Escritores delincuentes

El Cultural entrevista al escritor español José Ovejero para hablar de su libro de ensayos Escritores delincuentes (Alfaguara, 2011). ¿Por qué explorar la relación entre el crimen y la literatura? Porque el mal es más interesante, acepta, contundente, Ovejero.

Pregunta.- En el libro adopta una postura moral distante. Repite constantemente: “No seré yo quien lo juzgue”. ¿Es un rasgo que le caracteriza también fuera de estas páginas?

Respuesta.- Creo que es una continuación de lo que hago en la ficción. Si juzgas a los personajes los limitas con tus prejuicios, tu moralidad, tus simpatías y antipatías. Los personajes que serían los malos en una película de Hollywood siempre tienen en mis novelas sus sombras y sus luces. No me interesan los malos, me interesa ver al personaje, entenderlo y saber cómo funciona. No tenía ningún sentido que yo hiciera un juicio moral de los autores incluidos en el libro, sino entenderlos; por ejemplo, entender a Jean Genet, que me costó mucho, ya que es una persona muy lejana a mí en su manera de comportarse, de pensar y de escribir. Para mantener esa distancia con los personajes, después de conocer personalmente a Abdel Hafed Benotman decidí que no conocería a nadie más, porque entonces entra en juego la simpatía. Es una persona que me cae de maravilla, pero eso me quita objetividad. Llegó un momento en el que me preguntaba: “¿Le gustará a Benotman lo que estoy escribiendo de él?”, y no puedes hacer eso. Tienes que mantener la distancia, aunque estoy encantado de haberlo conocido; de hecho, va a presentar conmigo el libro en el Instituto Cervantes de Bruselas.

P.- Dice usted que los escritores se acercan a los delincuentes porque no han vivido experiencias extraordinarias en su propia piel. ¿Es su caso?

R.- Cualquier vida da para bastantes libros, incluso la más rutinaria y anodina. Sin embargo, los escritores delincuentes tienen una experiencia de la vida muy lejana a la de la mayoría de nosotros. Por eso, acercarse a este tipo de experiencias es muy interesante para un escritor.

P.- Al referirse a William Burroughs, dice: “Es fascinante alguien que nunca se siente obligado a justificarse”. ¿Es la moral una carga inevitable, una molestia necesaria para convivir?

R.- La moral es como la ley: útil, pero no objetiva. Son acuerdos que, efectivamente, ayudan a convivir. Por eso es muy interesante leer a aquellos que se saltan ese acuerdo, algunos de una manera muy consciente, como el caso de Burroughs, Benotman o Bunker, que sencillamente no aceptan esa moral ni la justicia de la ley vigente. De hecho, algunos consideran que la sociedad es mucho más delictiva que el pequeño delincuente. Son gente que tiene otro tipo de percepción, pero que encaja curiosamente con la nuestra: nosotros sabemos que la sociedad es injusta, que la ley protege más a unos determinados sectores que a otros, que hay delitos que se castigan de una manera desproporcionada dependiendo de quién los cometa y a quién afecte. Entonces de alguna manera empiezas a ver la sociedad desde el otro lado, desde aquél que no está de acuerdo con ella. Eso comunica con el rebelde que todos llevamos dentro y esa identificación deviene en fascinación

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