animen a continuar con la lectura:

En plena reconstrucción de Europa, en la Alemania de 1947, luego de la segunda guerra mundial, como si se tratara de un producto incubado durante la batalla, nace Peter Sloterdijk, en el lado oeste de una tierra dividida por dos versiones de la misma historia. Su incipiente formación se realiza en torno a la Escuela de Frankfurt; asiduo lector de Adorno y Horkheimer, pronto se percató de la nostalgia que invadía al pensamiento de ambos autores, desde una Añoranza de lo completamente otro[2] que remite a una judeidad teóricamente recuperada, hasta el melancólico esfuerzo por restaurar la inconclusa racionalidad crítica capaz de dar cuenta del continuum de una modernidad desintegrada. Ambas cuestiones también pueden ser comprendidas como el intento de la Teoría crítica, que a manera de una teodicea, busca resarcir un paraíso perdido, o como la escéptica invención de un futuro horizonte paradisiaco como salida posible a la modernidad.

Al igual que como en su momento lo hiciera John Lenon, Peter viaja a la India para estudiar con Osho, un reconocido gurú que influye esotéricamente en su concepción filosófica. Cuando uno toma sus textos pareciera sumergirse en una vorágine de reflexiones entre literarias, poéticas, filosóficas, sociológicas y políticas, todas ellas envueltas en un fino sentido íntimo y afectivo que trasluce la figura de un hombre irónico, de pensamiento complejo y de dionisiacas vivencias.

Formado académicamente en Germanística e Historia por las Universidades de Münich y Hamburgo, se doctora con una tesis sobre literatura y organización de las experiencias vitales. Al igual que Freud, quien recibiera la presea Goethe, ha sido reconocido por la Academia Alemana de Literatura y Poesía, quien le otorgó el Premio Sigmund Freud de Prosa Científica, mismo que han recibido autores como H. Arendt, K. Barth, W. Heisenberg, E. Bloch, H. G. Gadamer y J. Habermas.

Podríamos caracterizar su pensamiento como uno de los más independientes y creativos de Europa y del mundo, acusado, paradójicamente, de tener una retórica neoconservadora[3]. Sloterdijk, como un Diógenes moderno, es un filósofo provocador, que por momentos, autores como Habermas no han podido soportar. Él es uno de los más agudos lectores del pensamiento nietzscheano, así como un arduo intérprete de Heidegger, en esta globalización triunfante que parece inaugurar otro mundo.

Razón cínica

Se da a conocer con la Crítica de la Razón Cínica (1983)[4], trabajo que sitúa al autor con respecto a una primera crítica, la de la Razón pura de Kant, en donde, a diferencia de esta última, más que abrir una lectura sobre la conciencia de la Ilustración, lo que él ofrece es una confrontación con la “falsa conciencia ilustrada”; expresión paradójica que muestra la transmutación de la conciencia como signo de verdad, en otra que no es mentira ni tampoco error, sino una experiencia fundadora de nuestra modernidad globalizada.

[…] cinismo es la falsa conciencia ilustrada. Es la conciencia modernizada y desgraciada aquella en la que la Ilustración ha trabajado al mismo tiempo con éxito y en vano. Ha aprendido su lección sobre la Ilustración, pero ni la ha consumado ni puede siquiera consumarla. En buena posición y miserable al mismo tiempo, esta conciencia ya no se siente afectada por ninguna otra crítica de la ideología, su falsedad ya está reflexivamente amortiguada.

<> […] la frase es, incluso, un cinismo en estado cristalino. Sin embargo, ésta pretende una validez objetiva. […] desde un punto de vista lógico, se trata de una paradoja, pues ¿cómo podría ser una conciencia ilustrada y al mismo tiempo falsa? […] Tal y como están las cosas, sólo sigue dándose una fidelidad a la Ilustración en la infidelidad.[5]

Pero no nos confundamos, una cosa es ser cínico y otra quínico, este último término referido a Diógenes el filósofo burlón, excéntrico e irónico que habitaba en un tonel. Una característica de esta época entendida como globalización es su condición cínica, como algo opuesto a la espontaneidad ingenua. El cínico moderno, como dice Sloterdijk, es un caso “límite del melancólico”, son sujetos a los que perfectamente se les puede encontrar dirigiendo empresas, en las cámaras de diputados, en la instituciones electorales, como rectores de universidades o directores de facultades. Los cínicos se mueven con cierta habilidad en este ambiente social; son afanosos y se rigen bajo una ética cínica de la responsabilidad[6].

