¿Quieres ser escritor?

¿Sirven para algo las escuelas de escritores? ¿Un escritor nace o se hace? ¿Qué pueden ofrecer los cursos de escritura creativa que no ofrezcan la escuelas de letras? Hay ejemplos de escritores que se forjaron en talleres de creación literaria (como los de Arreola o Monterroso), en escuelas dinámicas (como la de Bellatin), otros que vienen de la universidad y otros, como Guillermo Fadanelli, que podrían declarar: “… mi taller literario consistió en pasearme durante horas por las librerías”. El talento es un misterio, el oficio de la escritura no. Héctor González preparó el siguiente reportaje:

A finales de agosto de 2005 cerró el Centro Mexicano de Escritores (CME), instancia que durante más de cincuenta años fungió como semillero de autores como Juan Rulfo, Ricardo Garibay, Rosario Castellanos, Jaime Sabines y José Agustín.

Aunque existe el antecedente del Mexican Writing Center, fundado por Margaret Shedd a principios de los años cincuenta, al CEM se le considera pionero en la enseñanza de la escritura. Sin embargo, y en términos estrictos, no era una escuela. Funcionaba con un método similar al de un taller. Al escritor en formación se le concedía una beca y se le asignaba un tutor que iba guiándolo durante el proceso creativo de su obra.

Ante la falta de un lugar de enseñanza en forma, en 1986 la Sociedad General de Escritores de México inauguró su escuela con el objetivo de formar autores en literatura, cine, radio y televisión. Veinticinco años después la escuela de la Sogem intenta reponerse de una severa crisis financiera y de credibilidad. En abril de este año Mario González Suárez, entonces director del plantel, renunció junto con un grupo de maestros. En su carta de dimisión denunciaron “una pésima administración, la endémica falta de transparencia financiera, el creciente deterioro del bello e invaluable edificio que la alberga, la obsolescencia del equipo de apoyo didáctico, una nula inversión en el acervo bibliográfico y, sobre todo, en las indignas condiciones laborales de quienes constituimos la planta de profesoras y profesores. Pero el mayor problema es el distanciamiento de la directiva de la Sogem respecto de la vida y la comunidad académicas de nuestra escuela. Es decir, esta crisis fue provocada porque a la precariedad descrita se sumó la negativa rotunda de Lorena Salazar, los miembros del Consejo directivo que preside y la administración de la Sogem a establecer, según es su responsabilidad, canales de interlocución necesarios para resolver los problemas apremiantes que aquejan a nuestra escuela —la cual carece, por cierto, de personalidad jurídica y reglamento interno”—. De aquella escisión nació la Escuela Mexicana de Escritores.

A nivel literario, México es un país de talleres pero no de escuelas. El Estado auspicia las de música y pintura, pero no las de escritura. Abundan cursos o tutorías promovidas por organismos como el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes o el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. Las escuelas son privadas o propiedad de fundaciones y asociaciones civiles.

Teodoro Villegas fue fundador y director por diez años de la Escuela de Escritores de la Sogem. “Seguimos con el mito de que la escritura surge porque la musa baja o porque tienes una vasta cultura. Ese es un error. Así como la pintura requiere herramientas, la escritura también. No hay necesidad más que de tener pluma y papel. Hay estructuras de principio que debes saber manejar para después romperlas y crear vanguardias”, dice en entrevista.

Escuela vs. Facultad de Letras

Por tradición, varias generaciones de escritores se formaron en facultades universitarias dedicadas a las letras. Para Mario González Suárez no es igual lo que se imparte en una universidad que en una escuela dedicada exclusivamente a enseñar el oficio de narrar: “La formación de escritores no es algo propio de una facultad de Letras. Si hay una escuela de pintores o de cine, por qué no habría de existir una de escritores. Nosotros funcionamos a partir de la experiencia de los maestros que son profesionales de su oficio. No se dan materias para llenar una currícula y cubrir cierto número de créditos. En la Escuela Mexicana de Escritores el personal docente está conformado por escritores en activo”.

