Incapacidad para la autocrítica

Luego del terrible crimen en Monterrey el presidente Felipe Calderón reiteró, tristemente, con palabras y actos, su obcecación, su certeza de que la estrategia que implementó para combatir a la delincuencia organizada es la correcta, a pesar de que cada día la realidad nos muestra, de manera brutal, lo contrario. En El impensable fracaso Jesús Silva-Herzog Márquez apunta algo que muchos pensamos sobre el presidente: ante hechos como los ocurridos en Monterrey, “lo que no aparece por ningún lado es la reflexión honesta sobre el rumbo de su estrategia y el asomo de una perspectiva autocrítica”. Es un hombre que “no tiene elementos [ni políticos ni intelectuales] para reconocer su fracaso”. Escribe Jesús:

La imaginación gubernamental se ejercita en calificativos. Las sorpresas de la barbarie son recibidas con creatividad para el adjetivo. Poco más. El presidente reacciona públicamente a la nueva atrocidad tras consultar el diccionario de sinónimos. Su trabajo no es otro que repetir un discurso que ha pronunciado mil veces, agregando un par de palabras de indignación. Ataques bárbaros, inhumanos, indecibles, sin corazón, incalificables, mezquinos, crueles, atroces, despiadados, bestiales, estúpidos, irracionales, terroristas. Se ha vuelto rutina ver al presidente mexicano vestido de luto. Traje negro, corbata negra y párpados de duelo. Lo volví a ver hace unos días tras el crimen de Monterrey. Lo escuché oprimir de nuevo el botón de su discurso acostumbrado. No me parecieron ahora, como no me han parecido nunca, palabras de un hombre insensible. Todo lo contario, al escucharlo y, sobre todo, al verlo, se percibe su aflicción profunda, auténtica. Pero ahora, tras el crimen perpetrado con frialdad contra inocentes, la reiteración de su pésame se escucha como un golpe adicional. ¿Es eso todo lo que tiene que decirnos el presidente? ¿Esa es su posición frente al nuevo latigazo de la violencia?

El presidente siguió el mismo libreto que ha usado tantas veces en ocasiones terribles: 1. Condena del crimen. 2. Calificación de la salvajada. 3. Rechazo a la impunidad. 4. Reiteración de que no habrá impunidad. 5. Llamado al compromiso de todas las fuerzas políticas. 6. Convocatoria a la unidad nacional. No niego sentido a estos seis puntos. Me parecen elementos necesarios en el discurso de un Jefe de Estado ante circunstancias espantosas. Incluyen un recordatorio de las vidas segadas por la violencia, un compromiso de justicia y un llamado a la unión. Lo que no aparece aquí, lo que no aparece por ningún lado es la reflexión honesta sobre el rumbo de su estrategia y el asomo de una perspectiva autocrítica. Tal vez la conmoción se ha vuelto a tal punto rutinaria que no es capaz ya de sacudir nuestras certezas. Podría pensarse que el duelo no es el momento para hacer público un examen de conciencia. Pero hay algo que la urgencia revela: si el hombre es capaz de conmoverse, el político no se altera. La obcecación es inconmovible. Cualquier evento es una razón para perseverar. Pase lo que pase, debemos mantener el paso. Ese es el mensaje presidencial hoy, como ha sido el mensaje desde que definió apresuradamente su estrategia contra el crimen organizado. Insistir, perseverar, no flaquear

No se pierdan la lectura de Autoridades delincuentes, de Gabriel Zaid, y Terrorismo y terror, de Héctor Aguilar Camín.

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