Sobre la oligarquía

Si aún no lo han hecho, los invito a leer el brillante artículo que publica hoy Jesús Silva-Herzog Márquez sobre un tema, una palabra, un concepto, una realidad que se ha instaurado entre nosotros y que muy pocos llaman por su nombre: la oligarquía.

Mucho se ha escrito de Andrés Manuel López Obrador a lo largo de más de una década. No hay figura pública que active mayor respuesta emocional en el país. Para muchos es el emblema de una resistencia moral, para otros, una amenaza que no termina de extinguirse. No es difícil comprender por qué sigue siendo una figura polarizante: entre los políticos de aparador, entre los burócratas que gobiernan y legislan, el tabasqueño destaca por ser un dirigente auténtico equipado con pocas ideas pero con una convicción tan tenaz como hermética. El tiempo puede transcurrir, las circunstancias pueden cambiar pero él sigue con la misma idea fija, presente en cada uno de sus discursos, en cada una de sus apariciones. En medio de su simpleza histórica, a la mitad de los lugares comunes del más arcaico nacionalismo, entre su soflama conspiratoria, aparece una verdad del tamaño de un elefante que nadie más que él nombra. Estamos atrapados en un régimen oligárquico. Lo dice Andrés Manuel López Obrador todos los días y tiene razón.

Oligarquía. El clásico lo definía con claridad: gobiernan pocos, pero no los que son mejores, sino los que tienen más dinero. Los asesores de imagen no aconsejarían el uso de la palabra en una entrevista radiofónica. Hablar de la oligarquía podría denotar resentimiento, pesimismo, rencor. No es moderno hablar de esas cosas. Nombrar el gobierno de los ricos es regresar al viejo vocabulario de clase. Mejor trasmitir un video que trasmita confianza en las nuevas generaciones. Mejor difundir un mensaje alentador que anuncie un futuro fragante y colorido. La palabra oligarquía ahuyenta a los moderados, espanta a los centristas; da miedo. ¿Se irá a comer a los ricos el que denuncia su imperio? Mejor darle la vuelta al término y nombrar algunas deficiencias del diseño institucional, criticar a tal o cual partido, cuestionar al gobierno actual o responsabilizar a las oposiciones del atolladero. Vivimos en una democracia, dicen, y por lo tanto debemos rendirle tributo a la ficción de la igualdad política

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