Tragasapos y tiranos

De la página web de Taller Ditoria me traigo un breve texto de Antonio Saborit, publicado el 21 de agosto en Reforma, a propósito del ensayo De la relación entre los tragasapos y los tiranos (Ditoria, 2011), del gran William Hazlitt (todavía no lo encuentro en librerías). Escribe Saborit:

De la relación entre los tragasapos y los tiranos me remitió, con la total arbitrariedad de los mandatos de la memoria, como ya se verá, a la carta que en octubre de 1995 le envió Emilio Chuayffet a Manuel Camacho Solís.

No recordaba haber leído este luminoso ensayo de William Hazlitt, traducido por Jesús Silva-Herzog Márquez y publicado hace unas semanas por Ditoria en su colección del Semáforo, pero sí que en la carta del entonces secretario de Gobernación había una alusión a los sapos, y con estas dos piezas imaginé que podía componer este texto. Sólo espero no haberme equivocado en todo. Que el hombre es un animal tragasapos, como apunta Hazlitt en este ensayo, es una verdad tan universalmente sabida como aquella otra con la que Jane Austen abre su novela Orgullo y prejuicio. Pero también lo es que los sapos y, en particular, una dieta rica en sapos, son parte inseparable de la cultura política. Y, sin embargo, Chuayffet nunca se refirió a estos viscosos bocadillos en su carta a Camacho Solís (como lo pude constatar al navegar en el archivo de REFORMA) sino a una frase de un político letrado, Jesús Reyes Heroles: “En política hay que aprender a salir limpio de los asuntos sucios, y es preciso lavarse con agua sucia”. Mi memoria, lejos de almacenar lo que pudo o le vino en gana, me dijo lo que quiso.

De la relación entre los tragasapos y los tiranos gira en torno a la naturaleza del poder, la sujeción y la obediencia. Su impulso o fuerza original están en la memoria, esto es, en la memoria del propio Hazlitt, quien comienza diciéndonos que alguna vez le prometió al ocurrente y emprendedor Robert Owen que escribiría a propósito de causas que frenan el progreso natural de la libertad y la felicidad del hombre. Y sin temor a cargar este párrafo también me parece que Hazlitt en este ensayo se interesó en exhibir las que para él son las cuatro debilidades del intelecto: “La seducción de las apariencias; la golosina de los sofismas; el soborno del egoísmo y, finalmente, los pleitos y envidias de los hombres de letras”.

La naturaleza humana y sus miserias siempre ocuparon a Hazlitt, como ensayista y como lector e imitador de François de la Rochefoucauld. Su perspectiva era otra que la de Owen, pues de otra manera no había escrito en este ensayo lo siguiente:

“El hombre es un animal que traga sapos. La admiración del poder ajeno es tan común en el hombre como el amor al poder propio. Uno lo convierte en esclavo, el otro en tirano. Quien porta la corona de oro no está solo en sus alardes: el miserable encadenado que sufre en un calabozo se deslumbra con ella. Si pudiera arrancarse los grilletes, se olvidaría de inmediato de los prisioneros que deja atrás, por tener tan sólo la oportunidad de contemplar a lo lejos, en un desfile, ese trasto brillante […] Simetría perfecta: a una tiranía que despoja todo sentido de libertad a los hombres y barre cualquier impulso de resistencia, se corresponde con lealtad. Al más terrible despotismo corresponde la sumisión más abyecta. Los esclavos más miserables terminan siendo los más fieles. El lacayo que se acomoda detrás del sillón del amo mira con desprecio a la gente […] La prensa asalariada (un esclavo aún más perverso) ostenta su sentimiento y aún parece orgullosa de él. Enaltece la divinidad del poder para cubrir su indignidad. Sacrifica su humanidad al lustre de una corona. Los sonsonetes del poder tapan para siempre su oído a la voz de la libertad, el tacto aterciopelado petrifica su corazón ante el sufrimiento del pueblo. Es el padrote intelectual del poder. Otros lo son también, pero en un sentido más ordinario. Por cada tirano hay mil esclavos dispuestos. El hombre es, naturalmente, un adorador de ídolos y un amante de reyes. Son los excesos del poder lo que hechiza su imaginación”

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