Contra los íconos del gran capital

Desde hace varias semanas Wall Street es el sitio, el escenario de una crisis política y simbólica. Ilán Semo observa que en la mira del movimiento Occupy Wall Street –que el pasado 15 de octubre se extendió a cientos de ciudades del mundo— ya no están, o no solamente, los símbolos de un orden político, sino que el objetivo son los íconos (y los personajes) de un capitalismo irresponsable y predatorio, cuyos beneficiados capitalizan una economía sustentada en algo cercano a un “mercado del saqueo”, antes que en el resultado de los méritos propios.

En La toma de Wall Street reflexiona Semo:

La inversión de las signaturas.- Wall Street ha vuelto al cronoscopio de la escena mundial. Primero fue en 2008 como el epicentro de una crisis financiera que, desde hace un año, ha empezado a cobrar facturas en los más diversos ámbitos de la economía. Todo comenzó con el colapso de las hipotecas. Siguieron las aseguradoras y los bancos. Los estados centrales reaccionaron cortando el gasto público para salvar lo insalvable: empresas congestionadas por la reducción de mercado. Y finalmente, a partir de 2010, la crisis ha empezado a paralizar la producción y el consumo general. Si alguien creía que el término “sistema” pertenecía a los anacronismos del siglo XX, una franja considerable de los jóvenes de Estados Unidos y Europa, objetos/sujetos c del no-empleo, lo han redescubierto como una pesadilla. Si hasta 2008 la vida transcurría bajo la esperanza o la administrable angustia de cómo optimizar el “sistema” en favor de los sueños individuales, cómo encontrar la mejor puerta para ingresar a él, en 2011 esa franja se despierta con la noticia de que el “sistema” está evaporándose, casi desmantelándose a sí mismo. No sólo no hay cómo entrar, sino que ya no hay puertas a secas.

Desde septiembre de 2011, Wall Street ha devenido el sitio de otro epicentro: el centro de una crisis ahora político-simbólica. Cierto, el método de la multitud ocupante data de la plaza Tahir en El Cairo y de los indignados de la Puerta del Sol de Madrid, pero la revuelta estadunidense es distinta: en la mira de Ocupa Wall Street se encuentran no las signaturas del orden político, sino los iconos arquetípicos del gran santuario del capital.

Hay algo que nadie previó en el hipercapitalismo: el mercado hizo tanto por desmantelar la centralidad de lo político que finalmente acabó por situar a sus símbolos, ya sin mediación alguna, en el focus del encono. Ni en los mejores sueños utópicos del socialismo del siglo XX, el capitalismo tendría que enfrentar un reto de in-representación de esta naturaleza.

La nueva ira.- En Algo anda mal Tony Judt describió meticulosamente los grados de pauperización por los que ha atravesado en la pasada década 40 por ciento de la población estadunidense. Primero una pauperización absoluta. 1) Los que se encuentran en la escala inferior de los ingresos son los que más padecen de sobrepeso (y de las afecciones que acarrea). Comer sano en Estados Unidos cuesta hoy bastante caro. Esa mayoría descarrilada se alimenta de carbohidratos. 2) Los más pobres mueren antes, mucho antes. El dilema no es sólo el acceso restringido a la seguridad social, sino que los nuevos tratamientos y medicamentos sólo están disponibles para quienes cuentan con seguros de alto costo. 3) Vista desde la perspectiva de la movilidad social, la educación se ha vuelto un vía crucis: una carrera en un college público es una vía casi segura al desempleo

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