Ulrich Beck sobre los ‘Indignados’

Con más optimismo y claridad que Slavoj Zizek, el sociólogo alemán Ulrich Beck, uno de los pensadores más influyentes en la actualidad y crítico de la modernidad global y sus riesgos, ese nuevo mundo feliz, escribe un artículo sobre el movimiento Occupy Wall Street y los indignados del mundo en general, quienes tienen algo de lo que carece, por completo, el capitalismo depredador, financiero: la legitimidad. El capitalismo realmente existente, fuente de saqueos, miseria y rescates públicos de finanzas privadas (especie de socialismo de Estado sólo para ricos), constituye un riesgo global y la mayoría estamos concientes de ello. Hay una escisión profunda “entre quienes generan los riesgos y se benefician de ellos y quienes tienen [tenemos] que apechugar con las consecuencias”. Para Beck, si bien no ha surgido una acción o activismo comunitarios, sí hay una conciencia de crisis alimentada, una y otra vez, por el adversario principal del capitalismo financiero global, que es, por supuesto, el propio capitalismo financiero global.

Va un fragmento del texto Indignados, entre el poder y la legitimidad, de Ulrich Beck:

Cómo es posible que un otoño caliente en EE UU, a imagen y semejanza de la primavera árabe, eche por tierra la creencia más arraigada de Occidente, la imagen económica mundial del american way? ¿Cómo es posible que la consigna Ocupa Wall Street no solo saque a la calle a jóvenes de otras ciudades de EE UU, sino también de Londres y Vancouver, Bruselas y Roma, Fráncfort y Tokio? Y esos manifestantes no se han congregado para elevar su voz contra una mala ley, sino contra el propio “sistema”. Se pone en tela de juicio aquello que antes se denominaba “economía de libre mercado” y ahora se vuelve a llamar “capitalismo”. ¿Por qué el mundo está dispuesto a escuchar cuando Ocupa Wall Street se erige en portavoz del 99% de los oprimidos en contra del 1% de los beneficiados? En la página web WeAreThe99Percent pueden leerse las experiencias personales de ese 99%: las de quienes han perdido sus casas en la crisis inmobiliaria, son los nuevos precarios, no pueden permitirse un seguro médico o tienen que endeudarse para poder estudiar. No son los “superfluos” (Zygmunt Bauman), no son los excluidos, no es el proletariado, sino la clase media la que protesta. Eso deslegitima y desestabiliza “el sistema”.

Sin duda, el riesgo financiero global no es (aún) una catástrofe financiera global. Pero podría llegar a serlo. Este condicional catastrófico es el tifón de los acontecimientos que han irrumpido en forma de crisis financiera en el seno de las instituciones sociales y de la vida cotidiana de las personas, barriendo las coordenadas que hasta el momento servían para orientarse. Al mismo tiempo, todo esto hace palpable una especie de comunidad de destino de ese 99%. Si Grecia va a la quiebra, ¿querrá eso decir que mi pensión en Alemania ya no está garantizada? ¿Qué significa la “quiebra de un Estado”? ¿Quién podría pensar que los arrogantes bancos acabarían pidiendo ayuda a los empobrecidos Estados, que pondrían a disposición de las catedrales del capitalismo sumas de dinero astronómicas, en un mundo al revés? Hoy, eso es algo que pensamos todos. Lo que no quiere decir que alguien lo entienda.

Esta anticipación del riesgo financiero global es una de las grandes formas de movilización del siglo XXI. Porque es un tipo de amenaza que se percibe en todas partes. Son acontecimientos que chocan con los marcos conceptuales e institucionales dentro de los que pensábamos hasta ahora la sociedad y la política; cuestionan esos marcos desde dentro, aunque afectan a muy diversos contextos y situaciones culturales, económicas y políticas; de ahí que la protesta global exhiba diferencias locales.

Los flujos financieros de estas nuevas transacciones digitales financieras, que mantienen en perpetuo movimiento la totalidad del globo, que hacen subir y luego dejan caer a países enteros, remiten de forma ejemplar a la novedosa dinámica de protesta en la sociedad del riesgo global. Pues los riesgos financieros globalizados podrían entenderse como si la situación, objetivamente, se manifestara contra sí misma. Bajo el imperativo de la necesidad, asistimos a una especie de curso relámpago que versa sobre las contradicciones del capitalismo financiero. Los medios de comunicación nos ponen al corriente de la escisión radical entre quienes generan los riesgos y se benefician de ellos y quienes tienen que apechugar con las consecuencias

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