El “estallido vital” de Occupy Wall Street

Hace algunas semanas el filósofo Slavoj Zizek lamentaba la falta de un programa político y fines claros en las asambleas del movimiento masivo Occupy Wall Street, el cual puede estancarse en el carnaval y la fiesta. Por su parte, el pensador polaco Zygmunt Bauman declaró en entrevista que a las protestas de los indignados modernos les sobraba emoción pero les faltaba el pensamiento, “si la emoción es apta para destruir resulta especialmente inepta para construir nada”. Son afirmaciones que sorprenden, pues provienen de críticos radicales (que se pretenden radicales) de la sociedad.

Rossana Reguillo, antropóloga mexicana, discrepa abiertamente de esa postura. Aunque aparentemente no hay un plan programático en el sentido partidista del término, las causas de las protestas –y sus demandas de solución, es decir, lo que podría ser el programa—, tanto de los indignados de Europa como de Estados Unidos, son bastante claras: “una crisis financiera, una desigualdad económica mayúscula, una injusta y brutal distribución de la tasa fiscal, las inconcebibles deudas por créditos educativos que condenan a los estudiantes a una vida entera de pago por intereses”, etc. Contrario a lo que piensan Zizek y Bauman, los movimientos de insurrección y ocupación que vienen de la Primavera Árabe, que pasan por los indignados de España, Italia, Grecia o Israel, y desembocan en la gran acampada en Wall Street, comparten un ánimo festivo, libertario, de cuerpos que danzan, que están allí, ocupando (políticamente) la plaza. “Frente a la maravilla de descubrir a la otra, al otro, de compartir la indignación, la experiencia de ocupar la calle que para muchos es inédita […] hace que las críticas en torno a lo festivo, lo performativo, lo luminoso de este momento, suenen no sólo desproporcionadas, sino totalmente desencaminadas”.

En otro texto, pero en el mismo sentido que el de Reguillo, Rafael Lemus explora y desbarata con lucidez los señalamientos de que estamos ante un movimiento superficial, “un happening de hipsters” que no dice nada, que no tiene un discurso definido. ¿Cuál parece ser la exigencia? “…que el movimiento fije de una vez por todas un discurso y formule demandas claras y precisas. Dicho de otra manera: que deje de ser lo que es ahora, un estallido vital y desconcertante, una inesperada perturbación de la vida pública neoyorquina…”. Que se convierta, pues, especulemos, en un inofensivo, mudo y tradicional partido político.

Los miles que protestan, que festejan, en el Occupy Wall Street, pero también los miles de indignados de Europa, cuestionan con su comportamiento crítico el entramado cada vez más inútil de la representación política. Se presentan en la plaza, acampan, cantan, actúan, conversan, resisten “para abandonar el mundo de las representaciones […] y personificarse a sí mismos”, como bien lo escribe Rafael Lemus. Se trata de algo elemental, en principio: ocupar las calles para discutir, acaso pulverizar, eso que se nos ofrece como el reino de la libertad y la democracia, que, sin embargo, nos tiene sumidos en el desempleo, la crisis, el hambre, la precariedad y una obscena, de verdad obscena, concentración de la riqueza. Nuestras democracias no son sino rapaces oligarquías (lo sabía el gran Cornelius Castoriadis).

Les dejo un fragmento del texto de Rossana Reguillo y el enlace para que lean el interesante ensayo de Rafael Lemus:

Mic check (comprobar micrófono), grita el orador en turno, en un eco casi instantáneo la multitud congregada va contestando “mic check” en oleadas que alcanzan distancias considerables entre el epicentro del discurso y las últimas filas de los participantes en las asambleas de #Occupy Wall Street. Son los micrófonos humanos que se utilizan en las asambleas, marchas, teach in (conferencias públicas), dado que a los ocupacionistas les están vedados cualquier tipo de aparatos de reproducción tecnológica (además de lo que la policía llama “estructuras” entre las que se encuentran los paraguas). Hace un par de días un joven le pidió matrimonio a su novia Deb y le preguntó para gozo de los habitantes de Liberty Plaza (antes Zuccoty Park), después del correspondiente “mic check”, si quería “ocupar su vida” (Deb, would you occupy my life?). (disponible en http://youtu.be/3KzMT2u0nlE).

