El mundo después del 11-S

(Imagen del estudio de Elena del Rivera tras el 11-S)

El Cultural preguntó a diversos intelectuales como Arcadi Espada, Ignacio Sotelo, Félix de Azúa, Juan Avilés y Charles Powell de qué manera cambió el mundo en la década que siguió al 11 de septiembre de 2001. Van algunas preguntas y respuestas:

– El 11-S el mundo cambió política y economicamente, pero, ¿de manera irreversible?

Juan Avilés: El 11-S cambió el mundo porque reveló la inmensa letalidad potencial del terrorismo. Antes se decía que los terroristas mataban a pocas personas para aterrorizar a muchas, pero Al Qaeda demostró que para lograr el máximo efecto lo mejor es causar muchas víctimas. Desde entonces el terrorismo masivo es una amenaza para la que debemos estar preparados. En ese sentido específico el cambio es irreversible, pero en el plano más general de la política, la sociedad o la cultura, creo que se tiende a sobrevalorar el impacto del 11-S.

Charles Powell: Creo que a menudo se exagera la importancia histórica del 11-S. Ciertamente, los ataques a las torres gemelas se cobraron 2.977 víctimas -más que en Pearl Harbor- pertenecientes a 89 países, hecho sin parangón en la historia del terrorismo. Pero su impacto económico, por ejemplo, fue escaso. Con la perspectiva que nos ofrece el paso del tiempo, cabe pensar que el 11-S ocultó otros fenómenos más importantes, que sí pueden considerarse irreversibles. Pienso sobre todo en el auge de los BRIC (término que se acuñó ese mismo año), el declive relativo de EEUU, y la aceleración del proceso de globalización. En cierto sentido, la aparición de Al Qaeda fue un síntoma más de esto último, y de la creciente importancia de los actores no estatales en las relaciones internacionales.

Arcadi Espada: No, yo no creo en esa magnitud de cambios. Para poner un ejemplo: creo que la televisión, internet o la secuencia del Adn, sí los han propiciado. Pero desconfío de la capacidad de cambiar el mundo de este tipo de sucesos. Lo probable es que estos sucesos simbolicen los cambios. Más allá de lo que las matanzas terroristas suponen para los que pierden su vida, estos sucesos sólo son imágenes, síntesis.

-¿La crisis de la democracia y de la identidad nacional es una consecuencia inesperada del terrorismo islámico?

Ignacio Sotelo: De ningún modo, yo diría incluso que nada tienen que ver con el terrorismo. La crisis de la democracia representativa, con el papel preponderante de los partidos políticos, viene de antiguo, aunque hayamos sido conscientes de ello en los últimos lustros. En rigor, a la esencia de la democracia pertenece el encontrarse permanentemente en crisis. Una democracia viva exige cada vez más democracia y sobre todo otro tipo de democracia. Congelar la democracia en el modelo establecido es condenar de antemano su mejor calidad, la de ser perfectible. En cuanto la crisis de la identidad nacional no es un fenómeno que se constate por doquier, al contrario, parece que la identificación nacional de estadounidenses, ingleses y franceses, por dar unos pocos ejemplos que podrían extenderse a voluntad, sigue siendo fuerte. Incluso en España donde excepcionalmente se habla, y mucho, de crisis de la identidad nacional, proliferan los nacionalismos periféricos. Más que de carencia desazonante habría que hablar de metástasis cancerígena.

Powell: La pregunta me plantea varios problemas: no creo que exista realmente una crisis (global) de la democracia ni de la identidad nacional, ni me parece correcta la expresión terrorismo islámico, que da por buena la vana ilusión de Bin Laden y sus secuaces de representar a todos los musulmanes, motivo por el que es preferible hablar de terrorismo yihadista. En todo caso, es importante subrayar que este fenómeno no ha logrado destruir los sistemas democráticos contra los que ha atentado, y que, a pesar de algunos de los excesos cometidos en la (muy mal llamada) “guerra global contra el terror”, las democracias han salido fortalecidas de su choque con el yihadismo.

Félix de Azúa: No lo creo. Quizás lo contrario sea más cierto: es nuestra inseguridad sobre la democracia y la identidad nacional lo que da fuerza a los islamistas y a los nacionalistas.

Espada: No. Tampoco creo que la democracia esté en crisis. De Pekín a Trípoli sólo se oyen gritos en favor de la democracia. Por desgracia tampoco estoy seguro de que la identidad nacional esté en crisis. Pero si lo estuviera sería a consecuencia de la extensión de la democracia.

Avilés: No creo que la democracia esté en crisis, ni que las medidas antiterroristas adoptadas hayan afectado de manera relevante a su calidad. Respecto a los problemas de identidad nacional relacionados con el tema, es decir la exacerbación del miedo al otro, cabe admitir que el terrorismo islamista ha contribuido a alimentar la xenofobia de algunos sectores de la sociedad europea. Pero no creo que el señor Anglada y sus pares sean xenófobos debido al terrorismo. Su actitud responde más bien al rechazo a convivir con gentes de diferente cultura y es por tanto una respuesta a los fenómenos de la globalización y la inmigración

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