La globalización cínica no es una fase superior del capitalismo ni un modo de producción distinto en el mundo, no se trata de un estadio, un eslabón más de la cadena denominada historia universal; es ante todo un modo diferente de existir, donde es hora de decir adiós a la tragedia para dar paso al cínico melodrama como forma de vínculo global. Es, como propone Sloterdijk, la sustitución de la ética de la acción por la ética de la responsabilidad en donde esta última funge como ilusión al hacer creer a los individuos que cumplen en lo local con las tareas universales, votar por ejemplo, a pesar de que sus asuntos particulares no sean tomados en cuenta, a quienes por lo menos en su frustración les queda la posibilidad de llamar insensatos a quienes no cumplen con sus funciones[7].

Como bien se señala, una versión posmoderna y cínica del imperativo categórico de la ética de la responsabilidad podría ser “Ejecuta en cualquier momento sólo aquellas acciones que, bajo consideración de todos los motivos razonables de omisión, desde tu punto de vista personal y desde tu lugar funcional no puedan quedar incumplidas.”[8]

Si bien la Crítica de la razón cínica se sostiene bajo la sombra eulógica de una crítica de la razón pura, ofrece sin condicionamientos un viaje ético y estético que remite constantemente a la crítica de la razón práctica y a la del juicio.

Pocos pensadores han tomado como pretexto la lengua sacada, los senos, los culos, los pedos, la mierda, los desperdicios y los genitales, como tema de sus reflexiones. Crítica, crítica sí desde el cuerpo mismo, desde sus estertores, excrecencias y excreciones; jorobas, verrugas, callos, carcajadas, sangre, sudor, lágrimas, risas y flatulencias que como descomposturas y desgarramientos dan muestras de las vivencias humanas.

“La crítica de la razón cínica pretende -por citar la caracterización que de las comedias aristofánicas hizo Heinrich Heine- seguir <>, sobre la que descansa la gaya ciencia…, <> (los baños de Lucca)”[9]

Si la filosofía se está muriendo, como afirma Sloterdijk, en una agonía infinita que no concluirá hasta haber revelado el último de los secretos de este mundo. La pregunta que nos hacemos es, si todavía hay secretos por revelar en el Palacio de Cristal y si así fuera quién o quiénes se interesarán por ello. [10]

El pensador

No parece extraño que nuestro autor estuviera entusiasmado en dar continuidad a su primera obra trabajando con un personaje emblemático del espíritu dionisiaco y quínico como lo es Nietzsche, así su libro El pensador en Escena. El materialismo de Nietzsche (1986) representa la posibilidad de recuperar a Dionisio y a Diógenes no para hacer una reseña más del autor de El nacimiento de la tragedia, ni para colocar a esta obra como una expresión dionisiaca, sino más bien para interpelar, desde una postura apolínea, la manifestación de lo trágico.

Si una riqueza puede extraerse de la lectura de este libro no la es la apuesta parcial al triunfo de Dionisio sobre Apolo, sino al carácter agónico de ambos, es decir, de luchadores, de guerreros, de enfrentamiento entre dos dioses mitológicos. Con lo que pone al descubierto que no es el triunfo del racionalismo sobre el irracionalismo o aquello contrario lo que beneficia al mundo, pues no se trata de un exceso de auto-conservación o de pura voluntad ajena a la realidad en donde la vida se encuentra, es decir, no es con anclajes y cadenas que nos fijen a una realidad o huyendo de ella con la pura voluntad como la vida debe ser experimentada, es precisamente esta concepción bipolar, escindida, que apuesta a un lado o a otro de la humanidad, lo que aquí se pone de relieve como un mundo decadente que empobrece y mortifica lo viviente

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2 Responses to Sobre la obra de Peter Sloterdijk

  1. Marco says:

    Sobre la polémica con Alex Honneth:
    http://www.revistadelibros.com/articulos/el-caso-sloterdijk

    Y una (incompleta) traducción al inglés del texto que la suscitó:
    http://forums.politicalmachine.com/356025

    Saludos!!

  2. Irad says:

    Creo que el primer texto ya lo había leído, pero habrá que recordarlo.

    Saludos!!

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