A unos días de haber concluido su primer ciclo escolar, el autor de De la infancia hace un balance sobre lo conseguido hasta ahora: “Sorpresivamente, ha funcionado mejor de lo que esperábamos. Hay mucho interés por ingresar. Ya tenemos abiertas las inscripciones para el próximo periodo que inicia el 9 de enero. Tenemos una administración real, así que dependemos de la colegiatura de los alumnos. Siendo autocríticos, hemos tenido que mejorar el aspecto administrativo. Nos enfrentamos a una situación fiscal que desconocíamos. Al principio yo me encargaba de todo, pero descubrí que era un error y que necesitaba gente especializada. Por el lado académico actualizamos los programas porque lo que propone la Escuela Mexicana de Escritores es un diplomado que se obtiene mediante la producción de una obra. De modo que estamos ajustando los programas para que los alumnos puedan trabajar a partir de un sistema de tutorías y talleres”.

Especializada en escritura cinematográfica, Elsie Méndez dirige la Escuela de Escritores de la Sogem. Tomó el puesto en medio de la crisis entre González Suárez y Lorena Salazar. A seis meses de su llegada asegura que el conflicto está superado y resalta la fortaleza de la institución que dirige. A su juicio hay una gran diferencia entre lo que se puede aprender en un curso de letras y en otro de escritores: “En la carrera de Letras se enseña a leer, no a escribir”

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2 Responses to ¿Quieres ser escritor?

  1. mueremata says:

    Pues siempre hay una correspondencia entre lo que estudiamos y lo que somos. Aunque a veces no directa, sí oculta. La mayoría de los escritores tienen formación en humanismo… Ya sea historia, filosofía, literatura, psicología, etcétera.
    Hasta el que podríamos llamar el mayor poeta marginal del siglo XX, Charles Bukowski, tiene formación académica en periodismo. Y el periodismo, como después lo mostraría más claramente el periodismo gonzo, tiene un estatuto literario irreductible.

    Yo cuando surgen este tipo de conflictos pienso en los sonetos. ¿Quién tiene la estructura de cómo va un soneto ya tiene armas para escribir uno? ¿No es lo importante de un soneto lo que dice, más allá de la estructura? Es decir, en doce versos endecasílabos puedo escribir una receta de cocina, por ejemplo. O igual sucede con el jazz. ¿Si sé las estructuras del jazz ya tengo alma para tocar jazz? Lo cierto es que el escritor siempre tiene algo oculto, un as bajo la manga. Y es eso, precisamente, lo que lo hace escritor. Pero eso que está oculto (llámalo alma si quieres) a veces está oculto para el escritor mismo que lo posee.

    Estoy de acuerdo con el último comentario. Aprender a leer, no es aprender a escribir. Aunque sí creo que es un gran inicio. Casi todos los que dedicamos nuestra vida a escribir, empezamos por la admiración. Mi primer escritor de impacto cuando era niño fue Jalil Gibran, por ejemplo. Desde entonces se despertó algo en mí; un malestar, quizá, una enfermedad… Escribir se convirtió en un proceso fisiológico, tan necesario como cualquier otro. Un escritor escribe, básicamente, porque no puede hacer otra cosa. Yo quisiera ser contador o algo así, pero me traicionaría a mí mismo.

  2. Irad says:

    Hola, mueremata:

    Me gusta el ejemplo que pones del jazz: uno puede aprender las notas, los acordes y ciertos ritmos, pero eso no implica que tenga ese talento nato, espontáneo, para la improvisación musical, para proyectar la libertad y el respiro que parece producir el jazz. Es probable que en la universidad se aprenda historia y teoría literarias, pero difícilmente a escribir literatura. La lectura suele conducir a la escritura; y la escritura puede colocarte en la senda del escritor. Insisto en el post: hay mucho de oficio, pero también de misterio.

    Saludos!!

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