De indignados y sujetos impolíticos

En una nueva colaboración para La Jornada Ilán Semo se pregunta que tienen en común revueltas como las protagonizadas recientemente por jóvenes ingleses y españoles (destrozos y saqueos populares que constituyen una especie de correlato de otro saqueo: el económico). En una de sus respuestas, Semo sigue con la argumentación desplegada con mucha claridad por Tony Judt en su libro Algo va mal: las revueltas juveniles tienen como alimento a una sociedad, a una clase política que desmanteló, irresponsablemente, instituciones que tutelaban todo un sistema de derechos sociales y expectativas de igualdad material. Les dejo un fragmento del artículo El sujeto impolítico:

Con sus contemporáneos españoles (los “indignados”), la revuelta inglesa tiene en común una sociedad que ha abandonado las redes sociales que permitían mantener en vilo algún tipo de horizonte de expectativas. Las tribus sociales de Londres son, a su manera, el corolario natural de la utopía del individuo absoluto. Un mundo entero que fue desprovisto (desde los años de Margaret Thatcher) de sus herramientas sociales (educación, salud, protección al empleo, etcétera) para impedir el vaciamiento social.

En rigor, lo que produjo la implosión del estado social no fue el advenimiento del individuo, sino la multiplicación de la condición del zombie: disecados vivientes. En Londres o en Madrid o en París basta ser excluido durante unos cuantos años del circuito del empleo para vivir ya bajo la garantía del inempleable.

Sin duda, el saqueo de Londres es el correlato activo del otro saqueo, el que permite la proliferación de supermilloniarios en una era de empresas quebradas y ramas enteras de la industria que emigran a los países periféricos. El sentimiento de injusticia es predecible cuando una sociedad deja de observar a ciertas formas de enriquecimiento como cortos circuitos de su legitimidad. Y son los mismos espectros de esa ilegitimidad los que convalidan el saqueo como forma del desarme social.

Hay acaso un nuevo sujeto en la política contemporánea: el que creía tener voz y nadie lo escucha; el que apostaba a ser parte de un sistema, y el sistema ni siquiera cuenta con códigos para registrarlo; y el que sólo puede ver (en las pantallas grandes y chicas) y nunca ser visto. El sujeto impolítico. Su cartografía está por descifrarse.

En el Blog de nexos Ernesto Priego advierte de cómo se fragua en Inglaterra (lo desean algunos gobernantes) la restricción de la libertad de expresión en las redes sociales.

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