Michiko Kakutani sobre “Libertad”, de Jonathan Franzen

Revista Ñ publica la traducción de una reseña escrita por Michiko Kakutani en la que aborda la nueva novela (“su novela más profunda”) de Jonathan Franzen: Libertad. La conocida crítica literaria del New York Times escribe:

La atrapante nueva novela de Jonathan Franzen, Freedom (Libertad), es una muestra de la impresionante caja de herramientas literarias del autor –la habilidad de todo narrador más una larga serie de ornamentos– y de su capacidad de abrir una gran ventana panorámica updikeana sobre la vida de la clase media estadounidense. Con este libro, no sólo creó una familia inolvidable, sino que completó su propia transformación de satirista apocalíptico concentrado en transmitir la situación política, social y económica de su país en una suerte de realista del siglo XIX ocupado en las vidas privadas y públicas de sus personajes.

Si bien la primera novela de Franzen, Ciudad veintisiete, estaba en deuda con Thomas Pynchon y Don DeLillo en lo relativo a la creación de un panorama oscuro de un St. Louis futurista, su best-séller de 2001, Las correcciones, marcó su decisión de escribir una especie de Los Buddenbrook [de Thomas Mann] estadounidense para conjurar los Estados Unidos contemporáneos, no mediante la creación de una epopeya caricaturesca sino a través de la deconstrucción de la historia de una familia a los efectos de brindarnos un amplio retrato del país en los materialistas años 90.

Las correcciones [Seix Barral] dio testimonio del descubrimiento de Franzen de su propia voz y moderó su inclinación por la pontificación sociológica, pero la novela tenía algo de híbrido en el que los instintos satíricos del autor y su visión misantrópica del mundo parecían enfrentados con su nuevo impulso de crear personajes tridimensionales. Por momentos daba la impresión de que exageraba el significado simbólico de las experiencias de sus personajes, incluso cuando, con condescendencia, les atribuía toda característica venal posible, desde la hipocresía y la vanidad hasta la paranoia y la connivencia maquiavélica.

¿Buenos vecinos?

En las primeras páginas de Libertad, esa dinámica parece aun más exacerbada cuando se nos presenta a los miembros de la familia Berglund como un conjunto de caricaturas desagradables que desconciertan y molestan a sus vecinos en St. Paul. Conocido por su “amabilidad”, Walter Berglund es un marido y padre débil y pasivo-agresivo que traiciona sus ideales de amor a la naturaleza para trabajar en una compañía de carbón. Su esposa, Patty, también parece muy amable a primera vista, pero resulta ser una verdadera fiera que ataca a Walter y, sin que medie explicación, le pincha las gomas de nieve nuevas a un vecino. Su hijo adolescente, Joey, se siente tan infeliz en su casa que se muda con la familia de su novia a la casa de al lado.

Esos esbozos, sin embargo, resultan tener por único objetivo mostrar cómo pueden ser los Berglund a los ojos de los extraños, así como el relato de Patty de ese período de su vida, que sigue de inmediato en el libro, refleja su propia necesidad de filtrar todo a través del prisma de su rabia y su depresión. Como demostró Las correcciones, Franzen es en extremo adicto a representar esas dos emociones, que no son patrimonio de Patty sino de casi todos los personajes de la novela y que todos ellos remontan a las injusticias o desaires sufridos a manos de sus padres

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