Este es el espíritu festivo e interactivo que caracteriza a los movimientos insurreccionales y ocupacionistas que, de la Primavera Arabe a Occupy Wall Street impregnan el ánimo colectivo y que parece preocupar mucho tanto al filósofo esloveno Slavoj Zizek como al sociólogo polaco Zygmunt Bauman. Para el primero, la ausencia de un plan programático y un fin establecido representan un problema y una debilidad; contradiciendo su filosofía radical, Zizek parece exigirles a estos movimientos un comportamiento moderno y teleológico. Además, en su intervención en Liberty Plaza, advirtió el riesgo del carnaval y de la fiesta, a la que considera una especie de narcisismo intolerable. Por su parte, Bauman, entrevistado hace pocos días (el 17 de octubre) con motivo de la aparición de otro de sus libros, declaró que “el 15 M es emocional, le falta pensamiento”, para añadir de manera un poco sorpresiva, si se revisa su trabajo intelectual que “si la emoción es apta para destruir resulta especialmente inepta para construir nada”.

En esta ocasión discrepo totalmente con estos grandes pensadores y quisiera dar algunas pistas y claves para aproximarnos al espíritu de #OWS (Occupy Wall Street), como reza el hashtag de Twitter, que he seguido desde su gestación en Internet y desde el primer día, el pasado 17 de septiembre de 2011 en Nueva York, cuando cientos de jóvenes acudieron puntualmente a la cita en el símbolo del capitalismo global y epicentro de la crisis financiera por la que atraviesan los Estados Unidos.

Ese día, después de muchos rodeos y un trayecto laberíntico, pude arribar al parque y darme cuenta de que parecían ser más los policías que los manifestantes. Eran las 7.30 de la noche y la determinación de quedarse a ocupar la plaza parecía inquebrantable y así fue. Con el paso de los días fueron llegando más y más personas, la mayoría jóvenes, es cierto, pero también amas de casa, abuelas, desempleados, los homeless encontraron rápidamente un espacio de cobijo generoso, en el que no han faltado mantas, comida y una colaboración constante. El cambio de escala vino con la llegada de algunos sindicatos y con la marcha impresionante de 700 pilotos de aerolíneas que en sus impecables uniformes fueron a brindar su apoyo a los ocupacionistas y a reconocerse en su protesta: una crisis financiera, una desigualdad económica mayúscula, una injusta y brutal distribución de la tasa fiscal, las inconcebibles deudas por créditos educativos que condenan a los estudiantes a una vida entera de pago por intereses. Para mediados de la primera semana, ya eran miles y miles y miles los que entraban y salían de la recientemente bautizada “Liberty Plaza”

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2 Responses to El “estallido vital” de Occupy Wall Street

  1. Ginebra says:

    Mi opinión sobre los Indignados (con mayúscula) se acerca a la de la antropóloga Rossana Reguillo, creo que es un movimiento fundamental para cambiar algunas cosas o muchas (eso sería lo ideal). Los políticos, banqueros y dirigentes internacionales no pueden hacer oídos sordos porque el clamor es internacional, pacífico (no lo olviden), racional y por qué no, también festivo. ¿acaso está prohibido manifestarse en las democracias al son de la música???? Eso es mejor que la violencia… Las ideas están claras y el programa es muy simple, lo que pasa es que no quieren oírlo, tal vez no les interese a algunos, aunque sean críticos radicales…
    Lo que hay es mejor que lo que no existe y hay que aprovecharlo porque el sistema es anacrónico e injusto.
    Esa es mi humilde opinión, la de una Indignada que ahora tiene el derecho y el deber de votar en las elecciones generales de mi país y que lo hará, comos siempre, de forma meditada y movida solamente por mi conciencia personal.
    Buen post éste!
    Besos

  2. Irad says:

    Mi querida Ginebra:
    (otra vez disculpa la omisión de algunos acentos)

    Suscribo completamente tu comentario. Tampoco yo entiendo por que es malo que un movimiento de oposición tenga animo festivo. También comparto, plenamente, tu idea de que es mejor lo que hay de momento: indignación, inconformidad, protesta y música, teatro, danza, en fin, fiesta.

    Eso si, se requiere un cambio profundo del sistema politico y económico, pues los votos y las elecciones de hoy día parecen mecanismos insuficientes para resolver los problemas que nos aquejan.

    Gracias por tu comentario.

    Besos!

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