Claudio Magris sobre Javier Marías

La revista nexos publicó un elogioso ensayo crítico de Claudio Magris sobre la narrativa de Javier Marías. Les dejo un fragmento de este buen texto:

Marías es un gran narrador de la verdad y del secreto, de la imposibilidad y, a veces, de la necesidad de ignorar. Su gran compatriota barroco, Gracián, debe haberle enseñado que la verdad es una sangría en el corazón. Narrar deforma y altera los hechos, los crea y a la vez los niega. El escritor y el lector también son espías; inventar la vida, como lo hacen los escritores —dice Marías— significa encontrar, descubrir la vida misma, como lo quiere el verbo latino invenire. La escritura hace algo más: también descubre la ausencia, lo que se ha perdido, las omisiones y los deseos todavía no extinguidos de una existencia, los proyectos frustrados; descubre lo que uno ha sido y lo que no. Sólo la narración puede representar este lado cóncavo de la vida, estas alternativas a la realidad en el indicativo; o bien, en la totalidad de la existencia, porque nosotros somos lo que hemos hecho pero también lo que hubiéramos querido hacer; lo que acaso, por una mera casualidad, no hemos hecho pero estábamos listos para hacer, lo que hemos pensado y deseado acaso sin confesárnoslo, lo que hemos olvidado o fingimos haber olvidado. En eso consiste la verdad de la escritura pero también su potencial devastador, porque obliga a ajustar cuentas con la totalidad de lo que somos, cuyo peso a veces es insostenible.

Marías no está casado pero es un gran poeta del matrimonio, la relación existencial por excelencia entre las personas y, precisamente por esto, también peligrosa; vida compartida que es un confesionario y a la vez una evasión, un decirse todo, una dificultad o imposibilidad de decirlo y un intento por no decirlo igualmente apasionados, peligrosos y culpables; una complicidad y una rivalidad que giran en torno al decir y no decir. La vida, para Marías, es fidelidad y traición a la vez; no la insípida traición erótica o sentimental, sino la continua traición de nuestros amigos, amantes, padres, hermanos, amores, fe, de nuestra infancia y de nuestro pasado.

La literatura, indagando y, a veces, revelando el secreto, desarrolla una función acaso potencialmente profanadora; ella narra el secreto, pero lo narra más tarde, en un momento que quizá no es el adecuado, poniendo en movimiento mecanismos incluso destructivos. Toda narración puede desencadenar consecuencias incalculables; en el último volumen de la trilogía, Valerie muere porque descubre lo que su acción de mucho tiempo atrás había provocado. La literatura es, por lo tanto, lucha contra el olvido y por el olvido, tanto en el plano individual como en el histórico y político —por ejemplo, en lo que respecta a la España posfranquista, a la culpa y la necesidad del olvido de los delitos de la guerra civil. La escritura todavía hace más ambivalente el Yo: el que escribe, el que lee, el Yo de los diversos personajes, cada Yo. En el breve ensayo “Quien escribe”, el autor dice que, cuando le presta algunas de sus experiencias a un personaje, ya no se trata de él mismo, sino de otro, aunque semejante a él, aquel que hubiera podido ser pero que no he sido

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