Tres poemas

Amicum-Philosophum de Melancholia, Mania et Plica Polonica
Joseph Brodsky

Insomnio. Un trozo de mujer. Un vidrio
repleto de reptiles que se abalanzan hacia afuera.
La locura del día se desliza del cerebelo
al cogote donde ha formado un charco.
En cuanto te meneas, el interior percibe
cómo en este lodo helado alguien
sumerge una pluma fina
y lentamente traza “maldición”.

Gaviotas en Barberini
José María Algaba

Aún no sé si me oyen o en su graznar continuo
me cubren con su lengua de arrecifes.
No hay casa sin abismos,
no aquí donde los cuartos se avecinan.
Todo queda reunido, despoblado, imposible
de acomodar o de otorgarle un sitio.
No lo hay, no hay lugar, ningún lugar
es el lugar que recordamos
con la constancia de los hijos.
Quiénes,
qué parte sobrevive, o qué se impone, tensa,
se adiestra como flecha.
Qué hemos visto,
qué verán las gaviotas, cansadas de su estepa,
o de los dientes que al volar les brotan.

Es difícil dar forma,
encontrarnos en dos o en tantos tiempos,
tantas palabras a la vez,
no estar agradecido
de una casa sin ecos.

(Publicado en Letras Libres, en su edición de septiembre de 2011)

Perplejidad

Eduardo Mitre

Qué cosa extraña, Lejana:
nunca te recuerdo desnuda,
siempre llevas algo puesto:
un abrigo rojo,
una falda larga
y, en pleno verano,
una blusa cerrada.

No, nunca amanecen en mi memoria
tus senos descubiertos,
ni tus muslos,
ni el fino triángulo
que cubría tu sexo.

Tu desnudez permanece
como una flor en la sombra,
como si alguien me castigara
devolviéndote
no solo a tu misterio
sino también a tu virginidad.

Y pensar que, entonces,
ardíamos juntos
como un par de leños.

Qué riguroso, Lejana, el modo
en que volvieron a vestirte
las manos del tiempo.

(Publicado en Letras Libres, en su edición de septiembre de 2011)

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2 Responses to Tres poemas

  1. Ginebra says:

    El último poema es precioso, Perplejidad… es lo que debe sentirse o se siente cuando el amor y del deseo se desdibujan y lo que fue deja de ser…
    Saludos

  2. Irad says:

    De acuerdo, Ginebra. Me gustó tanto el poema de Mitre que lo he releído varias veces. Me agrada la contundencia, acaso la tristeza, de los últimos versos: “Qué riguroso, Lejana, el modo/ en que volvieron a vestirte/ las manos del tiempo”. Ahhhhggg.

    Saludos y besos!!

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